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Elecciones 2022: “Trataron de pescar en río revuelto”, dice Mauricio Cárdenas

Habla como analista político y no como experto economista, el exministro de Hacienda y exprecandidato. Examina el escenario electoral por la Presidencia, entre la izquierda y la derecha. Dice que ganará el que muestre mayor moderación. Afirma que el registrador Vega fue lento para explicar las fallas del 13 de marzo. Y lanza fuertes dardos a su partido, el Conservador.

26 de marzo de 2022 - 09:00 p. m.
Mauricio Cárdenas advierte: «El Gobierno de izquierda, si llega a ganar, obtendría unas mayorías en el Congreso, así sean muy frágiles».
Foto: Mauricio Alvarado / El… - Mauricio Alvarado
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La jornada electoral del 13 de marzo dio como gran ganadora a la izquierda y a su coalición Pacto Histórico, tanto respecto a su bancada como a su candidato. Para usted, ¿ese resultado significa un giro político de fondo en Colombia o solo es coyuntural?

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No estoy de acuerdo, del todo, con su afirmación. Es cierto que el Pacto Histórico obtuvo más votos en la consulta y en las elecciones al Congreso que cualquier otro partido. Sin embargo, los resultados no fueron contundentes. Si Gustavo Petro resultare elegido presidente, tendría dificultades para asegurar una coalición mayoritaria en el Congreso. Necesitaría al Partido Verde, la coalición Centro Esperanza y al Partido Liberal, lo cual no será fácil. Y aun así, conformaría una mayoría precaria. Por el contrario, la centro-derecha cuenta con una mayoría sólida en el Senado. Los partidos que hacen parte de la coalición Equipo por Colombia obtuvieron 7,8 millones de votos en esa corporación. De otro lado, si se suman los votos de Pacto Histórico, Comunes y los movimientos indígenas, la cifra es menos de la mitad. Pero le respondo su pregunta en todo caso: no hay un giro de fondo. El escenario político sigue estando bastante atomizado. Lo novedoso es que la izquierda ha logrado mayor cohesión y respaldo. Esto no es coyuntural, sino que es parte de una nueva realidad. Y no solo en Colombia.

Es cierto que la izquierda, en caso de ganar la Presidencia, no podría gobernar sin el Congreso y que el Capitolio sería el escenario en donde se movería la derecha para no perder poder ni control. En su opinión, ¿podríamos llegar, en medio del pulso entre el Ejecutivo y el Legislativo, a un pico de cero gobernabilidad y, en consecuencia, de crisis institucional?

No creo. El gobierno de izquierda, si llega a ganar, obtendría unas mayorías en el Congreso, así sean muy frágiles, con lo cual podría impulsar un agenda legislativa. No obstante, tendría que ser selectivo, porque su capital político no le daría para hacer mucho. Y, de todos modos, las reformas que pretendiera impulsar llegarían a la Corte Constitucional, en donde encontrarían el verdadero dique institucional.

¿Cómo califica la gestión de la Registraduría con la “desaparición” de alrededor de 400.000 votos para el Pacto Histórico que se hicieron visibles por el rápido reclamo de Petro y, poco después, también en el ejercicio de los escrutinios?

Lo pondría en la categoría de sumatoria de errores, pero no de mala fe. No veo un intento deliberado de perjudicar específicamente a un partido político. Es decir, no los calificaría de una manera diferente a lo que ha dicho el registrador. Las fallas se detectaron y se están corrigiendo durante las etapas del escrutinio, como lo establece la ley. A futuro, quedan lecciones sobre el diseño del formulario E-14, la capacitación de quienes los diligencian y el tipo de alertas que deben prenderse en la fase de preconteo.

Ese bache de votos para la izquierda se solucionó pronto en el proceso de los escrutinios, como usted dice, pero dos expresidentes (Uribe y Pastrana) pusieron en duda la validez de los resultados y su aceptación. A su juicio, con el rechazo de quienes ostentaron el más alto cargo del Ejecutivo, ¿se puso en riesgo la democracia colombiana?

Trataron de pescar en río revuelto para cambiar la realidad frente a un resultado electoral sumamente adverso para el Centro Democrático, pero fue inútil. El reconteo total, simplemente, habría confirmado lo que ya sabemos: hay un desgaste del Centro Democrático por la baja favorabilidad del Gobierno, las divisiones internas y las reacciones que despierta el expresidente Uribe.

