Y digo ‘mal llamado’ porque aún seguimos con el imaginario de encajonar en letras identidades y formas de habitar en el mundo, de la misma forma que algunos partidos tienden a encasillar o desechar el voto de las personas con orientación sexual e identidad de género no normativa.
En Colombia, cada vez es más común que los candidatos presidenciales tengan que responder “incómodamente” preguntas sobre el matrimonio o la adopción de niños y niñas por parte de parejas del mismo sexo y los derechos de las personas trans. Si bien es cierto en los últimos años el debate LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales) ha tomado algo de relevancia en las agendas políticas, el tema aún sigue reposando en el sótano de los programas de gobierno y no es una prioridad ni para candidatos, ni para presidentes, ni para presidentes-candidatos. La responsabilidad de hacer valer el mal llamado “voto LGBT” está en manos de la misma comunidad.
El pasado 18 de mayo, el proyecto ‘Voto por la igualdad’ dio a conocer los resultados de una encuesta realizada a los candidatos presidenciales, en la cual se les preguntó por temas relacionados directamente con personas con orientación sexual e identidad de género no normativa, y específicamente sobre cuál sería su plan de acción, en caso de quedar electos, para promover el respeto por el otro, la garantía de los derechos y la protección de la vida de quienes piensan y actúan diferente. Las respuestas fueron más que obvias.
Vamos a tomar como ejemplo la pregunta más espinosa: la adopción. Por un lado, la derecha —sin ninguna reserva— dejó claro que quiere mantener un país patriarcal con un modelo de familia nuclear en el cual una pareja de gays o lesbianas no constituyen un ambiente “sano” para un niño o una niña.
A la pregunta sobre si apoyarían una ley o decisión judicial que reconozca plenos derechos parentales a parejas del mismo sexo, el candidato del Centro Democrático, Óscar Iván Zuluaga, respondió que no está de acuerdo con la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo, pues “la prioridad ha de ser el bienestar y el desarrollo de la personalidad del niño en un ambiente familiar constituido por hombre y mujer”. Doctor Zuluaga, ¿y es que acaso tanto asesino, delincuente y político corrupto de este país creció en una familia conformada por personas del mismo sexo?
El caso de Marta Lucía Ramírez es más triste, pues ella, representante de los conservadores, tomó la decisión de no responder el cuestionario, dejando claro con su silencio cuál será su posición frente a estos temas en caso de ser elegida como mandataria del país. Frente a la misma pregunta, el presidente-candidato Juan Manuel Santos, de la Unidad Nacional, se limitó a apelar al Código de la Infancia y Adolescencia (Ley 1098 de 2006), en el cual dice que en Colombia las personas casadas, solteras, viudas o separadas, pueden ser elegibles para adoptar de conformidad con los criterios establecidos en dicho código.
La izquierda, en cabeza de Clara López del Polo Democrático, afirmó que aunque apoyan el matrimonio por parte de las parejas del mismo sexo, ella aún no tiene clara una posición frente a la adopción. Asegura que dará garantía plena a los derechos de la población LGBT y que el tema seguramente será parte de las discusiones. Finalmente, Enrique Peñalosa, de la Alianza Verde, da luz a la adopción diciendo que si una pareja del mismo sexo puede garantizar bienestar a un niño o niña, pues no le vería problema, pero que toca avanzar primero con el matrimonio igualitario. ¿Le creemos?
Después de este panorama tan triste, considero que afirmar que el voto LGBT marcará “alguna” diferencia en las próximas elecciones presidenciales es como decir que en Colombia se ejerce un estricto ejercicio político para defender los derechos humanos. Por mucho que se quiera, se sueñe y se luche, pareciera ser que van a ser otros cuatro años en los cuales los derechos de las personas con orientación sexual e identidad de género no normativa no tendrán un papel prioritario en la agenda política del país.
@andresalegriap