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Los argumentos de Íngrid

En entrevista con Darío Arizmendi para Caracol Radio y el Canal Caracol, defendió la decisión de buscar la conciliación con el Estado.

11 de julio de 2010 - 04:31 p. m.
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“La verdad es que los motivos por los cuales nos interesamos en este procedimiento de solicitar la conciliación eran relatarles a los colombianos lo que sucedió el día del secuestro y darles un espaldarazo a mis compañeros que presentaron sus demandas, abrirle el espacio a los que vienen y crear una conciencia para que el Estado les reconozca una reparación a quienes han tenido una situación análoga a la nuestra”.

De esta manera, Íngrid Betancourt argumentó, en entrevista al periodista Darío Arizmendi para Caracol Radio y el Canal Caracol, las razones de la solicitud de conciliación por más de $12.000 millones hecha al Estado colombiano por los daños económicos y morales sufridos durante sus seis años de secuestro, decisión que ha originado en el país una verdadera tormenta de críticas en su contra.

Betancourt señaló que las reacciones que se han dado tras su postura se deben a la manera como se ha presentado la información: “Si yo leo: ‘Íngrid está demandando por sumas millonarias a quienes la liberaron’, creo que reacciono igual. Hay una desinformación y distorsión de los hechos. No hay ninguna demanda contra el Estado colombiano, no hay ningún ataque contra el Gobierno que me liberó, ni contra el presidente Uribe, a quien le debo todo mi agradecimiento (…) no hay una demanda contra las Fuerzas Militares que me sacaron de las garras de las Farc. Los únicos culpables de mi secuestro son las Farc y quienes me liberaron son los héroes”, expresó.

La ex candidata presidencial —liberada en la ‘Operación Jaque’ el 2 de julio de 2008— explicó que el contexto en el cual se dio la solicitud de conciliación es que sus compañeros ex secuestrados la llamaron y le dijeron que como ya se iba a vencer el plazo para entablar dicha acción, les parecía importante que ella lo hiciera, para darle más relevancia: “En ese sentido, me pareció que era válido y legítimo presentar la solicitud de conciliación (…) ¿De qué se trata? No es una demanda pidiéndole millones al Estado, es la posibilidad de sentarse con él a exponer unos hechos y que diga si hay lugar o no a una indemnización”.

Sin embargo, a la pregunta sobre si ante una posible inconformidad frente a la posición final del Estado presentaría ahora sí una demanda, Íngrid Betancourt fue enfática en afirmar que no lo haría. Asimismo, calificó como “absurda” la suma que se ha solicitado en la conciliación, lo cual, a su vez, da a entender que se trata de algo simbólico. “Es muy difícil pretender tasar el sufrimiento de las familias víctimas del terrorismo (…)”, agregó.

Según Íngrid, desde el momento en que se dio su secuestro se dijeron una cantidad de cosas sobre la manera como se habían dado los hechos, las cuales ella nunca tuvo la oportunidad de explicar. “Se me trató como una persona imprudente y loca (…) Parte del resarcimiento moral es que se conozca la verdad y pienso que lo que me sucedió a mí no puede volver a suceder. Es importante que los ciudadanos tengamos la oportunidad de hablar con el Estado colombiano, explicarle cuándo hay fallas del servicio y que lo sucedido no es correcto (…) Fue en ese sentido que se presentó la solicitud de conciliación”.

Precisamente al referirse al momento de su secuestro —ocurrido en febrero de 2002, cuando en plena campaña presidencial decidió ir por tierra hasta San Vicente del Caguán, ignorando las advertencias sobre los riesgos por la presencia de las Farc en la recién terminada zona de distensión—, dijo que si el Gobierno sabía de la situación, nunca intentó detenerla.

“A mí me dijeron que fui irresponsable e imprudente. La decisión de ir la tomé con la información que poseía (…) Adicionalmente tenía a dos niños pequeños esperándome en mi casa y a mi papá enfermo. Yo no quería encontrarme en una situación de secuestro por seis años, nunca lo quise y eso es lo que pienso que se tiene que saber, porque los colombianos no saben que me quitaron los escoltas y que me impidieron llegar por otros medios a San Vicente del Caguán”, agregó, diciendo que no recuerda haber firmado documento alguno sobre las advertencias del Gobierno, como se ha dicho.

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Finalmente, aseguró tener un “pacto de sangre” con las Fuerzas Militares: “Adoro a mi patria. A nadie le puede caber en la cabeza que yo pueda hacer algo contra ella. Las Fuerzas Militares fueron las que me trajeron a la vida (…) nunca se pensó en atacar a los que me liberaron”, concluyó.

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