La lucha contra las drogas que inició en Estados Unidos hace 40 años, durante del gobierno del entonces presidente Richard Nixon, y de la cual Colombia ha sido un eje fundamental como punto estratégico de producción y tráfico de drogas, ha recibido una fuerte crítica de parte del Comité Global de Políticas Antidrogas, que calificó esta política como un fracaso. Sin embargo, en el país ya hay voces de rechazo a este informe y sostienen que es necesario continuar combatiendo el tráfico de estupefacientes y reclaman mayor compromiso internacional en esta lucha.
El primero en salirle al paso al calificativo “fracaso” de la lucha contra las drogas fue el ministro de Defensa, Rodrigo Rivera, quien aseguró en RCN Radio que “le hemos apostado a que el mundo sea tan duro como somos nosotros con este tema. El debate está abierto, pero la situación nuestra no se puede comparar con la del resto del mundo, acá no tenemos otra alternativa, en otros lugares puede ser un hecho de libre desarrollo de la personalidad, pero en un país como el nuestro, en el que el narcotráfico es el combustible de la guerra, debemos insistir en que el mundo debe ser tan fuerte y riguroso como Colombia”.
Para el Ministro de Defensa “esta es una lucha que deben asumir a conciencia todos los países del mundo y Colombia tiene toda la legitimidad para hacerlo. Si bien acá se producen estupefacientes, el consumo y el ingreso de precursores se da desde otros países. Las rutas por las que sale la droga son las mismas por donde entran las armas y el dinero sucio que es el que nutre la guerra”.
Por el contrario, el expresidente César Gaviria, uno de los miembros notables del Comité Global de Políticas Antidrogas, afirma que “la política de prohibición y criminalización del consumo de drogas ha sido un fracaso. Por eso es necesario experimentar con esquemas distintos a la simple negación y criminalización del adicto. Desde que se declaró la guerra contra las drogas cada vez es más claro que no hay resultados y el número de consumidores en Estados Unidos no ha cambiado en los últimos 20 años, no se puede seguir tratando al adicto como a un criminal”.
Pese al planteamiento de Gaviria, es claro que la política que ha implementado Colombia contra las drogas es la del combate al consumo, y así lo demuestra la normatividad aprobada en el Congreso. El año pasado, después de nueve intentos fallidos, fue aprobada la prohibición del porte y consumo de sustancias psicoactivas. Además, en el estatuto de seguridad ciudadana que cumplió su trámite ayer en el legislativo se contemplan drásticas sanciones para quienes comercien con estupefacientes, con el fin de combatir el denominado ‘narcomenudeo’.
Y es que en materia de informes las posiciones están encontradas, el primero de marzo de este año, el Gobierno Nacional celebraba que por primera vez en 10 años, las Naciones Unidas, a través de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), retiró a Colombia de la lista de países que requieren observación constante en materia de lucha contra la producción, tráfico y consumo de drogas.
Planteaba este informe que “la superficie total del cultivo ilícito de arbusto de coca disminuyó en América del Sur gracias a la considerable reducción registrada en Colombia, ya que entre 2008 y 2009 bajaron las hectáreas sembradas en cerca del 21%”.
Contrario a esto, el presentado por la Comisión Global de Políticas de Drogas, señala que “la lucha global contra las drogas ha fracasado, con consecuencias devastadoras para los individuos y las sociedades de todo el mundo. La escala mundial de los mercados de drogas ilegales -en su mayorías controlados por el crimen organizado- ha aumentado en forma dramática”. Y recomienda “terminar la criminalización, marginalización y estigmatización de gente que utiliza drogas pero que no causan daño a los otros”.
Así las cosas, tal como lo plantea Rivera, el debate está abierto y están sobre el tapete dos ópticas de la lucha contra la droga: el combate frontal por las vías legales y policiacas o la implementación de medias de control de consumo y resocialización de adictos.