Hace un año, Indonesia dejó de compartir su información sobre la enfermedad con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y afirmó entonces que no volvería a hacerlo hasta que obtenga un acceso gratuito o en condiciones preferenciales a una hipotética vacuna.
La ministra de Sanidad, Siti Fadilah Supari, explicó en un comunicado que las autoridades sanitarias del país cooperarán con la base de datos porque ésta es transparente y protege los derechos de propiedad intelectual.
Yakarta mantenía que el sistema de la OMS era injusto para las naciones en vías de desarrollo, pues éstas aportarían la información para que las multinacionales farmacéuticas luego desarrollen una vacuna, que cobrarán a un precio prohibitivo para los más vulnerables a la enfermedad.
La medida fue criticada por la OMS, la comunidad científica y otros gobiernos, especialmente el de Estados Unidos.
Algunos expertos sostienen que la actitud del país asiático ha perjudicado las investigaciones sobre la posible mutación de la cepa del virus, que facilitaría su transmisión a los humanos.
Indonesia, con ya 108 fallecidos por el letal virus, se convirtió a principios de año en la primera nación que superó las cien víctimas mortales por la enfermedad, que se ha convertido en endémica en las islas de Java (la más poblada), Sumatra y Bali, así como en la región meridional de la Célebes.
La Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ha advertido de que la reciente reaparición de la enfermedad en varios países demuestran que el virus continúa siendo una amenaza a escala global.