Hace más de una semana, la oficina 1-09 que durante seis años perteneció a José Obdulio Gaviria en la Casa de Nariño es ocupada por Paola Holguín. El lugar está casi intacto, pero ahora huele a flores y la biblioteca, que el ex consejero dejó limpia, apenas se está surtiendo. La nueva asesora presidencial insiste en que su antecesor y maestro no tiene reemplazo. Y de hecho resulta difícil de asimilarla como discípulo de uno de los hombres más controvertidos que ha tenido el Gobierno: es cálida, espontánea y humilde.
“Soy una colombiana común y corriente”, dice entre risas al presentarse. No pertenece a la familia del ex ministro Carlos Holguín, como muchas veces se lo han sugerido. Su apellido es de origen campesino, exactamente de Heliconia (Antioquia), la tierra de su papá, un arquitecto. El contacto más cercano que sus parientes habían tenido con la política fue en la militancia con el Partido Liberal, repartiendo camisetas y fotos de los candidatos en su pueblo en épocas electorales.
Pero basta con oírla hablar unos segundos, con acento más paisa que el del presidente Uribe, para darse cuenta de que la nueva asesora presidencial está hecha a la medida del uribismo, pero lejos del perfil de José Obdulio. Duerme cuatro horas diarias, trabaja con disponibilidad de domingo a domingo, no quiere casarse ni tener hijos, se refiere a las Farc como “terroristas” y, como si fuera poco, es experta en seguridad democrática.
¿Y de dónde apareció? Holguín era profesora de política y comunicación en las universidades Bolivariana y Eafit, en Medellín, cuando acompañó a un grupo de estudiantes a un encuentro de jóvenes uribistas. Ese día conoció a José Obdulio Gaviria y Andrés Uriel Gallego (ministro de Transporte). Así estrecharon un vínculo profesional: “Me decían, por ejemplo, que el Presidente iba a apoyar la guerra en Irak y yo les escribía unas ideas sobre el tema. Hasta que un día me ofrecieron trabajar en Bogotá”.
La propuesta de marcharse de Medellín no resultaba muy tentadora para ella. Sin embargo, aceptó la oferta por seis meses, que se extendieron a cinco años. Su llegada a Palacio fue un 1° de julio de 2003. José Obdulio Gaviria, su jefe inmediato, la presentó afanosamente con el Presidente. Holguín aún recuerda claramente las primeras palabras que le dijo: “Hija, ¿cómo está?, ¿qué estudió?, cuénteme pues de su familia”. Así, sin protocolos ni tapujos, transcurrió la primera charla entre los dos. “Fue muy fácil porque él es químicamente buena persona”.
Pronto llegó la oportunidad de trabajar en la Embajada de Colombia en México. Holguín fue nombrada como asesora en asuntos políticos. Ya había estado allí dictando conferencias sobre la política de seguridad democrática colombiana. Y, paradógicamente, fue en la capital mexicana donde vivió una de las experiencias más amargas de su vida. Le hicieron el paseo millonario, la golpearon y la robaron, a escasas cuadras de su casa. Aunque la amenazaron para que no denunciara nada, ella no se dejó intimidar y acudió a las autoridades.
Su estadía fuera del país parecía indefinida hasta que José Obdulio Gaviria decidió renunciar a su cargo para dedicarse a consolidar el proyecto político del uribismo e impulsar el referendo que busca una segunda reelección de Uribe. Por eso, llamó a su discípula para comunicarle que luego de una conversación con el Presidente habían acordado su regreso al país para reemplazarlo como asesor.
Holguín no lo pensó mucho: “Uno está donde tiene que estar”, dice. Era una idea de su maestro, la persona que tiene la capacidad para pensar rápida y fríamente. “Él es de convicciones y tiene una generosidad infinita”. Y aunque algunos llegaron a calificar a José Obdulio, en serio o con ironía, como “el intelectual” del Gobierno, a Paola Holguín no le preocupan las comparaciones porque asegura no tener pretensiones y sólo quiere hacer su trabajo en el día a día. “Hay que ser lo que uno es, independiente del cargo que se tenga. Yo soy feliz”, recalca.
Su oficina no está equipada del todo porque una parte del trasteo todavía está en Medellín. En su biblioteca exhibe la colección de los libros del Centro Pensamiento Primero Colombia (sobre las ideas el presidente Uribe), Inseguridad y violencia en América Latina y Los juegos de poder. La consejera describe su trabajo sin complicaciones: “El Presidente nos da la línea y nosotros le pasamos cifritas, cositas y ya. La ventaja es que él lo tiene todo claro”.
El jueves pasado, en un primer encuentro, el Primer Mandatario le pidió leer sobre Guillermo León Valencia, a propósito del centenario de su nacimiento, y “volver al esquema de lo de la casita, que tiene que ver con los tres pilares de su mandato: seguridad democrática, confianza inversionista y cohesión social”. Y le puso su primera tarea: preparar el discurso para la Asamblea del Banco Interamericano de Desarrollo, que se realizará esta semana en Medellín. “Es una gran oportunidad para contar lo que hemos hecho”.
Hablando con ella, resulta evidente que la pasión por los temas de seguridad es el enlace perfecto entre la joven asesora y el Gobierno. Aunque es periodista con una maestría en Estudios Políticos y énfasis en economía y desarrollo, sus discursos preferidos siempre son los de seguridad. Para Holguín se trata de “la primera ley” y se pregunta: “¿De qué sirve construir escuelas y restaurantes si el camino tiene minas? La seguridad es la manera para que haya crecimiento económico y los ciudadanos tengan garantías”.
Su mayor cercanía con militares y policías ocurrió cuando hizo curso de reserva en el Batallón de Bello y desde ahí su lema es: “Uno ni se regala ni se niega”. Por eso dice estar lista para cuando el Presidente la requiera. Si no pasa nada extraordinario, va a su casa, toma un café, lee un libro y al día siguiente desayuna lo que más le gusta: un helado de chocolate, antes de empezar a trabajar, trabajar y trabajar.