Era el año 2005. La gripe aviar, que había sido detectada en un mercado de pollos de Hong Kong en 1997, ya había dejado 43 víctimas fatales, todas de origen asiático. Se celebraba la reunión anual de ministros de salud en Tailandia, y el representante de Filipinas, Francisco Duque, tomó la palabra para protestar, para dejar por sentado que no estaba de acuerdo con que un solo laboratorio monopolizara la fabricación de la cura del mal que aquejaba a su país, para decir que en su continente escaseaba el medicamento que podía detener la peste (tamiflu, de la farmacéutica suiza Roche), mientras que países ricos de Europa y América, que no reportaban ni un solo infectado, se habían apropiado de la mayoría de los tratamientos para “prevenir”.
“Las naciones occidentales acaparan el medicamento y le niegan así el acceso a los países en desarrollo que más lo necesitan —dijo el hombre de expresión serena, pero discurso enfático y fuerte—. Los países pobres somos, una vez más, expulsados del campo de juego”, remató y dio comienzo a una discusión que hoy, luego de cuatro años, luego de 421 infectados de influenza aviar, luego de que llegara un virus aparentemente más letal —la Influenza A (H1N1)—, sigue sobre la mesa. Todavía se discute por qué sólo dos laboratorios en el mundo (Roche y GlaxoSmithKline, con el medicamento relenza) tienen en sus manos la cura para la nueva gripe.
Y también se siguen cuestionando los intereses de Donald Rumsfeld, ex secretario de defensa de Estados Unidos, en la multinacional Roche. La razón: Rumsfeld es accionista de la empresa Gilead Sciences Inc., la misma que patentó el tamiflu y todavía recibe ganancias por sus ventas.
Roche en Colombia
La noticia de que una nueva influenza —esta vez porcina— se estaba propagando desde México, les llegó a los empresarios de Roche de la región Andina a una reunión que celebraban en Río de Janeiro. El representante de Colombia era Mario Andrés Urán, gerente de asuntos corporativos de la farmacéutica. Desde ese momento, cuenta él, han estado las 24 horas disponibles para las “entidades del gobierno”.
En menos de una hora Urán recibe una, dos, tres, cuatro llamadas para resolver preguntas y cerrar negocios. La quinta llamada es de un funcionario de la Secretaría de Salud de Cali. “El medicamento tiene el mismo precio para todo el mundo. Unos 10.500 tratamientos les cuestan $384 millones. Ya hice la cuenta”, dice Urán luego de haber tomado la calculadora. A Colombia, y a los otros países en vía de desarrollo, Roche les comercializa cada caja de tamiflu (10 cápsulas de 75 miligramos) a 12 euros ($36.360), para los “países ricos”, como diría el ministro de Filipinas, el precio es de 15 euros.
Todo eso le explica Urán al funcionario de Cali. Y también le dice que su petición es sólo una “reserva” porque en el país, actualmente, no hay medicamentos disponibles. Sólo el Instituto Nacional de Salud tiene en su poder 26 mil tratamientos que pidió en el año 2006 para atacar la gripe aviar, que para ese entonces ya había dejado 79 muertos en el mundo. Nadie más posee dosis de tamiflu. Ni las grandes farmacias ni las pequeñitas de barrio. Roche prohibió su distribución a instituciones ajenas al Estado porque “es un problema de salud pública y lo debe manejar el Gobierno, además, para evitar el uso irracional del medicamento hasta el punto de que el virus pueda crear resistencia, y para tener un control del número de casos tratados”, explica Urán.
Además de los tratamientos que el Gobierno colombiano tiene en sus manos, ya ha hecho “reservas” millonarias. El lunes, el Ministerio de Protección Social ordenó 200 mil dosis. El miércoles, ya eran 400 mil los tratamientos reservados. El jueves hizo una nueva orden de 300 mil. Los pedidos llegarán desde Suiza, en un tiempo que Urán no puede calcular.
Roche en el mundo
Urán tiene el celular en sus manos todo el tiempo. En cualquier momento puede recibir una llamada de un cliente o de la multinacional Roche que convoca a una videoconferencia para discutir la evolución del virus, para anunciar que el viernes se reportó el primer infectado asiático de Influenza A (H1N1).
Fue en Hong Kong, la misma isla donde se incubó la influenza aviar que, según la OMS, ha dejado 257 muertos hasta hoy, todos africanos y asiáticos. La gripe del pollo, como también bautizaron a esta peste, nunca llegó a EE.UU., el país que para el año 2005, cuando el ministro de Filipinas alzó su voz de protesta, ya había adquirido 2,3 millones de tratamientos y ni un solo enfermo. En ese momento, países asiáticos como Vietnam (55 muertos reportados a 2009) sólo disponía de 2 mil dosis para 84 millones de habitantes y su vecina Camboya, de 300 tratamientos para una población de 14 millones.
Esta vez la OMS se ha puesto al frente de la problemática: no más preferencias para los ricos, ha proclamado. “La OMS mantiene consultas con la industria farmacéutica para garantizar que los países pobres tengan acceso al medicamento”, declaró un portavoz. Ellos mismos han señalado cuáles son los países que deben recibir el tratamiento con premura. En todo el mundo ya se han distribuido 220 millones de paquetes de tamiflu. Las acciones del gigante farmacéutico Roche en la bolsa de Zurich, donde cotiza, subieron 3,5% durante la semana. El negocio de los virus está disparado. Así lo reconoce Urán, médico de la Universidad del Norte, ex secretario de salud de Bogotá, hoy representante de una de las empresas más cotizadas del mundo. Lleva tres años en Roche y en todo ese tiempo, asegura, no había vivido una situación tan extrema. “Ya hasta me estaba aburriendo con tanta pasividad”, dice y se ríe, y luego contesta una llamada, otra llamada.