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Antes de continuar, ¿es cierto que usted es o ha sido muy cercano al expresidente Pastrana? ¿Cuánto inciden en usted y en sus posiciones las de este exmandatario conservador?

Fuimos cercanos en el pasado, especialmente durante su gobierno, en el que trabajé intensamente. Hoy ya eso no es así. Tengo una visión diferente del país: una visión incluyente, tolerante y, sobre todo, sin odios. Pastrana era una persona más pragmática y constructiva cuando trabajé con él.

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¿Qué piensa de la propuesta del registrador en cuanto a “reconteo general de votos”, lo cual implicaba invalidar, de facto, los escrutinios firmados por los jueces? ¿Y qué piensa de la rápida retractación de Vega ante la oposición de varios partidos? ¿Hubiera sido ilegal realizar tal acción, que impulsaron Duque, Uribe y el partido de gobierno?

El registrador cometió varios errores. En todo ámbito de la vida, las cosas pueden salir de una manera diferente a como se planean. Lo importante es enfrentar los problemas rápido, y explicar los hechos y sus causas. Si el funcionario público se demora en reaccionar es inevitable que quede a la defensiva. Vega fue lento en admitir, explicar y corregir. No se necesitaba hacer un nuevo reconteo de los votos: se necesitaba revisar la forma en que se habían diligenciado los formularios E-14, pero no los votos originales. Aprovecho para decirle, aunque no me lo ha preguntado, que no veo ninguna razón para que el registrador renuncie. Eso sería un salto al vacío.

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También tomo la oportunidad para preguntarle, debido a la desconfianza que dejó Vega en el ambiente electoral, si estaría, entonces, de acuerdo en que se nombre a un registrador “ad hoc” para que esté al frente de las jornadas electorales de primera y segunda vuelta presidencial.

No, no lo considero necesario ni estoy de acuerdo con esa idea que se ha ventilado, porque priva de institucionalidad el proceso electoral.

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La respuesta del establecimiento colombiano a la probabilidad de que la izquierda gane las elecciones presidenciales ha sido inquietante. ¿Cuál es su posición personal al respecto?

No he visto una respuesta que pueda calificar como del “establecimiento”. Hay varias opciones políticas muy bien diferenciadas y todo el mundo debe sentirse en plena libertad de opinar. Qué bien que estemos contrastando tesis, ideas, modelos alrededor de las elecciones, y no en medio de bloqueos, paros y violencia. Hay propuestas que ha hecho la izquierda que preocupan a muchos, con razón. Nadie quiere dar un salto atrás que nos haga retroceder en áreas en las que hemos logrado avanzar con mucho esfuerzo, como la salud y la infraestructura, para mencionar solo dos campos en los que la izquierda ha propuesto regresar a los modelos que fracasaron en el pasado, con el Estado como actor central.

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Aunque el interés de esta entrevista no es el ámbito económico, me gustaría conocer su punto de vista sobre un creciente comentario, en círculos sociales, según el cual capitales grandes y medianos se están yendo del país por temor a un triunfo de Petro. En su experiencia y con sus relaciones, ¿eso es cierto o, al menos, probable? ¿Se justifica o no?

No creo que la gente ni los capitales se estén yendo; por el contrario, hay bastante apetito por inversiones en Colombia. Pero todo esto puede cambiar. Un mal gobierno y, sobre todo, las malas ideas podrían hacer mucho daño a la economía.

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Por lo menos hay que reconocer que los grandes y medianos empresarios y diría que las multinacionales tienen inquietudes frente a un triunfo de la izquierda. La pregunta es concreta: ¿hay motivos o no para tener miedo de que el senador Petro presida el Ejecutivo?

Las dudas al respecto las tiene que despejar el propio Petro. Si hay “ruido”, es porque sus propuestas generan serias inquietudes. Él mismo y su equipo deberían preocuparse por aclarar esas dudas, pero no veo que lo estén haciendo.

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¿Los dos ganadores de las consultas mayoritarias y su caudal electoral en los extremos ideológicos ponen al país, de nuevo, en un escenario de polarización, según su análisis?

