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Los anónimos del Congreso

El Congreso no sólo está compuesto por senadores y representantes. Diversos y divertidos personajes trabajan de manera anónima todos los días en el “sagrado recinto” donde se hacen las leyes.

18 de agosto de 2008 - 02:39 p. m.
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Hay personas claves que se conocen al dedillo  los trucos para que la labor de los congresistas sea bien vista  ante la opinión pública. Nadie los conoce porque, contrario a los parlamentarios que no pierden oportunidad para aparecer en los medios, estos funcionarios son invisibles para los medios de comunicación.

Aunque están detrás de la escena, su función es respetable e imprescindible para la aprobación de los proyectos, el control político, la pomposidad que requieren algunos actos y el registro de lo que se hace.

Por ejemplo, todo el que entra al Legislativo al primero que verá en la puerta será al campanero. Su nombre es Samuel Calero, pero todos lo conocen como Sami. Su particular trabajo consiste en hacer sonar su campana para llamar la atención de los congresistas acerca del inicio de las plenarias.

Como es bien conocido que, algunas veces, los senadores y representantes no llegan cumplidamente a la sesión plenaria, Sami se encarga de la labor más complicada de todas: llamarlos al orden.

Luego, se topará con la persona encargada del protocolo, Alberto Rojas y, posteriormente, un poco escondido, encontrará con Alvaro Forero encargado de grabar el audio y video de cada una de las sesiones plenarias del Senado.

El campanero lleva toda una vida en este ejercicio, llegó con el único propósito de retratar a los senadores para el periódico El Informador, donde se inició como reportero gráfico. Este samario, fotógrafo de profesión, nunca pensó cambiar su vieja cámara por una campana, pero así ocurrió.

“Paso muy temprano por cada una de las oficinas haciendo sonar la pequeña campana metálica. Si no lo hago con antelación

puede que se retrase la sesión”, señala, al tiempo que reconoce que senadores y representantes no son tan puntuales para asistir a las deliberaciones, salvo los debates en los que están sumamente interesados.

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Rojas es el encargado de organizar el protocolo con uno que otro consejo para los presidentes de la Cámara y los representantes que lo requieran.

“En ocasiones mi función es la de preparar a los representantes para que no se vayan a salir del protocolo durante las visitas de personas ilustres”, señala.

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Asimismo, hace 45 años llegó Forero como portero del Senado de la República, pero se quedó como grabador y encargado del sonido. En la actualidad se siente decepcionado porque ya no hay debates de mucha altura, como se presentaban en el pasado.

Estos tres personajes, aunque estén detrás de la labor de los legisladores, continuarán cada uno tratando de mejorar la imagen institucional, decaída por cuenta de las investigaciones de la parapolítica.

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