Sin la presencia del jefe de Estado Álvaro Uribe Vélez comienza este martes en Guayaquil (Ecuador), la cita de emergencia de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), convocada por su presidente temporal, el mandatario anfitrión Rafael Correa.
La idea del encuentro es analizar la situación del grupo que, debido a problemas internos, se enfrenta a la posibilidad de que no se concrete la negociación comercial con la Unión Europea.
Aunque Uribe enviará una comisión de “alto nivel” para que lo represente en el evento, sin duda su ausencia evidencia que la crisis diplomática entre Colombia y Ecuador no sólo no se ha superado, sino que posiblemente está debilitando la CAN.
Al respecto, el canciller colombiano Jaime Bermúdez explicó que “una cosa es Ecuador y otra la CAN”. Según el alto funcionario, “el presidente Uribe no va a estar presente, pero sí Colombia. Lamentamos profundamente no asistir a Guayaquil, pero Uribe había aceptado de buena fe ir. Cuando le consulté, de inmediato y sin ninguna condición, me dijo: si eso contribuye a normalizar las relaciones, yo voy”.
Sin embargo, finalmente el Primer Mandatario decidió enviar a un grupo de expertos de la Cancillería para hablar de la negociación en bloque de los andinos con los europeos. “Esa es nuestra esperanza”, afirmó Correa recientemente.
El mandatario ecuatoriano reconoció los problemas de la CAN por cuenta de los continuos roces entre algunos de sus miembros. “Hay graves problemas en el interior de la CAN, por las diferentes visiones y comportamientos de sus integrantes”, aseguró.
Así las cosas, parece ser que el restablecimiento de las relaciones bilaterales con Ecuador tomaron un plazo indefinido. Sobre el particular, el Canciller Bermúdez dijo: “En este momento no me quiero anticipar al plan de acción. Lo más importante es tener cabeza fría, prudencia y paciencia”.
En eso coinciden los expertos internacionalistas consultados por El Espectador, quienes creen que pese a la importancia de la CAN, la decisión fue la más acertada pues, tal parece, la mejor fórmula para evitar enfrentamientos entre Uribe y Correa parece ser, “cerrar la boca”.
El ex canciller Augusto Ramírez insistió en la importancia de que los presidentes sean discretos, porque “cuando se pronuncian producen un corto circuito”.
En el mismo sentido, el senador del partido de la U, Jairo Clopatofsky, de la comisión de relaciones internacionales, cree que es mejor que el presidente Uribe haya enviado a funcionarios de alto nivel, ante el “alto resentimiento del presidente Correa”.
El detonante
Durante las dos semanas previas al encuentro, lejos de construirse un ambiente de acercamiento entre Correa y Uribe, hubo un cruce de declaraciones que produjo malestar entre los mandatarios. La primera se derivó de un confuso episodio. Fue la entrevista que Correa concedió al diario brasileño Folha, en el que se publicó que el presidente ecuatoriano habría dicho, al referirse al ataque al campamento del abatido jefe guerrillero alias Raúl Reyes, el pasado primero de marzo, que “ahí hubo una clara agresión deliberada y desleal al territorio ecuatoriano por parte de un país que no consideramos hermano, por parte de un Gobierno que no consideramos amigo”.
La declaración produjo una reacción inmediata de la Casa de Nariño, de donde se expidió un comunicado manifestando que el presidente Uribe cancelaba su viaje a Ecuador por considerar que no tenía las condiciones mínimas para hacer presencia en la cumbre.
Pero todo parecía ser un mal entendido, pues el diario brasileño reveló que había cometido un error de traducción y la declaración correcta de Correa era: “Ahí hubo una clara agresión deliberada, desleal al territorio ecuatoriano, por parte de un país que consideramos hermano, pero de un gobierno que considerábamos amigo”.
Acerca de la inasistencia de Uribe, Correa dijo: “Señor presidente, ¿no quiere venir al país? ¡No venga! No lo vamos a extrañar”.
Se espera que el tema se vuelva a tocar en la reunión de cancilleres, este miércoles, también en Ecuador.