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Las versiones detrás de la constituyente liberal

Lo que está ocurriendo en el Partido Liberal es como cuando a alguien le dan un bien en arriendo y después no lo quiere devolver.

13 de diciembre de 2011 - 04:00 p. m.
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Esa ha sido la interpretación que le ha dado el exfiscal Alfonso Gómez Méndez a la elección de Simón Gaviria, presidente de la Cámara de Representantes e hijo del expresidente César Gaviria, como jefe único de la colectividad. Una pulla al exmandatario, a quien, según dijo el exfiscal, Ernesto Samper y Horacio Serpa “llevaron a la dirección de los rojos en 2005, cuando salió de la OEA”.

Las palabras de Gómez Méndez reflejan el malestar de un sector del liberalismo con la llegada de Simón Gaviria a la jefatura única y con la modificación de los estatutos del partido —que implica la desaparición de las secretarías y una mayor participación a juventudes, mujeres y sectores sociales— hechos acaecidos el fin de semana pasado durante la llamada constituyente liberal que, según concepto del mismo Samper, fue ilegal: “O se subsana políticamente este vacío con una especie de legalidad paralela y se convoca a un congreso del partido, y allí sí se reforman los estatutos, o nos vamos a un pleito legal. Ya hay gente pensando en demandar la asamblea del sábado”, dijo.

Lo cierto es que sobre la llegada de Gaviria (hijo) a la jefatura del liberalismo hay dos versiones. La primera, que el grupo de congresistas que hasta ahora ha manejado el partido sabía de cierto desgaste y que la fórmula de una dirección colegiada no iba a funcionar, circunstancias en las que surgió Simón Gaviria como una especie de tercería. La segunda, que se trató de una estrategia “fríamente calculada” por un experto en el juego político: el expresidente César Gaviria, quien habría utilizado como vocero al senador Jesús Ignacio García para postular a su hijo.

Sea como sea, la cosa está que arde y las interpretaciones pululan. Aseguran, por ejemplo, que Samper y Serpa salieron perdedores, pero eso hay que analizarlo bien. Según muchos de los asistentes, no puede ser perdedor quien ni siquiera da pelea y ninguno de los dos la dio. Y se dice que no lo hicieron porque, en el fondo y a pesar de cierta incomodidad, ven con buenos ojos la llegada de Simón Gaviria a la jefatura liberal, pues consideran que es un nombre que convoca a sectores de la política colombiana que los congresistas no han podido atraer y que es muy útil en momentos como el actual, cuando la gente se sigue alejando de los partidos y ‘pegarse’ al poder, léase Santos, es fundamental, sobre todo pensando en las presidenciales de 2018.

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