Aunque el presidente Álvaro Uribe diga que “no será un obstáculo para las candidaturas que están hoy irrumpiendo en el país”, y una y otra vez insista en que lo que se debe reelegir es la seguridad democrática, la confianza inversionista y la cohesión social, todos los caminos que hoy se plantean en el escenario político del país conducen a su continuidad en el poder en 2010.
Porque más allá del referendo, la depuración del censo electoral, la elección de dos nuevos magistrados en la Corte Constitucional que garantizan la mayoría uribista y, si se quiere, la inclinación de Cambio Radical a ese propósito, comienza a gestarse desde el Congreso de la República una nueva movida: un proyecto de acto legislativo que, sin titubeos ni medias tintas, pone sobre la mesa esa segunda reelección inmediata.
Fue el senador del Partido de la U Jorge Visbal Martelo, quien en una reunión de congresistas de la coalición, el pasado miércoles en la presidencia del Congreso, lanzó la propuesta, la cual, según dice, tuvo “bastante” acogida. “Creo que debemos tener otra posibilidad, buscar un plan B, en caso de que la oposición gane en su estrategia de hacer fracasar el referendo”, reconoce el mismo Visbal Martelo.
Se trata pues de la primera vez que alguien reconoce de frente el cambio, otra vez, de un ‘articulito’, sin la necesidad de preguntarle al pueblo directamente en las urnas. Lo que había antes era una sombra de rumores sobre la posibilidad de que el Gobierno tratara de hacer un ‘gol’ con el proyecto de reelección indefinida de alcaldes y gobernadores. Dicha opción ha sido negada enfáticamente por el ministro del Interior y Justicia Fabio Valencia Cossio.
Así las cosas, lo que para algunos resulta evidente, es que el Gobierno y el uribismo perdieron ya el pudor en lo que tiene que ver con otra reelección para el Primer Mandatario. Dice, por ejemplo, el ex presidente Ernesto Samper que si bien el referendo es ya un hecho político, no es sin embargo un hecho jurídico hasta que no lo apruebe el Congreso y lo considere la Corte Constitucional, y mucho menos un hecho electoral hasta que no lo voten más de siete millones de colombianos.
Por todo eso, lo de un acto legislativo no resulta descabellado. Samper, sin embargo, es claro al hablar de esa posibilidad: “No tendría la misma legitimidad que el referendo y se trataría simplemente de un golpe de estado del Congreso a la Constitución. Además, yo no sé si el tiempo les alcanzaría, porque tendría que pasar ocho debates más el control de la Corte”.
Eso de los tiempos parece no preocupar a los reeleccionistas. En este caso el uribismo está dispuesto a aplicar aquello de que ‘el fin justifica los medios’. El analista político Alejo Vargas hace cuentas: “Lo aprueban en primera vuelta de aquí a junio. Arranca la segunda el 20 de julio, apuran el paso y lo sacan entre septiembre y octubre. Y la Corte define su viabilidad entre noviembre y diciembre”.
Vargas es de los que piensan todavía que la coalición puede intentar hacer algo en el proyecto de alcaldes y gobernadores, que por cierto plantea reelección indefinida, incluyendo un artículo al estilo de Hugo Chávez en Venezuela: que diga que todos los funcionarios que aspiran producto de una elección popular pueden ser reelegidos.
Pero, ¿hasta cuándo podrá el presidente Uribe alargar la espera de decir si sí o no le interesa otro período? Para la senadora de Cambio Radical Elsa Gladys Cifuentes, una de las presentes en la reunión del pasado miércoles en la que se habló del acto legislativo, lo que se está haciendo por parte de la coalición es enviarle señales al jefe de Estado para que se dé cuenta de que hay un uribismo “consolidado” y dispuesto a sacar adelante las iniciativas que impliquen la consolidación de su política de seguridad democrática.
“En estos momentos la palabra la tiene el señor Presidente. Supongo que él prefiere ser discreto para que después no digan que está utilizando el poder para hacerse reelegir, pero creo que ha visto esa voluntad de la coalición, que lo está rodeando y le está facilitando el camino”, agregó.
