El argumento del Consejo de Estado fue que los miembros de esta colectividad fueron víctimas de un exterminio sistemático y por eso no pudieron continuar en la arena electoral. No obstante, pese a recuperar el estatus de partido político, el regreso de la UP no ha sido fácil y desde la colectividad reconocen los pobres resultados en las elecciones regionales, aunque consideran que fue una campaña inequitativa.
Así lo manifestó Gabriel Becerra, miembro de la dirección del partido, quien sostuvo que “para nosotros era claro que no íbamos a ser un fenómeno electoral, pero no contábamos con una campaña tan inequitativa en la que competíamos contra ríos de dinero y no teníamos cómo hacerlo en condiciones de igualdad”.
Para la excandidata al Concejo de Bogotá y presidenta de la UP, Aída Avella, resulta inexplicable que con 35 mil votos no salga nadie de la colectividad elegido y que, por el contrario, entren al cabildo distrital candidatos que obtuvieron menos de 6 mil votos. “Es una fórmula parecida a la del Frente Nacional, acomodan las normas para que sólo puedan ganar ellos”, manifestó Avella.
Y es que el balance es muy pobre. En el Concejo de Bogotá, donde hicieron su máxima apuesta, no superaron la cifra repartidora y sólo ganaron algunos cargos en Catatumbo, San Calixto, Arauca y Cauca. Para Avella “esto es simplemente el resultado de ser un partido sin un peso para elecciones, recibimos algo más de $250 millones, con eso hace campaña uno solo de los candidatos corruptos”. El asunto resulta complejo y en la UP aseguran que seguirán trabajando por la paz, pero temen salir del escenario político, esta vez no por la balas, sino por la exclusión.