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Jesús Santrich y su rechazada llegada al Congreso de la República

Así fue el tropezado paso del exjefe guerrillero por el Congreso de la República. Ocupó, en medio de fuertes polémicas y rechazos, una curul en la Cámara.

18 de mayo de 2021 - 03:24 p. m.
Jesús Santrich se posesionó como congresistas el 12 de junio de 2019. / El Espectador
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Seuxis Paucias Hernández Solarte, conocido como Jesús Santrich y quien, según información preliminar de inteligencia, habría caído abatido en Venezuela —desde donde lideraba, junto con Iván Márquez, el proyecto disidente denominado Segunda Marquetalia— fue en 2018 uno de los llamados a ocupar una curul en la Cámara de Representantes, como parte del entonces partido FARC, nacido del Acuerdo de Paz.

Sin embargo, Santrich no llegó para posesionarse el 20 de julio de 2018, como todos los demás congresistas, porque, meses atrás, el 9 de abril, había sido capturado por la Fiscalía General de la Nación, acusado de enviar droga a los Estados Unidos en una acción que, según el ente investigador, se dio de manera posterior a la firma del Acuerdo.

Esa fue la razón por la que Santrich pudo ocupar su curul en el Legislativo solo hasta casi un año después, el 12 de junio de 2019, cuando, después de varias peripecias judiciales y del “show” mediático que fue su salida de La Picota e inmediata recaptura, llegó al Capitolio luciendo sus prendas más características: ropa blanca, una bufanda y las gafas oscuras deportivas.

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Ese día hubo revuelvo en el Congreso y las voces de sus opositores, e incluso de partidos que apoyaron el proceso de paz, como la Alianza Verde, rechazaron la presencia del exjefe guerrillero. Los primeros momentos de tensión se vivieron en la Comisión Séptima de la Cámara. Una vez Santrich pisó el recinto, el otrora presidente de esa comisión, Jairo Cristancho, del Centro Democrático, levantó la sesión calificando la presencia del excombatiente como “una burla al país”.

El rechazo se replicaba en otros sitios del Capitolio. El representante uribista Christian Garcés hacía lo propio en la plenaria de la Cámara. “En esta corporación los colombianos esperan y merecen tener personas de las más altas dignidades. Una persona solicitada en extradición por narcotráfico, con pruebas y testimonios contundentes en su contra, debe estar extraditada y judicializada. Hoy las víctimas, las mujeres ultrajadas, los niños, los secuestrados y la institucionalidad reciben una humillación”, dijo.

A esa voz se unieron también varios congresistas de partidos como el Conservador, Cambio Radical, la U o Colombia Justa-Libres. De manera sorpresiva, los miembros de la bancada verde en la Cámara, que siempre habían mantenido una posición férrea de defensa del Acuerdo de Paz, sacaron sus pancartas ante la llegada del exjefe guerrillero al Salón Elíptico. “Paz sí, Santrich no”, era el mensaje que se leía en los papeles blanco que sostuvieron, entre otros, Inti Asprilla, Katherine Miranda o Juanita Goebertus. Sus razones hacían alusión a la investigación que adelantaba al Fiscalía. “Los excombatientes que vuelvan a delinquir después del 1° de diciembre de 2016 no tendrán acceso a ningún beneficio por esos delitos”.

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Pero si bien la molestia por la llegada de Santrich al Congreso llenó por completo el ambiente en el Congreso ese 12 de junio, no era la primera vez que sus visitas al Capitolio generaban los gritos de rechazo y las manifestaciones de desaprobación.

El 31 de mayo de 2017, el entonces presidente del Senado, Mauricio Lizcano, expresó su inconformidad porque Santrich había asistido a los pasillos del Congreso en un homenaje que se le hizo a la exministra Clara López. “La posición de la Mesa Directiva, tanto de la Cámara como del Senado, ha sido que, mientras las Farc no entreguen las armas, nosotros no autorizamos la entrada”, dijo Lizcano.

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Varios meses después, el 12 de octubre de 2017, el protagonista de la voz de rechazo fue Edward Rodríguez, representante del Centro Democrático, en la Comisión Primera de la Cámara. Ese día, en medio de una audiencia pública sobre las curules de paz, Santrich tomó la palabra y los miembros del uribismo se levantaron de sus curules para reprocharlo.

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“No le dé la palabra, por lo menos que pague primero los crímenes. Eso es revictimizar a las víctimas. Esta gente mató a mi hermano. ¡Asesino! ¡A-se-si-no!”, gritó Rodríguez, quien posteriormente abandonó el recinto junto con los congresistas Álvaro Hernán Prada y Santiago Valencia.

“Disculpo el comportamiento de los señores del Centro Democrático. Desde la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, saludamos a los presentes, a todos los líderes y lideresas que hoy acompañan desde los territorios victimizados”, respondió Santrich.

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Los días de Santrich dentro de la legalidad, tras la firma del Acuerdo de Paz, transcurrieron en una polémica constante, pues, además de ser uno de los líderes más visibles de la extinta guerrilla, era un hombre provocador que saludaba a las cámaras de los medios de comunicación haciendo con sus dedos la “V” de victoria o calentaba la lengua de los más acérrimos opositores, como cuando, cantando el estribillo de la canción “Quizás, quizás, quizás”, le respondió a un periodista que le preguntó si estaba preparado para pedir perdón por sus crímenes.

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