No hay duda de que existe una tendencia hacia la polarización. El pobre resultado electoral del centro es prueba de ello. Pero también es cierto que tanto a Federico Gutiérrez como a Gustavo Petro les quedará difícil ganar en segunda vuelta si no conquistan un electorado moderado, con edades entre 30 y 50 años, mayoritariamente femenino y urbano, que no se identifica con los extremos. Ganará el que tenga más cintura e independencia para no quedar amarrado a las cuerdas, en una esquina del cuadrilátero.

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Tal como están las cosas hoy, ¿ve a Petro y a Gutiérrez moviendo su espacio para ubicarse en el centro? Me parece que priman las barras bravas de ambos sectores entre las cuales, si no se les da gusto, habrá desencanto. Es decir, que ambos corren el riesgo de perder electores en lugar de ganar votos.

Es indiscutible que las barras bravas constituyen un factor que les resta margen de maniobra, pero el país quiere ver, mayoritariamente, a candidatos que tengan independencia frente a discursos extremistas que polaricen más al país.

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Siendo que usted ha sido un caracterizado miembro del Partido Conservador, ¿por qué no prosperó su precandidatura presidencial y, por el contrario, pareció que sus directivas vetaron su nombre?

El Partido Conservador ha apoyado más al gobierno Duque que el propio Centro Democrático. Ha sido el verdadero partido de gobierno. Y a la hora de las candidaturas presidenciales, primó un aspecto meramente de conveniencia. Los congresistas buscaron una persona (candidato) con influencia en el Ejecutivo que les ayudara a reelegirse. No les interesaban las elecciones presidenciales: les interesaban sus curules. Hubo mucho temor a generar controversia y confrontación con esta administración. Esa no puede ser la actitud de un partido que aspire a gobernar.

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Por los resultados obtenidos, es exacto lo que usted afirma. ¿Vale la pena seguir siendo miembro del Partido Conservador en estas condiciones?

El tiempo lo dirá.

¿Se podría decir que a usted le están cobrando, de algún modo, haber sido uno de los ministros más importantes del gobierno Santos durante siete años?

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No creo, porque el partido también hizo parte de la coalición durante el gobierno Santos. Lo que ocurrió ahora refleja los intereses coyunturales de tipo electoral.

Su partido nunca hizo consulta interna, encuesta o algo parecido para escoger candidato presidencial. Por el contrario, la escogencia de David Barguil fue hecha entre los parlamentarios, en reserva, con desprecio por los demás aspirantes. Y me refiero a usted y a Juan Carlos Echeverry, otro destacado miembro de esa colectividad. ¿Le quedó mal sabor del manejo de su partido y le pareció poco respetuoso con ustedes?

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Fue una decisión a puerta cerrada, de espaldas a las bases y al propio país, un verdadero dedazo. Lo inaceptable es que, teniendo buenas opciones, el partido haya optado por el mecanismo menos democrático posible: un desayuno de la bancada parlamentaria. Las candidaturas que nacen en esas circunstancias son, por definición, débiles. Los partidos crecen y se fortalecen en medio de la diversidad, el contraste y la confrontación de tesis. Solo así se llega a un espectro amplio de electores y se pueden atraer las mayorías. Lo que vimos fue un ejercicio de mecánica política, casi que politiquera, con el foco puesto en las elecciones al Congreso, como lo dije, no en las presidenciales. El partido ni siquiera estuvo dispuesto a hacer foros regionales con precandidatos. Eso lo dice todo.

Barguil, el elegido por la bancada conservadora, terminó en un tercer lugar en la consulta de la coalición Equipo por Colombia, con apenas alrededor de una cuarta parte de la votación de Federico Gutiérrez. Así y todo, su partido se declaró ganador de las elecciones recién pasadas por el número de curules en el Congreso. Para usted, ¿el conservatismo ganó o perdió?

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La estrategia funcionó en el caso del Congreso, pero se sacrificó la posibilidad de llegar a la Presidencia. El partido tiene una enorme presencia en las regiones, con buenas estructuras y políticos que han logrado consolidarse a punta de gestión. Esa es una fortaleza enorme que otros partidos no tienen. Pero eso hay que combinarlo con liderazgos nacionales, dominio de los temas relevantes para el país y capacidad de realizar propuestas serias, efectivas y transformadoras. Al partido le sobra presencia en los territorios y se ha conformado con eso; pero le falta presencia en los debates nacionales. En este proceso de elecciones presidenciales se perdió una excelente oportunidad para hacerlo.

