Hay presagio de tormenta. La agenda oficial dice que 60 de los más importantes líderes del mundo se reunirán durante dos días en Lima, Perú, para hablar de soluciones a la pobreza, al calentamiento global y a la crisis de alimentos. Sin embargo, mucha agua corre bajo el puente luego del informe que sobre los computadores de Raúl Reyes diera a conocer ayer la Interpol, y de las declaraciones que en ese sentido han dado los mandatarios de Colombia, Ecuador y Venezuela. Eso, sumado a los conocidos antecedentes de hostilidad entre estos tres presidentes, indica que en este nuevo encuentro cualquier cosa puede pasar.
Por lo menos, a eso apuntan muchos análisis. La V Cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de América Latina, el Caribe y la Unión Europea, ALC-UE, llega en un momento de total tensión por varios temas que tienen que ver con el conflicto colombiano.
Por un lado, luego de un corto período de inesperado silencio, Hugo Chávez, de Venezuela, arremetió nuevamente contra el presidente Álvaro Uribe, al que acusó de “querer una guerra” entre vecinos para justificar “una intervención de Estados Unidos” en su país. Además, y como es ya común, el mandatario no ahorró adjetivos. A los datos encontrados en el computador del fallecido jefe de las Farc, que evidencian supuestos nexos entre su gobierno y el grupo ilegal, los calificó de “ridículos”.
Otro tanto hizo el jefe de Estado ecuatoriano, Rafael Correa, quien acaba de terminar una gira por Europa, en la que expuso su versión de los hechos que desencadenaron la crisis diplomática con Colombia.
Correa, también señalado por el Gobierno colombiano de apoyar a la guerrilla, se reafirmó en sus aseveraciones recientes, en las que desestimó el papel de la Interpol, en el tema de los computadores.
Por su parte, en las últimas horas el presidente Uribe ha vuelto a hablar sobre los secuestrados. Entre otras cosas, anunció que aprovechará la Cumbre para referirse a los “facilitadores autorizados” por él para gestionar un eventual acuerdo humanitario, en lo que parece ser una clara alusión a Correa, quien se reunió en Francia con los familiares de Íngrid Betancourt y les ofreció ayuda para su liberación.
Así las cosas, está claro que la reunión de líderes será tensa. Según el analista Enrique Serrano, Uribe tiene la ventaja de llevarse bien con la mayoría de los mandatarios que se harán presentes. Lo contrario sucede con Chávez, quien recientemente tuvo un roce con Ángela Merkel, jefe del gobierno alemán, sólo por mencionar un caso.
Además, explica Serrano, la ciudad de Lima es propicia para un ambiente de neutralidad. El presidente anfitrión, Alan García, no ha tomado ningún partido en las fricciones entre los tres países vecinos y, de ser necesario, podría asumir el papel que desempeñó el primer mandatario de República Dominicana, Leonel Fernández, en la Cumbre de Río.
Hay análisis menos optimistas, como el que hace la observadora internacional Laura Gil, quien opina que el encuentro “se lo tomó” el informe de los computadores y que, a pesar de no tener “de dónde agarrarse”, Chávez y Correa se distinguirán por una marcada beligerancia y seguro no ahorrarán pullas para Uribe.
De acuerdo con fuentes oficiales, el mandatario colombiano tendrá ocho reuniones bilaterales con los presidentes García, de Perú; Evo Morales, de Bolivia; Ángela Merkel, de Alemania, y con el canciller francés, Bernard Kouchner, entre otros. La idea es ratificarles su petición para que ningún país del mundo apoye o justifique el terrorismo de las Farc. También explicará en qué consiste exactamente la llamada “localización humanitaria” de rehenes.
Al respecto, el esposo de Íngrid Betancourt dijo a El Espectador que “nunca ha podido entender” el término y que espera que “no se ponga en riesgo” la vida de su esposa. “Ojalá que el de los secuestrados sea un tema central en este evento”.
Posiblemente así será. Lo que queda por preguntarse es si en el encuentro, que comienza hoy, se darán los abrazos, las sonrisas, las promesas de mesura y los apretones de mano que marcaron la Cumbre de Río, en República Dominicana.