Hace apenas unos días se hablaba de la posibilidad de que la llamada Unidad Nacional se reventara por el lado de los conservadores.Fue una semana de rebeldía azul y algunos dirigentes de ese partido, como el senador Roberto Gerlein, se atrevieron a pronosticar crudamente la fractura. Por eso, el presidente Juan Manuel Santos no tuvo más remedio que intervenir para calmar los ánimos. El lunes pasado, en una reunión privada con los descontentos, y el martes dio las últimas puntadas de unificación al encontrarse con toda la mesa de la Unidad Nacional en la Casa de Nariño. La mediación surtió efectos. Liberales, conservadores, Cambio Radical y la U —cuatro partidos diferentes entre sí— salieron frente a las cámaras nuevamente como un equipo y callando los rumores de división. Las palabras de Santos fueron contundentes: “Quiero resaltar y agradecer a los presidentes de los partidos y a los partidos el espíritu de unidad que se mantiene incólume y que nos va a permitir que este país siga viendo su futuro con gran esperanza y optimismo. Juntos y unidos vamos a seguir trabajando por este país”. No obstante, para llegar a la reconciliación transcurrió una reunión de tres horas de desahogo a puerta cerrada y de muchos compromisos y balances en el Legislativo: qué está en trámite, qué se ha hecho en sesiones extraordinarias y cuáles son los desafíos de los próximos meses. El presidente, después de calificar como “formidable” el trabajo de los congresistas, dijo estar convencido de que el trabajo va a continuar con la misma intensidad: “Hay que evacuar lo más pronto posible los actos legislativos que ya están en trámite, leyes tan importantes como la de víctimas, restitución de tierras y plan de desarrollo”, aseguró, al término de un desayuno que se consideró como el despegue del primer período legislativo de 2011.