Después de que en febrero de este año más de 80 académicos colombianos y extranjeros firmaron una carta rechazando la visita de Álvaro Uribe a la Universidad de Princeton, esta semana el turno fue para Harvard. Tras conocerse que el senador y expresidente Uribe sería el conferencista central de una conferencia sobre desarrollo organizada por los estudiantes de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de esa universidad, un debate sobre el tema comenzó al interior de la asociación de estudiantes colombianos en Harvard. Sin embargo, no fue la asociación sino un grupo minoritario y disidente de estudiantes quienes redactaron la carta dirigida al decano de la Escuela de Gobierno (EDG).
¿Cuál es la historia detrás de las protestas a las visitas de Álvaro Uribe a universidades de élite en los Estados Unidos?
En 2009, en medio de la campaña por su segunda reelección, Álvaro Uribe fue invitado de honor de la Escuela de Gobierno (EDG) de Harvard. En aquella ocasión 30 estudiantes colombianos firmaron una carta dirigida al presidente en la que le solicitaban abstenerse de intentar una segunda reelección. Los estudiantes para quienes esta solicitud no era suficiente protestaron la visita de Uribe a la entrada del evento.
En 2010, cuando Uribe fue invitado nuevamente como orador principal por la EDG, ocho colombianos y alrededor de 30 estudiantes y profesores de la universidad firmaron una carta dirigida a la rectora en la que protestaron la invitación listando de manera detallada las acusaciones que tras el fin de su segundo periodo como presidente había acumulado el actual senador.
Esta semana, más de 150 estudiantes y profesores en Estados Unidos, Europa y Colombia firmaron la carta en oposición a la invitación hecha por la EDG a Uribe para ser orador principal en una conferencia sobre desarrollo. La presión estudiantil hizo que el senador solicitara a los organizadores del evento abrir un espacio de preguntas al final de su presentación. Sin embargo, los firmantes de la carta reiteraron que la medida no era suficiente para crear las condiciones de un debate académico que permita expresar en condiciones de igualdad posiciones críticas frente al uribismo.
La relación de la asociación de estudiantes colombianos de Harvard con esta historia de protestas es interesante por dos razones. Primero, porque es una de las asociaciones más antiguas y activas de colombianos haciendo estudios de posgrado en los Estados Unidos. Y segundo, porque es una asociación en la que desde hace unos siete años ha habido una voz minoritaria que se opone a las visitas de personajes como Álvaro Uribe y Alejandro Ordóñez en un acto de protesta a las prácticas de la élite colombiana en las que el lenguaje de la “neutralidad” y la “libre expresión” se moviliza para legitimar la desigualdad entre las voces de la derecha en Colombia y sus críticos. Se trata de un grupo pequeño pero cada vez más fuerte de estudiantes, jóvenes académicos colombianos y sus aliados que desde 2009 se ha opuesto de manera sistemática a la alianza entre élites académicas en norteamérica y la derecha colombiana.
Hay una estructura de clase en Colombia que facilita que en universidades de EE. UU. hoy en día sea popular utilizar las categorías del liberalismo para descalificar como censura la oposición al uribismo.
Es un hecho que las universidades de élite en los Estados Unidos aceptan anualmente en programas de maestría y doctorado centenares de colombianas y colombianos entre los cuales el grueso —quienes pueden pagar o endeudarse para hacerlo, quienes hablan inglés porque fueron a colegios privados— pertenecen a familias de élite o de clase media alta. Esto no quiere decir que no lleguen también a EE. UU. otro tipo de estudiantes, es decir graduados de colegios y universidades públicas, provenientes de las regiones y/o de familias de clase media o trabajadora.
Sin embargo, la élite colombiana suele ser mayoría en estos escenarios académicos y esta estructura de clase define el perfil ideológico de asociaciones de estudiantes colombianos como la de Harvard, en donde desde al menos 2009, las voces que se han opuesto a darles la plataforma de la prestigiosa universidad a algunos de los personajes públicos más cuestionables de la derecha en el país han sido sistemáticamente marginadas (o calificadas como intentos de censura).
De ahí la importancia de la oposición a la invitación que las directivas de dicha asociación hicieron al procurador Alejandro Ordóñez en 2014. Esa fue la primera ocasión en que las mismas voces que se habían opuesto en 2009 a que Uribe usara Harvard como plataforma a la reelección lograron prevalecer. Ordóñez fue desinvitado por voto mayoritario y como lo describió acertadamente Daniel Pacheco para este diario en 2014, por primera vez se reconoció abiertamente que la asociación se comportaba más como un club de empresarios que como una masa crítica de estudiantes y se hizo explícito que la razón por la cual sus decisiones no encontraban mayor oposición interna tenía relación directa con la representación desproporcionada de estudiantes que compartían visiones políticas e ideológicas que suponen que una universidad como Harvard es una espacio “neutro” en donde todas las voces son escuchadas en pie de igualdad.
Sin embargo, los hechos reflejan lo contrario. En menos de un año el procurador Ordóñez fue invitado nuevamente por la Escuela de Derecho de la universidad y aunque nuevamente un grupo de estudiantes colombianos se movilizó en contra a través de una carta, la universidad ignoró sus argumentos. Lo cierto es que Colombia no es el único país en el que la derecha encuentra buenos aliados en prestigiosas instituciones norteamericanas. Sólo hay que recordar la histórica alianza entre la derecha chilena y la escuela de economía de Chicago.
No es sólo coincidencia que la cronología de protesta de estudiantes colombianos en Harvard coincida con el resurgir de los movimientos estudiantiles en países como Chile y Colombia así como con movimientos como “Occupy” y las más recientes olas de sindicalización de estudiantes de doctorado en universidades privadas en los Estados Unidos. Lo que unos y otros comparten es la denuncia de las estructuras de desigualdad y exclusión que produce el costo de la educación superior y el declive de la educación pública de calidad. Sin embargo, la oposición a la visita de Uribe a universidades en EE. UU. es también la respuesta específica al juego que por años esas mismas instituciones le vienen haciendo al uribismo.
En este contexto, y así como lo dijo Lucas Ospina con ocasión de la “inmensa minoría” que se movilizó en la Universidad de los Andes en solidaridad con las protestas estudiantiles de 2011, la historia de la carta de protesta a la más reciente visita de Uribe es también la historia de una voz opositora que, si bien incipiente, expresa transformaciones en la conciencia política de una generación.
* Candidata al doctorado en derecho de la Universidad de Harvard y antropología de la Universidad de Chicago.
Nota del Editor: Luego de publicado este artículo, el copresidente de la Asociación de Estudiantes colombianos de Harvard envió un artículo sobre el tema.