Sin embargo, Alejo Vargas ve en el silencio presidencial una estrategia diferente: “Él está calculando muy bien y mantener la actual situación le permite, en el momento en que no se le puedan dar las cosas con lo del referendo o con cualquier otro proyecto, decir que nunca dijo nada, que las ideas fueron de sus amigos, y así quitarse de encima el costo político. Mejor dicho, Uribe dirá que a él lo esculquen, lo cual me parece una posición muy cómoda”.
A su vez, el senador liberal Héctor Helí Rojas considera que el Presidente tiene un límite para decirle al pueblo si quiere o no quiere la segunda reelección: “Todos sabemos que lo del referendo sólo le sirve a Uribe porque ningún otro ex presidente ha ocupado el cargo dos veces. Ya es justo que diga si quiere o no. Las mayorías uribistas están muy soberbias a sacar adelante el proyecto”.
La realidad política deja entrever, además de la soberbia a la que se refiere Rojas, una especie de temor de que el referendo reeleccionista no pase prueba del Congreso. De ahí la movida —con exigencia de por medio del contralor Julio César Turbay al registrador Carlos Ariel Sánchez— de depurar el censo electoral, con lo cual requeriría menos votos en las urnas para ser aprobado. Miedo que crece cuando más de uno, como el ex presidente y jefe liberal César Gaviria, asegura que, cambiar el texto de la pregunta —como lo piensan hacer los ponentes en la Comisión Primera del Senado—, es un error que implicará su hundimiento en la Corte Constitucional.
O cuando se menciona el obligado paso de la conciliación con la Cámara, donde la sartén por el mango la tiene el presidente de esta ala legislativa, Germán Varón Cotrino, de Cambio Radical. Y se escuchan declaraciones que suenan a advertencia, como las del representante Carlos Fernando Motoa, también de Cambio Radical: “La Cámara tomó una decisión y la va a defender”.
Este sábado, el presidente Álvaro Uribe participaba de un foro previo al Congreso Nacional del Partido de la U, el que se ha echado en hombros la búsqueda de su segunda reelección. Allí sería recibido con pancartas pidiéndole que se lance para 2010. A pesar de la ‘encerrona’, no se esperaba ningún pronunciamiento del Primer Mandatario al respecto, más allá de “no ceder ni un milímetro a los terroristas”.
Referendo, acto legislativo, voluntad del pueblo, realidad política. Son muchos los términos que se invocan y todos conducen a un sólo propósito: la segunda reelección del jefe de Estado. Y aunque éste siga guardando “prudente silencio”, como dice, lo que resulta evidente es que el pudor ya se perdió y que el ejército uribista apunta a esa conquista.
La realidad del referendo y el censo electoral
Aunque hay muchos uribistas que dan por descontada la aprobación del proyecto de referendo en el Congreso de la República, ese optimismo se convierte en incertidumbre cuando se habla de la meta que se debe cumplir directamente en las urnas. Según el censo electoral hoy, existen en el país 28’743.451 ciudadanos habilitados para votar y la ley dice que la iniciativa popular requiere el 25% de esa cifra para lograr su aprobación, es decir, 7’186.000 votos.
Dicha cifra podría incrementarse teniendo en cuenta que, según el registrador nacional, Carlos Ariel Sánchez, Colombia tiene una tasa de crecimiento de población del 2% al año, lo que implica que al momento de realizarse el referendo, el censo electoral podría estar por los 29’000.000 de votantes. Estas cifras explican el afán de la coalición uribista para que se depure el censo, para lo cual, según Sánchez, se requieren cerca de $40.000 millones.
Reelección, ¿una causa común?
El congreso nacional del Partido de la U, que se realizaba el sábado en Bogotá, tenía como objetivo definir la estrategia de apoyo a una segunda reelección del presidente Uribe, vía referendo o acto legislativo. Aunque el silencio del Primer Mandatario sobre el tema sigue, hay quienes interpretan la llegada del ex comisionado de Paz Luis Carlos Restrepo a la presidencia de esta colectividad como una clara señal de las ganas de continuidad. Otro aviso, dicen en el Congreso, es la petición que el pasado fin de semana le hizo a su Partido, el Conservador, el presidente del Congreso, senador Hernán Andrade, de cancelar la consulta interna y sumarse, de una vez, al proyecto reeleccionista.