Luego de la columna, publicada el pasado 18 de septiembre, en la que el premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, señala que si fuese colombiano votaría por el Sí en el plebiscito, las juventudes del Centro Democrático le enviaron una carta al escritor.
“Con dolor hemos leído su columna El precio de la paz”. Así se inicia la misiva en la que los jóvenes de ese partido sientan su desacuerdo con lo escrito por Vargas Llora y, en varios párrafos, le tratan de explicar su oposición a los acuerdos pactados en La Habana. (Lea: ‘Si fuera colombiano y pudiera votar, lo haría por el sí’: Mario Vargas Llosa)
Entre los argumentos de los jóvenes del partido político, se señala que quienes defienden el no quieren “la paz tanto o más como lo que promueven el sí” y dicen que el acuerdo, más que una paz estable y duradera “tiene como propósito imponernos el modelo del socialismo del siglo XXI, con los mismos perjuicios que ha causado en Venezuela.
En su columna, Vargas Llosa cuenta que, desde afuera, no tenía claro cuál sería la opción correcta entre el sí y el no. Pero esa incertidumbre le duró hasta que leyó una columna de escrito Héctor Abad Faciolince, titulada ‘Ya no me siento víctima’.
En ella, Abad Faciolince dice que, a pesar de haber vivido en carne propia los horrores del conflicto (con su cuñado, que fue secuestrado dos veces por las Farc, y con su padre Héctor Abad Gómez, quien murió asesinado en Medellín luego de amenazas de grupos paramilitares), celebra y está feliz con el acuerdo entre el gobierno y las Farc.
No obstante, los jóvenes del Centro Democrático le sugieren a Vargas Llosa que le pregunte a Héctor Abad “si él hubiese aprobado que, a los paramilitares, responsables de las mismas atrocidades, se les hubiera concedido participación política e impunidad”.
Eso dijeron las juventudes del partido de Álvaro Uribe, a pesar de que esa respuesta pareciera ya estar contestada en una columna que Abad escribió en julio de 2004 en la revista Semana.
“Apoyamos el proceso de paz con las AUC, estamos de acuerdo con que se les concedan los indultos, perdones o amnistías necesarias para que abandonen sus actividades paramilitares”, señalaba en ese entonces el columnista, en momentos en que el gobierno de Álvaro Uribe iniciaba negociaciones con las Autodefensas Unidas de Colombia, en Córdoba. “Sólo una cosa pedimos a cambio, y es lo mínimo: que confiesen públicamente sus crímenes”, señala en la columna.
La carta de los uribistas termina con una invitación a Vargas Llosa para que se lea las 297 páginas del acuerdo de paz, citando una de las opiniones que ha sido caballo de batalla de la campaña del No: “para que verifique que el objetivo no es la paz, sino imponernos el modelo que ha hecho tanto daño a Cuba y a Venezuela”.
Lea la carta completa
Bogotá D.C., 18 de septiembre de 2016
Maestro
MARIO VARGAS LLOSA
Madrid (España)
Respetado maestro:
Con dolor hemos leído su columna El precio de la paz, publicada hoy en el diario El País. En primer lugar, queremos resaltar que la seguridad es un valor democrático que no debe confundirse con la guerra, pues es el presupuesto para el goce efectivo de los derechos y las libertades, que distingue a las democracias de los regímenes totalitarios.
Quienes defendemos el No queremos la paz tanto o más como los que promueven el sí. Nosotros no nos oponemos a la paz, porque como derecho y deber constitucional, no puede ser sometida a refrendación. Tenemos preocupaciones y dudas por el acuerdo Santos- FARC, que más que construir una paz estable y duradera, tiene como propósito imponernos el modelo del socialismo del siglo XXI, con los mismos perjuicios que ha causado en Venezuela.
Las democracias se fortalecen castigando a aquellos que, como las FARC, desestimaron las múltiples oportunidades de ingresar a la legalidad, no premiándoles con participación política y cero cárcel sus múltiples masacres, el reclutamiento de miles de menores, el abuso sexual y posterior obligación a abortar de centenares de niñas, el narcotráfico y la minería ilegal.
La justicia, que por definición debe incluir sanciones adecuadas, no debe entenderse como retrospectiva, sino como el único elemento que garantiza el derecho de no repetición, pues disuade a las nuevas generaciones de que el crimen no paga.
Las experiencias internacionales, como las registradas en El Salvador y Guatemala, que no son iguales a nuestro caso porque eran insurgencias armadas contra dictaduras y no democracias afectadas por el terrorismo, demuestran que donde no hay castigo, así sea reducido, se incentivan nuevos crímenes que imposibilitan la paz.
Sería bueno que le preguntara al doctor Héctor Abad si él hubiese aprobado que, a los paramilitares, responsables de las mismas atrocidades, se les hubiera concedido participación política e impunidad.
Convencidos de su espíritu democrático, lo invitamos a leer el acuerdo de 297 páginas para que verifique que el objetivo no es la paz, sino imponernos el modelo que ha hecho tanto daño a Cuba y a Venezuela.
Juventudes Centro Democrático