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¿Qué tanto cambio se insinúa en el Gobierno “del cambio”?

Es temprano para balances, pero hay señales que van marcando el rumbo, y si bien se han tomado decisiones que riñen con el pasado, se repiten formas tradicionales de hacer política.

06 de septiembre de 2022 - 09:13 p. m.
Hace un mes, durante su discurso de posesión, Petro insistió en la paz, la igualdad, el cuidado de las poblaciones vulnerables y el cambio de la política antidrogas como algunas de sus principales banderas.
Foto: AFP - JOAQUIN SARMIENTO
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Ya pasó un mes desde que miles de personas se agolparon en la Plaza de Bolívar, en el centro de Bogotá, para presenciar la posesión del primer Gobierno colombiano con orígenes en la izquierda, encabezado por Gustavo Petro y Francia Márquez. La nueva administración representa una antítesis frente a quienes habitaron la Casa de Nariño, pero quizá 30 días es poco tiempo para evidenciar grandes transformaciones. Sin embargo, es el plazo preciso para hacer una primera medición de cómo se proyecta un Gobierno que venció en las urnas ondeando banderas del cambio. Y no como algo estético, sino de reformas estructurales y giros en las formas tradicionales de hacer política, en sintonía con lo que señalaron como “desigualdades históricas”.

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El cambio que se prometió fue generalizado, no solo desde el Ejecutivo. El Pacto Histórico, coalición que llevó a Petro a la Presidencia, fue también la gran vencedora de las elecciones legislativas de marzo, mediante una amplia y renovada alianza de fuerzas de centro-izquierda, en la que igual aterrizó uno que otro político tradicional. Con un discurso de reformar el Congreso lograron casi 50 escaños, pero el primer examen a este ente, del que hablaremos más adelante, en realidad no deja bien parados a quienes propusieron dar un salto de calidad en el debate parlamentario.

Otra cosa ocurre con el alto Gobierno. “Es la hora del cambio. Nuestro futuro no está escrito. Somos dueños del esfero y podemos escribirlo juntos, en paz y unión”, dijo Petro en su discurso de posesión en la Plaza de Bolívar. Y justo en el tema de la paz es donde se hace más evidente un cambio entre la anterior y la nueva administración. Mientras el gobierno Duque canceló los diálogos con el Eln y ralentizó la implementación del Acuerdo firmado con las Farc, el gobierno Petro se la está jugando de forma decidida por lo que bautizó “paz total”, que no es otra cosa que cerrar todos los conflictos armados, no solo con el Eln, sino con otros grupos armados. El más avanzado es el proceso con la guerrilla marxista, que incluso ya tiene a Cuba como sede para el reinicio de las conversaciones.

Más allá de las consideraciones individuales sobre si son o no decisiones acertadas, la orden de dejar de bombardear campamentos en los que haya certeza de la presencia de menores de edad, así como la de retirar a los bachilleres de la Policía de las conocidas como “zonas rojas” y buscar la modificación a la Ley de Orden Público, son determinaciones que dan muestras de un cambio en el tema de seguridad, o más bien de “un revolcón”, como lo califica Mauricio Jaramillo, docente de ciencia política en la Universidad del Rosario.

Para el analista, además de la paz y el orden público, hay otros temas “que confirman el talante de un gobierno de cambio”, como los anuncios en cuanto a asuntos energéticos que han estado a cargo de la ministra de Minas, Irene Vélez. “Pueden gustar o no, pero ahí hay un cambio”, añade Jaramillo, quien por otro lado resalta que por ahora el Gobierno logró espantar algunos fantasmas que se crearon en campaña. “En este mes no hemos visto caos, fuga de capitales, colas en aeropuertos y terminales, y en términos económicos se ha visto tranquilidad, que era un poco lo que se temía en la campaña”.

La conformación del gabinete era otro de los puntos en los que se preveía un cambio. Y aunque, en efecto, Petro “cumplió con su promesa de paridad”, según reconoce Juliana Hernández, directora de Artemisas y coordinadora de la campaña “Paridad ¡Ya!”, no hay duda de que este proceso estuvo marcado por la negociación con los partidos tradicionales que se acercaron al oficialismo una vez se conoció el veredicto en las urnas.

Además de eso, de acuerdo con Hernández, la expectativa es que la paridad “no solo se quede en ministerios, sino que se pueda trasladar a otros cargos, como viceministerios y direcciones administrativas”, algo que ya no depende de Petro, por lo que es donde se verá qué tan comprometido está el Gobierno con los temas de género y diversidad.

Pero en 30 días también hay cosas que desconciertan. Jaramillo y Hernández coinciden en el mal mensaje que envía la lentitud de algunos nombramientos claves, como las cabezas del ICBF o el DPS, en los que no es un secreto que hay pujas entre las fuerzas que conforman el Pacto Histórico. También desde Artemisas critican “la lentitud con la que avanza la creación del Ministerio de la Igualdad” y, en general, el poco espacio que han tenido temas como pobreza y migración en el discurso de Petro.

