Lucho Garzón dice que es carreta que haya calentado silla en 2013. El ministro consejero para el Diálogo Social, que cada tanto en su blog defiende con vehemencia y desparpajo al Gobierno, sostiene que el proceso de paz ha desplazado el conflicto armado para darle un especial protagonismo al conflicto social, cada vez más complejo y polarizado. Por eso cree que el expresidente Álvaro Uribe está ebrio de odio y le está haciendo mucho daño a la institucionalidad. También, en diálogo con El Espectador, cree que el Gobierno tiene deudas grandes, entre esas un referendo a la oposición que a su juicio se debió construir con el Polo y no con las Farc en La Habana.
¿Cree que la izquierda y la derecha en el país están cada vez más parecidas?
Pues al menos en que no reconocen nada. Hay una izquierda contestataria que es anti todo. Y la derecha sí es que definitivamente ya llegó a niveles de odio. Incluso incorpora ese odio a gente que no considero que sea ni demagoga ni populista, como Óscar Iván Zuluaga. Aclaro que hablo del que conocí, no del que voy a conocer en campaña. En el fondo estoy defendiendo con vehemencia un Gobierno al que entré no por desprogramado ni por oportunista, sino por convicción, por la paz.
Concretamente, ¿qué le reprocha al expresidente Álvaro Uribe?
Lo que veo del expresidente Uribe es que está generando una gran confusión y un gran desconcierto. Está en su derecho de aspirar al umbral políticamente, y es un hombre que tiene mucho coraje, pero está haciendo mucho daño, generando siempre confusión. Por ejemplo cuando habla de cifras no habla de ellas como son. Él no puede poner en duda lo que él mismo creó. No se puede poner en duda lo que el Ejército y la Policía están diciendo. Está mandando tiros que buscan quebrar la confianza en el Estado.
¿Entonces cree que Uribe está pintando una hecatombe que no existe?
Da la impresión que para él la hecatombe es cuando él no gobierna. A Uribe el país le reconoce grandes méritos, pero en su afán de reprochar lo que no es a imagen y semejanza de él se ha equivocado y ha sido injusto.
En ese sentido, ¿cree que “los ubérrimos”, como les dice usted, están manejando la política ebrios de odio?
Pues juzgue usted misma, en los trinos de fin de año del expresidente no hubo ni un feliz año. Ni en esas fechas tuvo cese al fuego en los trinos. Lo importante es que en el camino de la paz uno tiene que tratar de seducir a la extrema izquierda, como lo está intentando el presidente Santos con las Farc, y tiene que seducir a la extrema derecha. Y seducir a la extrema derecha es decirle al expresidente Uribe: “Esto es suyo, es parte de una experiencia que usted fortaleció, entonces cóbrelo en vez de estar agrediendo permanentemente”.
¿Algún otro consejo para el expresidente?
A mí que me costó políticamente mucho el tema de la beodez por razones de que no supe conducir la lengua, por eso también tengo que decirles a todos los que están ebrios de odio que conduzcan bien, sobre todo la oposición. Estamos de acuerdo con ella, jueguen duro, hay muchas cosas para confrontar al Gobierno, pero a nadie le quita nada si reconoce algunos resultados.
Hablando del tema de paz, que como dice sigue siendo su razón de permanecer en el Gobierno, ¿cree necesaria la reelección del presidente Santos para firmar un acuerdo con la guerrilla?
Hoy defiendo lo que ha hecho Juan Manuel Santos I, lo que haga Juan Manuel Santos II no sé. Sólo sé que los demócratas y la paz necesitan un presidente de la República que el 2 de julio les diga en la posesión: Vamos a hacer una reforma política profunda, donde las regiones tengan un papel prevalente y recuperen su autonomía, donde la manera de hacer política no sea financiada por sectores privados, donde se haga una reforma política profunda y los partidos sean compactados. También una reforma a la justicia que de verdad genere credibilidad en esta rama y una reforma rural de fondo para que los campesinos y los empresarios puedan tener un punto de encuentro. Al mismo tiempo que diga que la paz es una política de Estado. Voy a votar por ese.
