A muchos los tomó por sorpresa pese a las críticas que tuvo durante su gestión, pero su partida ya estaba premeditada desde principio de año cuando el presidente Álvaro Uribe Vélez le ofreció la Embajada de España. Él se negó porque su meta era concluir la legislatura y dejar el cargo.
Así lo confirmó a la salida del Ministerio, “mi tarea ya está cumplida, llegó el momento de hacerme a un lado”. Su vehemencia en la defensa de las ideas uribistas había sido la constante desde su figura de senador de la República, donde fue autor y ponente del proyecto que hizo posible el segundo mandato del Presidente.
En el gabinete sus dos acciones determinantes como Ministro fueron, primero, hundir la reforma política que cursaba en el Congreso y que buscaba la silla vacía desde la captura. Cumplió con la orden del Gobierno, pero algunos piensan que su acción no lo dejó muy bien parado frente a la opinión pública.
El segundo hecho, definitivo en su renuncia, fue su intento fallido de echar para atrás la ley de víctimas que en contra de la orden del Gobierno pasó su segundo debate. La interpretación de lo ocurrido es que Holguín fue desautorizado por la presidenta del Congreso, Nancy Patricia Gutiérrez, y otros miembros de la coalición uribista que apoyaron la iniciativa de los liberales. Sólo logró el control de los conservadores.
Antes de irse consolidó la lista de la Comisión de Notables que tiene la tarea de presentar la reforma el próximo 20 de julio. En su condición de Ministro enfrentó varios debates de control político. El Senado lo citó para que explicara cómo iban los procesados en justicia y paz que han admitido la comisión de estos delitos. Luego enfrentó otra polémica por la propuesta de acabar con partidos involucrados en la parapolítica, pero que contribuyeron en la reelección presidencial.
La expectativa es si el ex ministro se suma a la lista de presidenciales para 2010. Sus palabras sembraron la duda, “no descarto la política. Estoy disponible para el partido, país y familia”.