Antes de llegar al Congreso, Ariel Ávila era uno de los analistas de seguridad y conflicto más consultados en el país. Esto lo llevó a ganar el reconocimiento que lo llevó al Capitolio. A pesar de su cargo como senador, Ávila retomará su labor para lanzar en los próximos días el libro “El mapa criminal en Colombia”. Dicha publicación hablará sobre el estado de la violencia actual en el territorio colombiano y los retos que tendrá el gobierno para llegar a lo que han denominado “la paz total”. Aprovechando la publicación, el senador habló de estos temas y de la actualidad del conflicto en Colombia.
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¿Qué se van a encontrar los lectores de su libro?
Se van a encontrar un mapa de las organizaciones criminales y los grupos armados ilegales que hay en Colombia, ¿cuál es el estado de la seguridad en Colombia? Se van a encontrar con un ABC. Lo segundo que se van a encontrar son los retos de la paz total y qué significa. Lo tercero que se van a encontrar es un balance de los últimos seis años después de la firma del acuerdo con las Farc y de cómo se fue deteriorando la seguridad.
En el lanzamiento de su libro contará con la presidencia del expresidente Juan Manuel Santos y el exlíder negociador y ahora senador, Humberto de la Calle. ¿no cree que en este proceso de la paz total se ha ignorado estas voces?
Yo siento que el avance del acuerdo de paz entre las Farc y el Estado fue un importante logro, pero faltó lo del Eln y el sometimiento a la justicia, que incluso el expresidente Santos intentó avanzar pero todo se truncó. Yo creo que a Gustavo Petro le haría bien escuchar las experiencias de paz de esos dos líderes.
Ya que habla del mapa criminal, ¿qué fue lo que pasó para que usted en su libro registre un aumento exponencial de grupos en tan solo seis años?
La gran conclusión del libro es que Colombia está cerrando un ciclo de violencia política de 70 años con el Eln, ya lo había cerrado casi a totalidad con lo de las Farc. Pero a medida de que se ha cerrado este ciclo, se ha venido abriendo otro ciclo, que ya no es una violencia política sino criminal. Entonces lo que Colombia encuentra hoy es con un cierre y la apertura de un nuevo ciclo. Esto de la violencia no se ha cerrado debido a que durante la administración Duque hubo una lectura ideológica de la seguridad y se cometieron múltiples errores, no hubo ni una política de paz ni de seguridad y entonces todo le falló; también hubo una tormenta perfecta en el mundo para que creciera de forma exponencial las economías ilegales: la pasta de coca pasó de $1.200 a casi $3.000 y el precio del oro ilegal se subió. Eso es lo que llamo la tormenta perfecta. Además se falló en la ocupación territorial de las zonas en las que estaba las Farc. Y nunca pudimos limitar las economías ilegales. Todo esto es lo que lleva a que estemos abriendo un nuevo ciclo de violencia.
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¿Entonces hubo una gran responsabilidad del gobierno Duque?
El gobierno Duque pudo haber hecho más y no lo hizo. También es un mensaje para el gobierno Petro de que no se deben tener lectura ideológica de la seguridad. Para que vean, el Eln es solo responsable del 12% de las acciones criminales en Colombia y las organizaciones criminales son responsables del 60%. Es mucho más importante, en términos de violencia el sometimiento a la justicia que las negociaciones de paz aunque también hay que decir que es más importante en cuestiones políticas la negociación con el Eln porque se cierra un ciclo de violencia de 70 años. Hay que decirle a Petro que mire hacia atrás para que no cometa los mismos errores.
¿En qué afecta el panorama actual que no se haya terminado las negociaciones con el Eln en 2018?
El hecho de que no se hayan concluido y se hayan frustrado las negociaciones en el gobierno Duque fue algo que afectó mucho. Estuvimos a poco de haber cerrado este ciclo de violencia política de forma rápida y que el otro conflicto no se abriera de forma tan grande, pero no se pudo por el saboteo del gobierno Duque, pero ya pasó.
Usted registra en su libro más de 50 grupos criminales y el Eln, ¿se podrá lograr la paz y sometimiento con todos esos grupos?
Yo creo que vamos a lograr hacer la paz con el Eln. Creo que vamos a lograr hacer acuerdos de sometimiento con 10 o 12 organizaciones de alto impacto. Vamos a pasar de 300 municipios más afectados por la violencia a unos 100. Va a haber una mejora sustancial pero mejorar el fenómeno del todo no va a pasar.
¿Cree que la ley de “paz total”, de la que fue usted ponente, tienen las herramientas suficientes para lo que usted plantea?
Sí, yo creo que la 418 entrega los instrumentos jurídicos para adelantar los procesos. Obviamente debe haber una ley de sometimiento y otras cosas. Pero para arrancar los procesos sí se dan los elementos necesarios.
De acuerdo con su investigación, ¿cuáles son los retos que afrontará el gobierno para la paz total?
Yo creo que hay cinco retos grandes.Yo creo que el reto está en diseñar un modelo para la sustitución de economías ilegales y sacarle población dependiente. Yo creo que el secreto de lo bien o mal que nos pueda ir no está en la dejación de armas sino en crear un modelo para sustituir economías ilegales. El segundo reto es hacer coincidir en el tiempo el proceso de paz del Eln con procesos de sometimiento a la justicia. El tercer reto es crear un modelo de copamiento territorial que evite que se den rebrotes de violencia. Hay un cuarto reto y es explicarle a la gente por qué es importante el sometimiento, no solo el acuerdo de paz con el Eln y obviamente el último reto es que nada de lo anterior coincida con el calendario electoral. Eso sale mal, ya lo vimos en la época Santos.
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¿Qué papel van a jugar ustedes desde el Congreso?
Ya probamos la ley 418 de orden público. Básicamente estamos trabajando duro para que en febrero se presente la ley de sometimiento. Obviamente vendrá una ley nueva que tenga lo dispuesto en los acuerdos.
María José pizarro e Iván Cepeda están como negociadores con el Eln, ¿puede que usted tenga un espacio en otros diálogos?
Eso solo lo sabe el señor presidente. Mientras tanto estamos liderando con Roy todo lo demás que falta para “paz total”. Frente al equipo negociador con organizaciones criminales no hay aún pistas de tiempo o de quién vaya a ser parte. El presidente es el que tomará la decisión.
Con base a lo que usted dice en su libro, ¿cómo no repetir lo que ocurrió después de La Habana?
Es uno de los asuntos cruciales en esto. No puede pasar que se dé un brake en la construcción de la paz en este país. Eso significa que hay que lograr un acuerdo de Estado con el Eln y las otras organizaciones. No puede ser un acuerdo de gobierno. Debe haber un acuerdo con la posición para que haya unos mínimos de implementación. Hay que cumplir lo que se firma. Si se firma es para cumplir. Hay que hacer sostenible cada una de las medidas para la paz total.
Con los grupos que no negocien, ¿cuál debe ser la posición que se auma?
Esto es de zanahoria y garrote. La zanahoria es la “paz total” y quien no la quiera se le dará garrote. El grupo que sabotee esto, hay que perseguirlo hasta las últimas consecuencias.
¿Hay voluntad de paz en el Eln?
Yo creo que este primer año de negociaciones va a ser azaroso. Soy muy optimista, el proceso de paz con el Eln va a salir.