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¿Hacia un bloque político por la capital?

La Unidad Nacional tiende puentes con el alcalde Gustavo Petro. Objetivo a mediano plazo: la derrota del uribismo.

13 de septiembre de 2014 - 10:22 p. m.
La cordialidad ha sido el tono de las relaciones entre el alcalde Petro y el presidente Santos. / Presidencia
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La administración de Gustavo Petro en Bogotá sigue envuelta en un estilo de gobierno en el que las confrontaciones son la norma. Esta semana, el mandatario se trenzó en peleas con un Concejo que le ha sido esquivo desde el inicio de su gestión, protagonizó disputas públicas que rayan en lo judicial y lo electoral y, por supuesto, siguió siendo ficha del juego político del largo plazo en el que Bogotá es la joya de la corona. Una vez más el alcalde puso la política a girar a su alrededor.

El hundimiento en el Concejo de los últimos cinco proyectos presentados por Petro provocó un nuevo capítulo en una tensa historia. El alcalde, tras la negativa de los cabildantes a autorizar vigencias futuras para 17 colegios por concesión, terminó advirtiéndoles a los bogotanos que, por el bien de la ciudad, debía “aprender a elegir” a sus representantes. La insinuación de Petro sobre las calidades de los concejales y el señalamiento a quienes no compartían sus proyectos desembocó en denuncias de los cabildantes contra él por costreñimiento, hostigamiento por ideología política, injuria y calumnia.

En el medio, el hundimiento del proyecto de los colegios en concesión provocó la solidaridad del presidente Juan Manuel Santos, quien le pidió a su ministra de Educación, Gina Parody, que buscara la manera de salvar esos 17 colegios, y al del Interior, Juan Fernando Cristo, que interviniera para mejorar la relación de Petro con las bancadas y así lograr que los acuerdos que necesita Bogotá salgan adelante. Aunque, más allá de evitar que las propuestas para la capital sigan bloqueadas, el ‘salvavidas’ tiene efectos políticos en el mediano y largo plazo.

La salida temprana de Francisco Santos al ruedo de las candidaturas para las elecciones de 2015 a la Alcaldía, de la mano del expresidente Álvaro Uribe y su Centro Democrático, fue determinante para Petro y para la misma Unidad Nacional. El exvicepresidente levantó las banderas del antipetrismo y acusó al mandatario local de corrupto. Petro respondió con una denuncia y un reto a Santos para que señalara puntualmente en qué actos contra los recursos públicos había incurrido durante su mandato.

El escenario fue leído por la Unidad Nacional y significó el germen de una preocupación por no perder la ciudad que concentra la mayor cantidad de recursos, votos y población a manos del uribismo. No sólo por la tensión política y ejecutiva que implicaría tener a Francisco Santos, respaldado por el senador y expresidente Uribe, en el poder desde 2016, sino por las ambiciones propias de figuras como Rafael Pardo, quien ya está en la carrera por la Alcaldía, o el mismo vicepresidente Vargas Lleras, quien se ha erigido como el candidato ‘natural’ a la Presidencia de 2018 y hoy lleva a cuestas las políticas de infraestructura.

Es por eso que, aunque el camino de las buenas relaciones entre el progresismo y la Unidad Nacional ya se había allanado cuando el alcalde y varios de sus funcionarios, como el exsecretario de Gobierno Guillermo Jaramillo, se sumaron a la campaña Santos para atraer los votos ‘por la paz’, esta semana, según trascendió a los medios, Cristo llevó un mensaje de concordia a la reunión con Petro. Así como es un interés del Gobierno que Vargas Lleras, quien fue señalado por el alcalde como el culpable de la crisis administrativa de Bogotá, entre a la capital con su ‘aplanadora’ de la ejecución, está dispuesto a destrabar la relación de la Alcaldía con el Concejo.

Entre tanto, en el mediano plazo, la Unidad Nacional está en mora de buscar el contrapeso al candidato del Centro Democrático y para ello, por ahora, no descarta la unión con sectores de izquierda. Ya se ha anticipado que la primera carta del santismo sería el exministro de Trabajo Rafael Pardo, quien en junio pasado y luego de ser alcalde (e) de Bogotá, aseguró que sí quiere llegar al Palacio Liévano. Pero, saben en el santismo, la popularidad del exministro no es la mejor para estar en el cargo.

Las cartas, como están barajadas, obligan al santismo a conseguir más fichas que se sumen a su coalición y no tener una división en los comicios de 2015. Las elecciones de 2011, cuando hubo una multiplicidad de candidatos de sectores ideológicamente cercanos, como Gina Parody, David Luna y Carlos Fernando Galán, dejaron una lección: más vale tranzar las diferencias con sectores proclives al diálogo que fomentar los personalismos. En ese sentido, el siguiente paso sería acercar a Clara López. La apuesta simbólica, como en las pasadas presidenciales, pasaría por el convencimiento de la izquierda de que la paz, así la pretenda Santos, es el proyecto nacional.

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Aunque marque contradicciones, el problema también estaría en acercar al propio petrismo. Está claro que ese sector se la juega por la paz, pero no que sea capaz de acercar su proyecto al de la Unidad Nacional. Tampoco que el miedo a la llegada del uribismo a la capital desemboque en una unión con líderes que les resultaron adversarios como Vargas Lleras. Mucho menos que en la cabeza del máximo líder del denominado progresismo no esté la competencia por la Presidencia de 2018 con el ‘ungido’ de la Unidad Nacional, la misma que hoy le tiende la mano con su propio cálculo baja la manga.

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