La placenta no parece ser un plato muy placentero. Sin embargo, llegó a la dieta de las madres con el fin de combatir la depresión posparto, incrementar los niveles de energía y estimular la producción de leche materna.
Este órgano es responsable de la nutrición, respiración y excreción del feto durante los nueve meses de su desarrollo. Por eso, algunos consideran que esta masa sangrienta no debería desperdiciarse una vez cumple su función.
Comer placenta no es cosa de todos los días, ni es un alimento muy común para los seres humanos. No obstante, la práctica de la placentofagia está extendida entre los mamíferos. Sus defensores aseguran que, “con la excepción de los mamíferos marinos y algunos domesticados, todos los demás la comen tras el parto”, explica Laura Devlin, periodista de la BBC.
Además, en la medicina tradicional china la placenta es utilizada por sus propiedades curativas. Pero en las culturas occidentales esta práctica es reciente.
Varias compañías han multiplicado las presentaciones del producto. Existe el batido de placenta, el servicio de encapsulación de placenta —para que la madre la consuma diariamente como si se tratara de un suplemento vitamínico— e, incluso, diferentes platos de alta cocina.
En Inglaterra opera la Red de Encapsulación de Placenta (IPEN), que se encarga de recoger el órgano una vez sale del útero, preparar la primera bebida y llevar el resto para secarlo y encapsularlo. El costo es de US$250 por las cápsulas y US$40 por la bebida.
Aunque este alimento tiene adeptos en Estados Unidos y Europa, a las autoridades les preocupa que genere contaminación bacteriana. Lo cierto es que no hay ciencia detrás de esta práctica. Aún no se han llevado a cabo estudios científicos que confirmen o desmientan las supuestas propiedades del consumo.
La Universidad de Nevada realizó una encuesta con mujeres consumidoras de placenta. Los investigadores concluyeron que los resultados arrojan evidencia anecdótica, insuficiente para llegar a conclusiones científicas. “Nuestra posición es que si una madre quiere guardar su placenta, es su decisión y debería recibir ayuda”, comenta Jacque Gerrard, portavoz de la organización Colegio Real de Matronas en Reino Unido.