Eso como ciudadano, pero como funcionario, ¿ya está montado en el carro de la reelección?
El pase hoy es del presidente, pero es transferible por cualquier lado, o lo transfiero yo o lo transfiere él. En este momento no estoy pegado de la burocracia. Me ha tocado un año que si bien en 2013 en El Espectador dije que estaba calentando silla, no hubo tiempo para estar sentado. Lo que hubo fue un movimiento telúrico social y me tocó estar al frente de eso.
¿Por qué algunos líderes campesinos de los paros agrarios que se desataron en el país prefirieron como interlocutor a Angelino Garzón y no al consejero para el Diálogo Social?
Porque Angelino les produce más credibilidad y confianza. Además Angelino es vicepresidente elegido y yo soy ministro, pero no de Estado, simplemente consejero nombrado.
¿Pero en ese sentido no cree que su cargo pierde fuerza cuando la contraparte no lo reconoce?
Claro, pero cuando esas cosas suceden uno tiene un jefe que mira si es importante el trabajo de uno. Y mi jefe es Santos y él ha considerado que por mucha o poca fragilidad de ese diálogo mi aporte no solamente es creer en la paz, sino que él cree en mi trabajo.
Para los escépticos de su trabajo, ¿cuáles han sido sus aportes concretamente?
Pues no me parece que esta entrevista sea de rendición de cuentas, pero le voy a decir esto, como ministro consejero he aconsejado a los ministros y al presidente en procesos claves y dinámicas de diálogo regional.
En ese sentido, ¿cree que las Farc vienen moviendo y fortaleciendo su agenda social?
No diría que los movimientos regionales son de las Farc, pero evidentemente el conflicto armado se ha desplazado porque se ha puesto en la superficie el conflicto social y, a contrario de lo que muchos creen, soy de los que creen que tantas movilizaciones son buenas, cuando uno tiene úlceras y se revientan es mejor porque se resuelven. Gracias a esa movilización campesina hay un extraordinario pacto agrario. Ojalá las Farc estuvieran en este proceso, porque ponen esto en el escenario ideal: que hagan política en vez de dar tiros. Lo importante en el fondo es no estigmatizar la protesta social, aunque algunos la utilicen electoralmente porque están en su derecho.
¿Qué les dice entonces a quienes no ven ese pacto tan extraordinario y han dicho incluso que tiene más cara de pacto de Chicoral?
Les digo que el pacto tiene plata, $3,4 billones; tiene legitimidad, como quiera que esto se está haciendo entre los ministros de Agricultura y de Trabajo, y todos los que estamos apoyando este proceso, y tiene cerca de 15.000 organizaciones agrarias comprometidas. Por último les diría que el 31 de enero en Tunja el presidente va a rendir cuentas con todo el equipo de gobierno sobre este pacto. Hay que seducirlos, como hay que seducir a la extrema izquierda y derecha.
Cuando usted dice “hay que seducirlos” y “que hay plata”, ¿está hablando de mermelada?
Ojalá esa sea la única mermelada, esas sí que gustan. Y este gobierno sí que les ha dado mermelada a muchos estudiantes, como quiera que ha entregado dos millones de tabletas digitales en el país. Esa mermelada es la que vale la pena, porque estamos ayudando a los más necesitados. Ahora, si fuera mermelada para que los campesinos votaran la reelección del presidente sí sería una mermelada mal habida. Pero es una mermelada en función de ayudar al sector más frágil, con menos acceso a la educación y a la tecnología. Por eso es carreta que no haya habido diálogo social.
Cambiando de tercio, ¿cómo ve la nueva Alianza Verde?
