El texto más mencionado en los últimos dos días en Colombia, el Libro blanco, de Sergio Fajardo, sería el primer round de una avalancha política que, al parecer, se ve venir en Antioquia. Horas después de que el documento fuera colgado en el sitio web de la Gobernación del departamento, destacando lo que fue calificado como “inconsistencias de la administración pasada”, el exgobernador Luis Alfredo Ramos trinó con tono furioso en su cuenta de Twitter: “Estoy indignado por la desinformación de Fajardo sobre la admón. 2008-2011 y la manipulación de hechos y cifras. Haré total claridad a todos”.
Un día antes de la bomba política, Ramos había recordado en su cuenta de Facebook que el pasado 1° de enero entregó a la administración entrante un documento con “información contractual, presupuestal, de personal y de proyectos”, y que más de 30 días después no recibió ningún requerimiento de aclaración, por lo cual concluyó que lo suministrado fue claro y suficiente.
El Libro blanco fue anunciado desde el pasado 20 de diciembre. Ese día, Fajardo dijo que lo iba a preparar y expresó que le preocupaban los contratos y los movimientos de los últimos días. El documento estuvo en la agenda de la opinión pública de Medellín y Antioquia durante los dos meses siguientes. Sin embargo, el impacto del informe, de 50 páginas, fue más fuerte de lo esperado.
Y es que Fajardo comienza el editorial con un párrafo demoledor: “La corrupción es una empresa criminal tanto o más difícil de combatir que las bandas criminales o las guerrillas (…) entre corruptos y violentos han logrado, en el fondo, lo mismo: convertir en migajas las oportunidades de las personas con mayores necesidades de nuestra sociedad”.
Luego desglosa en capítulos lo hallado. Destaca, entre otras cosas, el déficit de $132 mil millones, los $122 millones que costó el tiraje de mil libros de la sistematización de los resultados de Antójate de Antioquia (cada libro costó $122.500), más de 10 vigilantes en cada portería de la Fábrica de Licores de Antioquia y el incremento de la nómina del despacho de $2.900 a $4.500 millones. El libro finaliza afirmando que la anterior Contraloría Departamental, que tenía la función de velar por el buen manejo de los recursos del ente territorial entre 2008 y 2011, fue calificada con 5,5 puntos sobre 20 y ocupó el penúltimo lugar del escalafón nacional.
Ante esa sacudida a su curtida figura política, que El Colombiano calificó como “la hora difícil de Ramos”, los paisas esperan una respuesta, igualmente fuerte, por parte del exgobernador. Por ahora ha guardado silencio, pero el rumor que ha corrido es que está preparando un informe denominado el Libro biche y que se pronunciará muy pronto sobre lo divulgado el miércoles pasado.
El pulso que se puede venir, opina el docente, sociólogo y politólogo Adolfo Maya, no debe ser satanizado ni defendido tan pronto por quienes se acomodan en los bandos contrarios. Cree que se trata de una lucha de concepciones y puntos de vista diferentes sobre la administración pública. Sin embargo, menciona las dudas que quedaron de la administración pasada, como el hecho de que el anterior contralor, Jorge Rojas, hubiera sido jefe de campaña en la candidatura de Ramos a la Gobernación.
Luis Alfredo Ramos, por su parte, ha exaltado su administración. El 6 de diciembre pasado, por ejemplo, presentó el balance de su gestión y destacó, entre otros resultados, el haber bajado el índice de pobreza, entre 2008 y 2011, del 51 al 37,8%.
Algunos diputados han dicho que es mejor hablar menos y llevar las denuncias ante las autoridades competentes. Para Jorge Gómez, del Polo Democrático, el informe es positivo por la intención de mostrarle a la ciudadanía lo que hace una administración. Sin embargo, teme que las denuncias sean una especie de manto para cubrir un gobierno que, según él, se ha caracterizado por la falta de acción y ha parecido seguir en campaña electoral.
Para Adolfo Maya, es saludable para el departamento y el país una opción de seguimiento y compromiso con los asuntos públicos. “Me parece que eso es importante. Un departamento que ha experimentado unos procesos de modernización económica y tecnológica no sólo requiere obras, sino que políticamente también se piense cómo se están haciendo y bajo qué condiciones”, dice.
Como están las cosas, el ya famoso Libro blanco dará mucho más de qué hablar. Para Maya es una estrategia anticorrupción que les permite a todos los ciudadanos conocer lo que hacen las administraciones y una muestra de que los gobernadores deben estar preparados para que les analicen en profundidad la gestión. “Presentar un libro es menos violento que otro tipo de situaciones que ha habido en la historia política de Colombia”, agrega.
Fajardo ha dicho que el interés es que haya muchos ojos en la función pública, porque dice que la “transparencia significa que se pueda mirar, que se pueda ver, que cualquier persona pueda llegar a examinar las cosas”. Por ahora, la Contraloría revisa los hallazgos expuestos en Libro blanco y entregará respuestas en los próximos días.