El pasado lunes, a las 11:00 p.m., el comisionado para la Paz, Miguel Ceballos, anunció que el Gobierno Nacional “está en la plena disposición de adelantar una mesa de negociación con el Comité Nacional del Paro”. Estas palabras no son azarosas, la noticia se dio luego de haber adelantado una reunión exploratoria con el Comité del Paro, conformado desde las movilizaciones masivas de 2019.
En esa ocasión, luego de multitudinarias marchas convocadas por un paquete de reformas (laboral y pensional), una propuesta de salarios del 75% para los menores de 25 años, el asesinato de líderes sociales, entre otros temas, el Gobierno convocó a un Gran Diálogo Nacional que se enfrascó en la terminología sobre cómo se debía denominar esos encuentros para escucharse unos con otros. El Espectador habló con Luciana Manfredi, profesora de negociación de la Univesidad Icesi, que nos explica la connotación de que el Ejecutivo aceptara a negociar y no meramente a conversar, como ocurrió en 2019 y los primeros días de marchas en este año.
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¿Qué significa que el Gobierno haya adoptado el término de negociación para sentarse con el Comité del Paro, una de las condiciones que puso el lunes pasado?
En principio, cualquier ejercicio de negociación implica diálogo y comunicación. El corazón de una negociación es la comunicación. Es decir, el hecho de que no se use la palabra diálogo y use negociación, no implica, necesariamente, que van a dejar de dialogar, porque la negociación en sí necesita de un diálogo. Creería que la diferencia fundamental es que cuando hablamos de negociación tenemos un objetivo muy claro que es la resolución de un conflicto, entonces cada una de las partes que va a ingresar al proceso de negociación tendrá un objetivo, un norte, una agenda de temas pensados y con base en el diálogo se intentan resolver los conflictos. La diferencia es que el diálogo implica acercamiento, entendimiento, pero no necesariamente una voluntad para resolver el conflicto y en la negociación sí hay esta voluntad, además cada una de las partes va a tener sus objetivos definidos y claros en la mesa de negociación. Y eso es lo que esperamos, que haya voluntad para dialogar y creo que es una buena noticia que lo hayan puesto en términos de negociación. Eso habla también de la voluntad política de resolver esto.
¿Entonces apenas el Gobierno demostró voluntad?
Esto es un tema cultural, pero no sé por qué es tan importante el eufeminismo que utilizan para nombrarlo. En el momento en que el presidente está dispuesto a dialogar ya se abre una ventana de oportunidad. Para que exista un diálogo se necesitan dos, para que exista un proceso de negociación se necesitan dos. Ahora, lo que cambia y no es excluyente es que cuando se abre esa ventana de oportunidad se están fijando objetivos determinados. Es decir, cada uno va a poner en la mesa qué es lo que quiere lograr con ese proceso de negociación.
¿Podríamos esperar una imposición de agenda por parte del Gobierno?
Es difícil saber, pero la realidad empírica de lo que estamos viviendo y viendo es que es poco probable que el Gobierno Nacional vaya a imponer una agenda, sabiendo que el Comité del Paro ya tuvo una primera victoria que es frenar la reforma tributaria (y la salida del ministro de Hacienda). Por lo general, quien impone la agenda es quien se sienta en la negociación con más poder. Obviamente el presidente es presidente, pero habiendo tenido que reversar la reforma tributaria, es probable que no tenga el poder suficiente, aparte está muy desgastada su imagen, hasta su partido se ha puesto en contra del tema de la reforma. No creo que el mandatario esté buscando imponer una agenda.
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Con lo que dice, ¿estamos viendo un actor más fuerte para entrar a negociar, refiriéndonos al Comité del Paro?
No lo pondría en esos términos, porque el poder se define por un montón de aristas. No necesariamente que la salida de Carrasquilla y el frena a la reforma le da todo el poder al Comité del Paro y no necesariamente que el presidente pueda ejecutar órdenes de uso de la Fuerza Pública, como la Policía, militares y demás, le da todo el poder al Gobierno. Yo lo pondría en términos de que hay dos actores que se van a sentar a negociar, ambos tienen poder de negociación. El poder de los del Paro radica en que se está resistiendo por más de dos semanas consecutivas y haber obtenido logros desde las calles, y el del Gobierno radica en que puede abrir o no el espacio. Es decir, si el presidente no venía a Cali, no se abría espacio para la negociación. Yo no pondría en términos de quién tiene el poder, ahí se podría cometer el error de equivocarse de que sea lo contrario.
Tras el anuncio del Gobierno, de haber viajado a Cali, ¿qué sigue?