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Y es que no son pocas las voces que han cuestionado si de verdad este Gobierno significará un cambio, por lo que Juan Pablo Milanese, jefe del Departamento de Estudios Políticos de la Universidad ICESI, propone dar un compás de espera mayor para ver cambios significativos. “El primer mes tiene que ver con acomodarse en el nuevo escenario. Es un período de sedimentación y de ir materializando la distribución de espacios dentro del aparto estatal a la coalición que lo llevó hasta allí”, concluye.

En el Congreso no se pierden las formas

El Legislativo colombiano es la otra cara que tiene el nuevo Gobierno, pues allí se hizo con la mayoría necesaria para que las reformas que propuso desde la campaña presidencial puedan materializarse. Aun así, el cambio dentro del Capitolio no se ha visto muy fuerte y las tendencias a dejar la política tradicional no parecen estar entrando con la fuerza que se prometió, pues las alianzas políticas, tan criticadas por muchos de los nuevos congresistas en campaña, han sido constantes y se han visto en elecciones que se dan directamente desde el Parlamento. Los accidentados procesos de escogencia del contralor general y de los magistrados del Consejo Nacional Electoral (CNE) han sido los escenarios para que los partidos tradicionales puedan jugar con sus curules a favor de la nueva administración, pero con pedidos especiales.

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Los acuerdos entre las fuerzas políticas dentro del Capitolio, a veces criticados, han sido necesarios para favorecer algunos intereses del Gobierno, que sin esa “politiquería” no lograría tener el peso suficiente para avanzar en el Legislativo. Para Milanese, “esas transacciones son necesarias para el funcionamiento del sistema político”, y refiere además que “el Congreso siempre será un espacio de transacción y producirá la decepción de quienes esperan un cambio en las formas. Con todos los gobiernos hay una decepción por esas prácticas que estarán en cualquier Congreso”.

Aunque el tiempo no ha sido mucho, por lo cual algunos guardan posturas conservadoras a la hora de opinar sobre el trabajo en el Congreso, no se han hecho esperar voces poco alentadoras sobre un cambio real o al menos dentro de un futuro cercano, pues la política colombiana tiene unas dinámicas casi inamovibles. El Capitolio recibió a muchos nuevos congresistas que, hasta ahora, no han dejado ver mucho cómo será el debate y la toma de decisiones en el cuatrienio que recién empieza. Para Laura Wills, directora de Congreso Visible, si bien “los congresistas han estado muy activos con la presentación de proyectos, por ahora no han empezado las discusiones a profundidad sobre ninguno de los proyectos considerados fundamentales, entonces no sabemos muy bien qué va a pasar ahí en términos de procesos legislativos”.

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Por otra parte, señala la experta, aún hay algunas posturas decisivas que se develarán este miércoles, cuando los partidos tengan que definir ante el CNE su posición frente al nuevo Gobierno, es decir, si serán oposición, oficialistas o independientes. Para Wills, el Legislativo, en el que se han tenido que tejer alianzas para que Petro tenga una mayoría amplia, el Gobierno podría quedar en la cuerda floja si los liberales o los de la U retiran su espaldarazo, en cuyo caso el Pacto Histórico tendría que “hacer otras negociaciones cuando vayan a discutir las iniciativas”. En estos primeros días de trabajo en el Capitolio, dice Wills, “empieza a verse un poco la inercia de la política de este país y a mostrar que quizá la ‘gran agenda del cambio’ va a encontrar algunos obstáculos”.

Si bien la intención que han mostrado Petro y el Pacto Histórico ha sido la de hacer cambios, pues se les ha metido acelerador a reformas como la tributaria y a la Ley de Orden Público para dialogar con distintos actores armados, sí o sí tendrán que negociar con la política tradicional que se mantiene en el Capitolio. Pablo García Baccino, director de Análisis Político para América Latina de Directorio Legislativo, considera que “la única forma que el Gobierno tendrá durante los próximos cuatro años para impulsar designaciones o nuevas leyes es a través de la construcción de alianzas. Con esto en mente, si hay algo que se puede concluir respecto a la dinámica del Congreso para el cuatrienio, es que las negociaciones políticas, al igual que en el período previo, estarán a la orden del día”.

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Así las cosas, bien se puede decir que el cambio en el Congreso sigue en veremos, pero aún tiene una pequeña y frágil oportunidad de consolidarse y demostrar que sí es real y dependerá, en una gran medida, de la unidad que se demuestre. García Baccino cree que “esto es especialmente importante en un contexto donde la coalición legislativa de Petro ya ha comenzado a presentar ciertos desacuerdos”, por lo que una movida en falso dentro del Pacto o con los partidos aliados podría ser catastrófica para los intereses gubernamentales. Para el experto, “el costo de no respetar estos límites reglamentarios sería alto, pues obligaría al Gobierno a tener que volver a impulsar en el Congreso el debate de cualquier iniciativa”, lo que, además, “obligaría a tratar de crear nuevos consensos y a posponer la implementación del programa de reformas del presidente Petro, algo que eventualmente podría impactar sobre su imagen y apoyo social”.

Por Felipe García Altamar

Bogotano. Periodista de Uninpahu. Vinculado a El Espectador desde 2014. fgarcia@elespectador.com

Por Jhordan C. Rodríguez

Periodista y creador de contenido con más de cuatro años de experiencia cubriendo fuentes de poder político y judicial. JhordanR11 jrodriguez@elespectador.com
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