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¿Por qué cayó la imagen de Santos?

Mientras los reveses militares y el terrorismo afectan percepción de seguridad, los sondeos de opinión aún no registran los esfuerzos del gobierno por dinamizar empleo y construcción de vivienda.

08 de junio de 2012 - 04:46 a. m.
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Dicen que los políticos no gobiernan para las encuestas, pero nadie negará que les encanta sacar pecho cuando les va bien en ellas. Fotografías de un momento específico elaboradas con distintas estrategias de medición, las encuestas y los sondeos son herramientas válidas para tomarle el pulso a la conexión entre el gobernante y sus gobernados, útiles para identificar tendencias y, en muchos casos, hacer ajustes en la dirección del Estado. O en la estrategia para comunicar los avances en la ejecución de políticas públicas.

El caso del presidente Juan Manuel Santos no parece encajar en este último aspecto. Preocupado, como es por la difusión de sus actos de gobierno, cuenta también con un reputado equipo para tal fin. ¿Por qué, entonces, la investigación del Centro Nacional de Consultoría –elaborada para el Noticiero CM&- le dio el jueves una caída de 10 puntos en su más reciente medición de imagen y lo ubica en 71%, el nivel más bajo desde cuando asumió la Jefatura de Estado?

La imagen de Santos según la medición mensual de esa encuestadora ha presentado altibajos durante el año. No tiene la caída constante que en su momento evidenció la de Andrés Pastrana, ni permanece invariable como lo fue durante algún tiempo la de Álvaro Uribe. Santos arrancó el año con un 83% de favorabilidad y en febrero cayó a78%, para volver a subir en marzo (80%) y nuevamente descender en abril (75%). En mayo se trepó al 81% y ahora, en junio, tuvo su descolgada más grande, hasta el 71%. Como resalta el encuestador, ha perdido 12 puntos en el año. Esto quiere decir que entre enero y junio la imagen del presidente descendió 12%.

La muestra de mayo fue tomada durante el primer fin de semana de ese mes, en plena efervescencia del repudio nacional al secuestro del periodista francés Romeo Langlois por parte de las Farc y justo cuando las exigencias de inmediata e incondicional liberación que hiciera el gobierno recibían respaldo unísono en el país y la comunidad internacional. De hecho, durante esos días fue también cuando Santos decidió sacudirse de la andanada que Uribe había desatado contra su gobierno a través de Twitter. En menos de dos días, tres ministros le respondieron a Uribe sobre cuestionamientos a los gastos del país para la cumbre de las Américas de Cartagena, la moral de la tropa en la guerra contra las Farc y hasta el manejo de la economía. Lo orden que habían recibido de Santos era no callarse más cuando consideraran que eran atacados por los medios de comunicación con argumentos equivocados o tendenciosos. A juzgar por los resultados, la estrategia santista funcionaba.

Pero la situación cambió pronto. Entre el 5 y el 7 de junio vino la medición que refleja la nueva caída en la imagen del presidente. Fue elaborada también de manera telefónica, con 995 entrevistas -de 10 preguntas cada una- a personas de 37 ciudades, incluidas las principales capitales del país. ¿Qué fue entonces lo que pasó?

Que el clima político varió. Entre la penúltima y la última encuesta ocurrieron sonados casos que calaron en el imaginario del ciudadano sobre la situación actual del país. El más importante fue sin duda el atentado contra el ex ministro Fernando Londoño, que cobró la vida de dos de sus escoltas y cuyas imágenes de dolor le dieron la vuelta al mundo. Como es sabido, el terrorismo tiene la habilidad de cambiar tendencias político-electorales y esta no fue la excepción.

Por si fuera poco, la semana siguiente vino el ataque de las Farc que cobró la vida de 12 militares en la frontera con Venezuela, hecho que volvió a poner sobre la mesa el debate en torno a la lucha contra la guerrilla y la colaboración con el país vecino. Por las vías de la diplomacia el gobierno se las arregló para conseguir un pronto repudio al hecho violento por parte del gobierno Chávez, aunque en algunos sectores políticos se sigue poniendo en duda la efectividad de su colaboración para evitar que la subversión colombiana use al vecino país como refugio tras la comisión de acciones armadas.

El efecto en las encuestas no podía ser más claro en un país en el que el orden público pone y quita presidentes: el 65% de los encuestados señalaron que la percepción de seguridad había empeorado.

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De colofón, estos acontecimientos coincidieron con el debate que sectores tan diversos como el uribismo y Human Rights Watch desataron contra el gobierno colombiano al considerar que la iniciativa de marco legal para la paz promovida en el Congreso era demasiado generosa con los grupos armados que cometieron delitos de lesa humanidad.

Hubo, por supuesto otros acontecimientos. El anuncio de la rebaja de $150 en el precio de la gasolina, la caída del precio del café a menos de US $2 en los mercados internacionales, el aumento del 50% en las importaciones de alimentos y la entrada en vigencia del TLC con Estados Unidos. Pero ninguno de ellos generó tanto impacto en la imagen del presidente.

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El que sí se hizo sentir fue el de los desastres por el invierno (otro tema sensible en el país), especialmente con el cierre de la vía Bogotá-Medellín por derrumbes. Según la encuesta, el 54% de las personas consultadas aprueba el manejo que Santos le ha dado a la emergencia invernal y un 42% la desaprueba y, sin lugar a dudas, hechos como el que las dos principales capitales estén incomunicadas ayuda a elevar el inconformismo en torno al tema.

Ese indicador podría mejorar en los próximos meses gracias a acciones emprendidas en tres frentes: el dinamismo en la entrega de ayudas a las regiones, la estrategia del nuevo ministro de Transporte para acelerar la ejecución de obras de infraestructura y el vuelo que está tomando el plan de viviendas que Germán Vargas Lleras lidera en la respectiva cartera.

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Los cacareados éxitos en la política de empleo aún no convencen del todo. Sólo el 43% del país los aprueba. Y ese es otro tema que el Gobierno debe cuidar, no sólo por lo que pueda pasar con las encuestas, sino porque cada vez es más inminente la llegada de los coletazos de la crisis europea, cuyos efectos se sentirán durante unos 12 o 18 meses, según ha informado el propio Ejecutivo.

Por Élber Gutiérrez Roa

Jefe de redacción y editor multimedia desde 2008. Fue editor político en Colprensa, Primerapágina.com, El Espectador, CM& y Semana.com. Ganó los premios de periodismo Rey de España (digital e investigación), SIP, Ipys-Tilac, Simón Bolívar y CPB. Máster en asuntos internacionales y especialista en asuntos políticos de la U. Externado. elbergutierrezr egutierrez@elespectador.com
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