Cuanto más se dilate, más se desgasta y eso puede ser parte de la estrategia. En el caso de Cali, hay un tema que ha afectado al buen convivir, porque la ciudadanía está alterada y son todas las partes las que están entrando a un conflicto. Hay desabastecimiento, no se puede llegar a los trabajos, las empresas no pueden seguir produciendo, las escuelas no pueden volver a su funcionamiento normal. Creo que dilatarlo en las ciudades donde ha sido más neurálgico el paro, no le conviene al Comité del Paro porque hay un desgaste físico y un desgaste de percepción ante las personas, que al principio sí apoyaron las movilizaciones, pero no tras el desabastecimiento y la inseguridad. En ese sentido, el Comité tendrá que ver la forma para que ello no se dilate, por los desgastes que mencionaba. Claro está, hay que decir que mientras ellos están aguantando, los están reprimiendo.
¿Cómo podría ser la metodología de esta negociación?
Eso lo define quienes estén en la negociación. Cada uno planteará su objetivo, qué quiere resolver, qué puede ceder, qué no puede ceder, pondrá un orden de prioridades en los temas que se vayan a negociar, una hoja de ruta con la planeación estratégica. No va a ser fácil, pues el Comité del Paro tiene muchos intereses porque está compuesto por varios actores de la sociedad y hay cuestionesmuy heterogéneas. Por eso, ellos tendrá que convenir antes de comenzar la negociación. También ambas partes deben de definir quiénes tendrán la vocería
Lo que tenemos claro es que lo que le interesa al Gobierno no es lo mismo que lo que le interesa al Comité del Paro, y viceversa. Si estuvieran en la misma sintonía, no estarían hablando de negociación.
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El Gobierno ya anunció cuál sería su equipo para negociar con el Comité del Paro, ¿cómo lo ve conformado?
No quiero entrar a opinar, porque toca lo político, puedo decir que es importante tener en el equipo a personas del Ministerio de Educación y de Trabajo porque son los dos puntos más neurálgicos. Y por supuesto, al encargado de los temas de paz, quien es un actor fundamental sobre todo en un escenario de tanta violencia y de tanto abuso de autoridad por parte de los militares y la Policía.
¿Y es conveniente tener a alguien como Miguel Ceballos en la Oficina del Alto Comisionado para la Paz?
No me quiero meter en ese tema, que es más político.
En cuanto a tiempos, teniendo presente que hay elecciones el próximo año y los ánimos se diluyen a ese escenario, ¿se podría poner una fecha para concluir con la negociación para evitar que entren intereses electorales?
No, no se puede establecer eso. Creo que la situación social está sensible y delicada y sería de mal gusto, generando un fricción en la confianza. A la gente no le está importando el calendario electoral, sino que se le respeten sus derechos. Hablaría muy mal de que aquellos que van avanzar en el proceso de negociación se están enfocando en el calendario electoral. En otras palabras, tampoco sería inteligente. Si se hace o no, no lo sabemos, esperaría que no. La realidad es que el presidente está muy golpeado y va a tener un cierre de administración complicado, su propio partido le ha dado la espalda, al igual que la sociedad civil. Lo que uno siempre espera es que no se pierda la legitimidad necesaria para que Colombia sea un país que goce de cierta gobernabilidad.
¿Qué esperar de esta negociación?
Todos esperamos que haya una luz al final del túnel, pero más que eso, lo importante es que se mejoren las condiciones de vida de las poblaciones que no las han tenido y han sido marginadas de los procesos de toma de decisión. Tengo esperanza de que sí se va conciliar, creo que va a ser una negociación difícil, porque el Comité del Paro tiene muchos reclamos y el Gobierno Nacional fracasó en su propuesta de reforma tributaria que era lo que quería utilizar para financiar al Estado.
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¿Qué esperar de la Iglesia y Naciones Unidas, que serían los mediadores entre ambas partes?
El rol de Naciones Unidas ha sido fundamental para observar y denunciar la violación de derechos humanos, sobre todo por abuso de la Fuerza Pública. Con respecto a la Iglesia, esta ha sido siempre un buen interlocutor en conflictos sociales y los colombianos confían mucho en este tipo de instituciones.
En mi opinión personal, ningún actor es despreciable, si la academia quiere aportar y resolver bienvenida; si los medios quieren aportar, bienvenidos; si los gremios quieren aportar, bienvenidos; si los empresarios quieren aportar, bienvenidos. Es decir, todos aquellos grupos sociales que partan de la buena voluntad a tratar de resolver el conflicto, seguramente tendrán sus propios intereses, pero pensando en el bienestar de la ciudadanía, siempre bienvenidos, la idea es que todos aportemos para construir y creo que es lo que más esperamos.