Me parece un buen ejercicio, aunque no sólo cambiaron de nombre, también de actores y de agenda. Las razones por las cuales impulsé la entrada a la Unidad Nacional no se han perdido. Porque nosotros no pedimos mermelada, y si se ha dado será la mermelada más light e insabora del mundo. Entramos sin extorsión. Nos la jugamos porque en ese momento el presidente tenía un proceso de paz insípido que hoy veo andando. Por eso no puedo entender que hoy, cuando está más fuerte el proceso y los sectores más recalcitrantes de la guerra lo agreden, se van de la Unidad Nacional. No he podido entender esa lógica, pero la respeto. Es más, ahí está mi hijo.
¿Cómo ha resuelto esas diferencias políticas en casa?
Mi hijo no es un clon. Aprendió a ser autónomo, desde el espermatozoide está metido en política. Tenemos una relación donde él no comparte que yo esté en la Unidad Nacional y él está en un escenario donde está jugado con su Alianza Verde. Ese es el derecho de un hijo. Además, lo digo de una vez, participé en política porque en la Nochebuena estuve con mi hijo. Esto es un lío para mí y me imagino que para él también.
¿Si su hijo llega a ser elegido dejaría el cargo para abrirle campo en el escenario político?
Pues lo miraríamos con el presidente, pero si llega a ser elegido intentaré convencerlo de que la mejor agenda es apoyar al presidente Santos, y si él considera que tiene que seguir, pues perfecto. Pero no voy a volver eso un problema filial.
¿Cómo vio la sanción y la destitución de la Procuraduría, usted que fue alcalde de Bogotá?
El centro de esa discusión está en defender la Constitución y garantizar el debido proceso en todos los niveles. Y cualquier decisión que se tome tiene que tener esos dos componentes. El mejor vocero para ese tema es el que denominó el presidente, el ministro de Justicia. Pero le voy a decir algo, Bogotá hoy tiene que mirar el pasado, mucho más el presente, pero mucho más el futuro.
Bueno, y frente a ese futuro, ¿si llegara a quedar en firme la destitución no le suena ser candidato a la Alcaldía de Bogotá?
Rambo 2 no hay. Ya la vida fue lo que fue. No tengo ningún interés. Yo ya no cumplo años, yo conmemoro, voy a cumplir 66 años y con todo el respeto creo que puedo ser un líder espiritual más que un líder en materia electoral. Además, sí creo que hay que darles juego a otras generaciones y me parece terrible que algunos que los electrocutaron en otros partidos ahora quieran electrocutar a este alcalde sin que todavía se defina qué va a pasar. Eso me suena a gallinazo, mirando a ver cómo se muere el otro para ver cómo se come la carroña. Eso no es justo.
Si no quiere hablar de Petro, hablemos del procurador, ¿cómo ve su función?
Sostengo que a Petro le cuestionan lo que me cuestionan a mí, que mientras él votó por el procurador, yo bailé con Uribe. Y lo único que sé es que Uribe no sabe bailar, lo pisa a uno y sigue pisando a todos. Y el procurador quiere cumplir con su obligación y creo que en temas de corrupción ha sido importante. Su visión de derechos es en cambio imposible de compartir.
¿Cree que el procurador se extralimitó al ir a La Haya a hablar sobre impunidad en el proceso de paz?
El presidente ha dicho claramente que el que maneja las relaciones internacionales del país es el presidente. Tampoco creo que esté bien que mientras el presidente está seduciendo con este proceso de paz para que tenga un apoyo internacional con Obama, el mismo día el procurador esté confundiendo hablando de una impunidad que el presidente no está promoviendo.
¿No cree que al acuerdo de paz que se está construyendo le ha faltado pueblo?
Sí, usted tiene toda la razón. Me puede costar, pero digo: está bien que no hablemos de posconflicto en las regiones porque la gente se arma algo que de pronto contradice los acuerdos de La Habana, pero sí debemos hacer una pedagogía por la paz. En eso estuve en San José del Guaviare. Más allá de la campaña, está claro que la paz es un tema del que se deben apropiar los ciudadanos. Es un derecho.