Francia Elena Márquez Mina no es una desconocida para su comunidad. Esta mujer de piel negra, que apenas sobrepasa los 30 años, con dos hijos abordo y los rezagos propios de ser víctima del conflicto armado, ha batallado, tal vez sin premeditarlo, para convertirse en uan de las líderes afro más importantes en el norte del Cauca. Desde allí, ha ejercido una voz de protesta en contra de la minería pues, según ha dicho, no se compadece con el impacto ambiental que la actividad provoca.
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De hecho, en 2014, lideró una marcha en Bogotá para alzar su voz y denunciar este hecho. Sin embargo, el protagonismo que fue adquiriendo en su región, le valieron para convertirse en objetivo militar de los grupos criminales que allí operan. Por esas amenazas, ha sido víctima constante del desplazamiento forzado pero, al mismo tiempo, defensora acérrima del proceso de paz con la hoy desarmada guerrilla de las Farc.
Ahora, Francia está intentando ocupar una de las dos curules afro destinadas para esta comunidad y, en diálogo con El Espectador, explica la batalla jurídica por la que atravesó para poder ganarse la credencial de candidata, su lucha contra la minería, critica al Legislativo por no aprobar las curules de paz y reclama al Gobierno que no reconozca la sistematicidad en los asesinatos de líderes sociales y defensores de derechos humanos.
¿Por qué fue demandada su candidatura a la circunscripción de afrodescendientes en la Cámara de Representantes?
Recibimos un mensaje de manera no oficial del Consejo Nacional Electoral por redes sociales, citándonos porque nuestra aspiración fue demandada bajo el argumento de que no pertenecíamos al Consejo Comunitario Rio Yurumangui, que nos dio su aval. Sin embargo, nuestra defensa estuvo argumentada en que para ser aspirante a la Cámara por las comunidades negras, no necesariamente debe ser del Consejo que otorgó el aval. Debe ser afrodescendiente y debe tener un trabajo legítimamente reconocido por quienes busca representar. Esta curul a la que buscamos llegar, garantiza la participación de los colombianos negros.
¿Qué cree que hubiese sucedido si el fallo no fuese a su favor?
Si se le hubiese dado la razón a quienes demandaron nuestra aspiración, se estaría enviando el mensaje equivocado de que la curul afrodescendiente en la Cámara de Representantes no es de carácter nacional, sino que pertenece a determinado subgrupo de una etnia que se encuentra en todo el territorio nacional, lo cual sería un contrasentido.
¿ Quién o qué grupo político se encuentra detrás de este proceso?
No recuerdo su nombre y la verdad tampoco me trasnocha conocer al grupo o la persona que se encuentra detrás. Por ahora, solo me interesa concentrarme en la candidatura, porque se debe luchar contra unas mafias de corrupción que se han tomado las curules afrodescendientes y que no han permitido que la representación de las negritudes colombianas se ejerza con decencia.
¿Ha sido muy difícil luchar contra los votos amarrados de estas mafias de corrupción que, según usted, capturaron las curules afrodescendientes?
Por supuesto. Mientras nosotros trabajamos con las uñas y nuestras armas son los argumentos y el discurso, ellos lo hacen comprando conciencias con dineros mal habidos, a personas que no necesariamente son afrodescendientes. Hay que ser claros aquí y decir que para esta circunscripción, puede votar cualquier colombiano, sin importar su etnia.
¿Las comunidades afrodescendientes están convencidas de querer expulsar a esas mafias de las curules afrodescendientes?
Muchos de los que me apoyan ven en mí la posibilidad de tener la representación en el Congreso que tanto han buscado. Eso implica romper con la politiquería que se ha tomado a las curules afro, convirtiéndolas en empresas electorales.
¿Las personas en los territorios que ha visitado han respondido de manera positiva a su postulación?
Han respondido de manera positiva. A través de las redes sociales me escriben y me demuestran su complacencia con mi candidatura, bien sea porque conocen mi trabajo contra la minería ilegal y los derechos humanos o porque me conocen y saben que no me presto a manejos oscuros.
Como víctima del conflicto, ¿qué tendría que decir a la sinsalida en la que se encuentra la posibilidad de que esta población pueda acceder a una representación en el Congreso a través de 16 curules, fruto de los Acuerdos de Paz?
Fue muy triste ver la mezquindad con la que actuaron los congresistas que hundieron las 16 curules para las víctimas del conflicto, pero que hoy van a los territorios con cara de ‘yo no fui’ y sonrisa de oreja a oreja a buscar votos para su reelección. Esto fue un hecho lamentable, porque se dejó claro que en el Legislativo existe poco interés para aprobar leyes que favorezcan a las personas que hemos sido afectadas por la guerra en Colombia.
¿Les haría algún reclamo a los actuales presidentes de Senado y Cámara cuando se los encuentre en el momento de su eventual posesión como congresista?
Ese es un trabajo que le corresponde hacer a la sociedad en general. El hundimiento de las 16 curules para las víctimas es un hecho que no se puede pasar por alto y Colombia debe hacerles sentir su disgusto, tanto al doctor Rodrigo Lara como al senador Efraín Cepeda, lo mismo que a todos los congresistas que actuaron con mala fe en esta discusión.
¿Considera que los asesinatos de líderes sociales en Colombia corresponden a hechos aislados, como aseguran Gobierno y Fiscalía, o cree que esto se debe a una acción sistemática?
Le puedo decir que a Temístocles Machado no lo asesinaron por líos de faldas. Así mismo ha sucedido con todos los líderes sociales que les han arrebatado sus vidas. El Gobierno Nacional y la Fiscalía General de la Nación están en mora de establecer los móviles de estos crímenes y capturar a los responsables.