Como Secretario Técnico Anticorrupción, cargo en el que acaba de ser nombrado, Carlos Fernando Galán tendrá el encargo de destapar muchas de las ‘ollas podridas’ en la administración pública. En diálogo con El Espectador, explicó los alcances de dicha misión y anunció mano fuerte contra los corruptos.
¿Usted será algo así como un zar anticorrupción?
La oficina de zar anticorrupción ya no existe, ahora es una secretaría que depende directamente del Jefe del Estado y que será la encargada de actuar con todas las herramientas que ha creado el Estatuto Anticorrupción, y hace parte también de la Comisión Nacional de Moralización, que lidera el mismo presidente y donde tienen asiento la fiscal general, el procurador y la contralora.
¿Y cuál es la misión?
El reto es comprometerme a fondo en la lucha contra la corrupción y destapar las ollas podridas que impiden que muchos de los recursos públicos impacten de manera positiva en la ciudadanía. Palabras más palabras menos, hacer que se cumpla el Estatuto Anticorrupción.
¿Cómo saber si esta vez sí habrá instrumentos sólidos para luchar contra la corrupción?
Como lo ha dicho el presidente, será una oficina que tendrá mucho más juego y tendrá dientes para enfrentar el tema de la corrupción. Eso garantizara un trabajo efectivo.
¿Puede sancionar?
Hay varias herramientas, por ejemplo, el liderar el proceso de la Comisión de la Moralización y ser su secretario técnico, donde se puede actuar con diferentes actos en los hechos de corrupción, como es el de frenar contrataciones o procesos licitatorios. Eso nos va a permitir actuar de manera concreta.
Desde su nuevo cargo, ¿va a estar pendiente de las contrataciones de Petro en el Distrito?
El compromiso es estar pendiente de la lucha contra la corrupción, sea donde sea, en Bogotá o en cualquier otra parte de Colombia. Vamos a reunirnos primero con el presidente, tan pronto él regrese de Londres, para discutir la nueva figura y a partir de ahí arrancar. No he definido nada porque aún soy concejal.
Dice el procurador que la corrupción está también en el sector privado…
Sin lugar a dudas. Eso lo demuestran escándalos como el que hemos vivido en Bogotá. Hay corrupción en el sector público y en el privado, y en eso hay que trabajar para erradicar esas mafias. Por ejemplo, temas como los de las contrataciones o la salud hay que analizarlos tranquilamente, pero con la conciencia de que hay que erradicar todas las mafias que han impedido el acceso a unos recursos de manera transparente.