Pese a su respuesta sobre la “fortaleza” conservadora en las regiones, si uno revisa con cuidado la trayectoria de los congresistas elegidos con el mayor número de votos, duda mucho de que sean libres e ideológicos. Por los antecedentes de los parlamentarios en los departamentos, parecen, más bien, producto del clientelismo. ¿Está de acuerdo conmigo?

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No es un voto de opinión, pero tampoco se puede descalificar el trabajo que los congresistas conservadores hacen en las regiones, porque son efectivos en responder a las necesidades de la gente. Esa es una tarea necesaria en cualquier democracia.

Como usted hizo parte de los gabinetes de los dos gobiernos Santos, supongo que estuvo al tanto del Acuerdo de Paz, hoy motivo de discordia por el rechazo del uribismo y del gobierno Duque a lo pactado. ¿Cómo califica la actitud displicente, por no decir, destructiva, del Ejecutivo y su partido contra el Acuerdo?

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Me parece un avance que el Acuerdo no sea el protagonista de este proceso electoral, a diferencia de lo que ocurrió hace cuatro años, cuando las elecciones fueron un verdadero plebiscito alrededor de la paz. Esto quiere decir que ya nadie va a llegar a la Casa de Nariño con la promesa de hacer trizas el Acuerdo. Podrá haber diferencias en la prioridad que se le dé a la implementación, pero no se van a socavar sus bases, que cada día están más sólidas. Ningún gobierno va a repetir el error del presidente Duque de enviar un proyecto al Congreso para reformar la JEP. Ya se sabe que eso no tiene viabilidad ni respaldo.

El “tsunami” electoral que sacudió a Colombia

Aun cuando las encuestas le daban, siempre, una ventaja considerable en intención de voto al candidato Gustavo Petro, el mundo político colombiano nunca consideró, seriamente, que los resultados del 13 de marzo pasado fueron tan favorables a él y a quienes, en su coalición Pacto Histórico, aspiraban a una curul en el Congreso: 4 millones, 495 mil, 831 para Petro contra 2 millones, 161mil, 686 para su opositor más cercano en cifras, Federico Gutiérrez, de la coalición de derecha Equipo por Colombia: se trata de una notable diferencia de 2 millones, 334 mil 145 entre el primero y el segundo. Del mismo modo, la mayoría de curules alcanzadas por el Pacto en Senado y Cámara, que lo convierten en la bancada más importante del Congreso en el periodo 2022 – 2026, consolidaron el triunfo de la izquierda frente a los partidos tradicionales incluido el Centro Democrático que pasó de ser el número uno en votación en las elecciones de 2018 al quinto lugar en el Senado y al cuarto en la Cámara. Este nuevo panorama produjo un tsunami político que se tradujo en la posibilidad de desconocer los resultados que fue desestimada en 24 horas. Sergio Fajardo, de Centro Esperanza tiene, no obstante, un rol por jugar: el de la moderación entre los extremos.

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Barguil, un resultado pobre

A pesar de que el partido Conservador anunciara a través de su director nacional Ómar Yepes, que seleccionaría a su candidato a la Presidencia entre siete de sus miembros más destacados quienes ya habían anunciado su preaspiración, en octubre del año pasado la bancada de esa colectividad escogió sin consulta con sus copartidarios, a uno de sus compañeros de Congreso: David Barguil quien se había adelantado a buscar apoyos en el Capitolio. Aunque Yepes negó, en principio, que su nombre fuera el oficial, un mes después, en noviembre, Barguil fue proclamado como el candidato del conservatismo en lo que pareció un juego con cartas marcadas desde el inicio. De esta manera, los congresistas impusieron su voluntad desairando, así, a figuras como los exministros Mauricio Cárdenas, Juan Carlos Echeverry y Jorge Ospina Sardi, entre otros. Barguil, un polémico político quien no por joven deja de tener interrogantes en su carrera de parlamentario, era, según lo presentaron, la fórmula ganadora. Pero no resultó: en la coalición Equipo por Colombia, a la que se integró como uno más entre cinco precandidatos, ocupó un modesto tercer lugar después de Federico Gutiérrez y Alejandro Char con una distancia entre Gutiérrez y él, de un millón, 532 mil 176 votos. Un resultado pobre para lo esperado.

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