“Aunque seguimos sin saber qué es la depresión, nuestro estudio forma parte de una pieza más del rompecabezas, ya que damos una explicación a los cambios bioquímicos que protegen al cerebro del estrés gracias al ejercicio físico”, explicó Mia Lindskog, investigadora del departamento de neurociencia de la institución sueca.
Anteriores investigaciones señalaban que la proteína PGC-1a1 se incrementa en los músculos cuando se realiza ejercicio. En este trabajo los investigadores utilizaron ratones genéticamente modificados con altos niveles de PGC-1a1 en el músculo esquelético y que además fueron sometidos a entrenamiento físico.
Tanto estos ratones como los que no se modificaron con la proteína fueron expuestos a un ambiente estresante, como ruidos altos, luces intermitentes y alteraciones en el ritmo circadiano. Después de cinco semanas, los ratones sin tratar mostraron un comportamiento depresivo, mientras que los ratones genéticamente modificados no presentaban dichos síntomas.
“La hipótesis inicial era que los músculos entrenados podrían producir una sustancia con efectos beneficiosos. Ahora nos encontramos lo contrario: los músculos bien entrenados producen una enzima que depura el cuerpo de sustancias perjudiciales. En este contexto, la función del músculo recuerda a la del riñón o el hígado”, comentó uno de los investigadores.