El 13 de junio de 1953, sin saberlo, terminé siendo el técnico de vuelo del avión que trajo al general Gustavo Rojas Pinilla al poder. El viaje de Melgar a Bogotá fue la antesala del golpe de Estado. Yo, Rafael Álvarez, un técnico de vuelo, absolutamente anónimo, acabé siendo testigo de primera mano de uno de los episodios más importantes de la historia política de Colombia.
Tenía 23 años y llevaba siete trabajando en la Fuerza Aérea. Ese día llegué a la base de Madrid para hacer un entrenamiento de vuelo. El piloto era un capitán Ángulo y el copiloto, un teniente Falla. El avión era un DC 3, de matricula FA 673.
Una vez despegó el avión nos avisaron que teníamos que ir a recoger a un general en Melgar, pero no sabíamos bien a qué íbamos. Una vez aterrizamos en la base de Tolemaida se subieron como 30 soldados con un teniente, María Eugenia, la hija del general, y el mismísimo Roja Pinilla.
Cuando iba a cerrar la puerta para emprender el decolaje, oí que el General le dijo a un capitán: fulano de tal, dígale al Mayor, que las Fuerzas Militares se tomaron el poder. Ahí pensé: estamos metidos en la grande. Cerré la puerta y el general se sentó en el puesto que era para el técnico de vuelo. Él se sentó junto a un señor que era quien planeaba las cosas, pienso yo, porque hablaban mucho.
Ya en el aire me puse de pie en medio de los dos pilotos, entonces comentamos que no entendíamos cómo íbamos en ese paseo, porque entendíamos que nos estábamos metiendo en la dura sin saber. Entonces Rojas vio que estábamos charlando, me llamó y mandó a María Eugenia a que se hiciera donde yo estaba para que no habláramos.
El general me preguntó: “¿Porqué estamos dando vueltas?”, y yo le dije “Porque estamos tomando altura” y cuando el avión tomó rumbo, me preguntó “¿Cuántos grados cogimos?” y yo miré la brújula y le dije… tantos, y se quedó tranquilo.
Él iba hablando con sus secretarios y entre las cosas que decían oí al general decir: “Ahora sí vamos a ver si es que Laureano nos domina a mendrugo o a látigo”. También dijo que había que quitarle la censura a la prensa y así la mayoría de periódicos los iban a apoyar.
Cuando el general vio que estábamos llegando, me dijo “Hagan una resaltada por techo para mirar a ver qué hay”. Pasamos volando bajo y vi una escuadra de soldados y Rojas dio la orden, “Aterricen”. Entre lo que charlaban antes del aterrizaje, era que de pronto la Policía no estaba de acuerdo, entonces ellos tenían miedo de que hubiera francotiradores esperándonos. Pusieron un mortero a cada lado.
Aterrizamos y los soldados salieron para hacer la calle de honor. Estaban el general Piedrahíta, comandante de las Fuerzas Armadas, y el coronel Powells, comandante de la Fuerza Aérea, y otros altos mandos. Ellos se subieron en una caravana de carros y se fueron. Yo me fui a contarles a mis papás lo que me había tocado vivir y para que ellos supieran que su hijo había traído al general Rojas Pinilla el día que se tomó el poder.
El General Gustavo Rojas Pinilla
En tiempos en que el país se batía en la última gran guerra civil, conocida como la Guerra de los Mil Días (1899-1902), nació el general Gustavo Rojas Pinilla (12 de marzo de 1900), quien fue uno de los políticos más polémicos del siglo XX colombiano.
Militar, ingeniero civil y Presidente de la República, Rojas se constituyó en una de las figuras más enigmáticas de nuestra historia, pues a pesar de ser militar y de dar un golpe de Estado el 13 de junio de 1953, de un ala de sus seguidores, conocido como la Alianza Popular Nacional (Anapo), nació el M-19, movimiento guerrillero que se levantó tras las elecciones presidenciales del 19 de abril de 1970, en las que perdió con Misael Pastrana Borrero. Los rojistas adujeron que las elecciones habían sido fraudulentas y una facción se levantó en armas contra el Estado. Rojas Pinilla fue conocido también por sus obras: construyó el aeropuerto Eldorado, la calle 26 y trajo la televisión a Colombia. Finalmente, murió en su finca de Melgar el 17 de enero de 1975.