En momentos en que prevalecen las conjeturas por el remezón que se vivió en los últimos días en la Casa de Nariño, tras la renuncia del general retirado Óscar Naranjo al ministerio del Posconflicto, y la de Néstor Humberto Martínez al ministerio de la Presidencia, este lunes se posesionó en su cargo el nuevo ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas. Sin duda una importante apuesta del presidente Santos para darle aire al proceso de paz con las Farc en La Habana, en momentos difíciles por cuenta de la reciente ofensiva del grupo guerrillero en varios departamentos como Nariño, Cauca, Norte de Santander, Putumayo, Caquetá y Guaviare.
Es que el expresidente de la Asociación Nacional de Industriales, Luis Carlos Villegas reúne hoy las características necesarias para cumplir con el objetivo del presidente Santos de recuperar el optimismo sobre las negociaciones y estabilizar las relaciones en el alto gobierno. No solamente es un hombre cercano al proceso de paz- fue negociador plenipotenciario del gobierno en la Habana en la primera fase- sino que también tiene peso político, goza de aceptación entre las Fuerzas Militares y constituye un vínculo fundamental entre el poder Ejecutivo y los poderes económicos.
La tarea, sin embargo, es compleja. Su antecesor, Juan Carlos Pinzón, de la entraña de Santos, cumplió un papel particular. Elogiado y criticado muchas veces, se caracterizó por utilizar siempre un lenguaje fuerte contra la guerrilla, que en ocasiones parecía incluso contravenir la postura del equipo negociador del gobierno en Cuba y del mismo Presidente. En enero pasado, por ejemplo, cuando el jefe de Estado ordenó a los negociadores iniciar la discusión del cese al fuego bilateral, el ministro Pinzón salió públicamente a señalar que el cese al fuego sólo debía darse tras la firma de los acuerdos finales. Una declaración que fue vista como una suerte de desautorización para tranquilizar a las tropas.
No obstante, fue precisamente ese lenguaje contundente el que ayudó a Pinzón a ganar simpatía entre la cúpula militar -al ser visto como una voz crítica dentro del mismo gobierno- y a sortear varias de las crisis que se desataron durante su gestión. Incluso hay quienes creen que Juan Carlos Pinzón se dedicó más a lanzar diatribas contra el proceso de paz que a planear y desarrollar estrategias militares que causaran un daño real en las filas guerrilleras y les impidieran reorganizarse. En otras palabras, entre sus críticos quedó la convicción de que la fuerza de sus palabras no se veía muy reflejada en sus acciones frente a la insurgencia.
«Le dio gusto a Uribe y al uribismo. Les dio gusto a los generales. Le dio gusto a Santos cuando los medios de comunicación destaparon los grandes escándalos al interior de las Fuerzas Armadas. Les habló duro a las FARC y las desafió de palabra cada semana y eso es muy popular en el país», señaló este fin de semana el analista León Valencia, al enfatizar que a Pinzón le quedaron muchas tareas por cumplir y que su reconocimiento como buen ministro se deriva de su capacidad para lograr un equilibrio y tener a todas las partes conformes. Lo cierto es que parte hacia Washington, a su nueva misión, dejando una buena imagen de leal escudero del presidente Santos.
Por eso para Villegas el reto no es menor, aunque cuenta en su favor con la experiencia. Su paso por el equipo negociador del gobierno de Andrés Pastrana en el Caguán – hizo parte de la comisión que acompañó a los jefes de las Farc en su gira por Europa- y sus casi 20 años al frente de la Andi, lo han curtido en el arte de la negociación. Además Villegas siempre ha sido cercano de los gobiernos y se ha movido en el poder. Fue Consejero Económico de la Embajada de Colombia en París, subsecretario de asuntos económicos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, secretario general de la Federación Nacional de Cafeteros, Viceministro de Relaciones Exteriores, secretario internacional del partido liberal, presidente de la Corporación Financiera de Occidente y miembro de la junta directiva de Ecopetrol.
Su carácter estratégico y diplomacia son las cartas que Santos usará a su favor para darle un respiro y un empujón al actual proceso de paz con las Farc. Y así lo hizo saber este lunes durante la posesión de Villegas en el ministerio de Defensa. «Hablar de paz y hacer la guerra al mismo tiempo requiere de una persona con las cualidades de Luis Carlos Villegas», aseguró el presidente al dejar claro que la prioridad del nuevo mindefensa será allanar el camino para el posconflicto. «Proyectar a las Fuerzas Armadas hacia el momento en el que logremos la paz y, al mismo tiempo, no bajar la guardia ni descuidarnos para poder lograr esa paz», puntualizó. Una labor en la que será fundamental el equilibrio entre la mano dura y la diplomacia.
Por su parte Villegas ha dejado claro que su línea no será la misma de Pinzón. El viernes pasado, por ejemplo, haciendo referencia a los recientes ataques perpetrados por las Farc, Villegas descartó la idea de que la oleada terrorista entorpeciera las negociaciones. «Si bien estos hechos recientes son absolutamente rechazables, tristes, que no se deberían repetir, no deben por el momento producir pesimismo en la negociación final», manifestó durante la última conferencia de prensa que ofreció como embajador en Washington. Un pronunciamiento que contrasta con el que hizo Juan Carlos Pinzón hace unas semanas sobre el mismo tema y en el que aseguró que los jefes guerrilleros tenían «mentalidad de burros».
En síntesis, más allá del enroque entre Pinzón y Villegas que se formalizó a partir de hoy, lo cierto es que el proceso de paz se encuentra en un punto de inflexión y este es un momento crucial para las negociaciones que definitivamente requieren una nueva perspectiva. Además, ad portas de cumplirse un año de su segundo mandato, el presidente Santos necesita poner la casa en orden y rodearse de personas de su entera confianza con miras a un eventual acuerdo de paz. Falta ver qué cambios en la cúpula militar traerá la llegada de Villegas a una de las carteras más importantes del país. En ese tema ya abundan los rumores de que las modificaciones vienen pronto.