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“Preferiría no haber predicho esta pandemia”

El escritor estadounidense David Quammen, autor del libro “Contagio”, participará en el Foro de El Espectador-Pensar Global.

23 de septiembre de 2020 - 09:02 p. m.
David Quammen es el autor del libro “Contagio”.
Foto: Lynn Donldson
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David Quammen es una de esas personas que uno podría escuchar por horas sin aburrirse. O desear que sus libros tuvieran algunos capítulos extras. En las entrevistas sabe convertir cualquier mala pregunta en la ocasión perfecta para contar una aventura envidiable, una historia fascinante de ciencia o simplemente desplegar una serie de argumentos para mostrar la otra cara de la moneda.

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Nació en Cincinatti (Estados Unidos) en 1948. Ha publicado más de 15 libros. La mayoría de ellos sobre el mundo natural. Hace nueve meses, cuando comenzó la pandemia del SARS-CoV-2, los lectores de su libro Contagio debieron quedar boquiabiertos. En ese libro, cuya primera edición es de 2012, ya se advertía que la próxima gran pandemia que azotaría a la humanidad podía ser causada por un coronavirus proveniente de murciélagos.

Quammen participará hoy jueves en el foro virtual “Pensar Global”, organizado por El Espectador.

¿Por qué dicen que en su libro “Contagio” predijo la siguiente pandemia?

Algunas personas me han dicho: ¿cómo se siente ser profeta? No, no fui quien predijo esto. Fueron los científicos con los que hablé, con los expertos en enfermedades con los que conversé hace más de 10 años mientras investigaba para escribir el libro Contagio. Lo segundo que digo cuando me hacen esa pregunta es que preferiría estar equivocado. Preferiría que esto no hubiera sucedido. Preferiría no haber predicho esto. Pero hace 10 años, al preguntar a los científicos si vendría una gran pandemia que afectaría al mundo me respondieron que sí, que una gran pandemia venía en camino. Dijeron que sería causada por un virus, uno proveniente de un animal salvaje, posiblemente un primate o un murciélago. ¿De qué tipo? Uno con la capacidad de evolucionar rápidamente, quizás una influenza o un coronavirus. ¿Dónde pasaría eso? En algún lugar donde los humanos entren en contacto cercano con la vida silvestre, por ejemplo, un mercado húmedo. O por ejemplo, China. Eso fue lo que me dijeron y eso fue lo que publiqué en el libro hace diez años. La ciencia pudo ver eso, pero los líderes políticos no tomaron las medidas necesarias para prepararse.

¿Por qué estaba tan claro que la próxima pandemia podría ser un coronavirus y por qué estábamos más enfocados en cosas como el ébola o algún otro tipo de virus y no en estos que acaba de mencionar?

Bueno, el ébola es un virus más dramático que este. Mata a la gente rápidamente. Mata a la gente de formas espantosas, pero no se transmite tan rápida y fácilmente. Requiere contacto con fluidos corporales y la gente lo contrae cuidando a sus seres queridos o limpiando sus desechos. Este es un virus más transmisible. Sabemos que se transmite a través del aire, se transmite por goticas respiratorias que pueden caer en las manillas de las puertas o pueden aterrizar en superficies de mostradores que la gente puede tocar antes de tocar sus ojos. Además, hay personas asintomáticas, entonces pueden caminar sintiéndose saludables y, sin embargo, diseminan el virus. ¿Cómo lo supieron los científicos y cómo dijeron que podía ser un coronavirus? En primer lugar, los coronavirus están entre esos virus que evolucionan relativamente rápido, aunque no tanto como la influenza. Sus genomas están cambiando constantemente; son virus que están mutando. Eso puede ocurrir dentro de una persona o dentro de un animal.

La otra razón para creer que podría ser un coronavirus es que recibimos las advertencias del SARS en 2003, que era un coronavirus muy peligroso que salió del sur de China y se propagó rápidamente a cuatro o cinco ciudades, pero afortunadamente lo detuvimos. Luego, en 2012, tuvimos otro ejemplo: el MERS, que salió de la península arábiga. Fue otro coronavirus que no se propagó tan rápido porque no se transmitió tan bien de persona a persona, pero mató a un porcentaje alto de población. Entonces, deberíamos haber estado preparados para un coronavirus que podría haber sido más transmisible que esos anteriores y relativamente letales.

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En una entrevista reciente, usted listó al SARS-CoV-2 como uno de los virus más exitosos del mundo. ¿Qué quiso decir exactamente con eso?

Lo que quise decir es que es exitoso en términos evolutivos. Los virus obedecen a la lógica de la biología evolutiva darwiniana: la supervivencia del más apto. Ellos no tienen objetivos, pero tienen los imperativos de la evolución darwiniana, lo que significa que se esparcen tan rápido como pueden en el espacio y en el tiempo. Los conejos, las langostas o los seres humanos tienen este instinto de reproducirse y transmitir sus genes. Un virus que salta de un murciélago a un humano y luego encuentra que se puede replicar entre ellos de repente tiene a 8 mil millones de potenciales hospederos. Las especies de murciélagos al sur de China no tienen una población de 8 mil millones de individuos y pueden ser, incluso, una especie en peligro o en declive. O un chimpancé en África. El VIH, por ejemplo, causó la pandemia del SIDA y se convirtió en uno de los virus más exitosos del mundo. Se propagó entre más de 70 millones de personas y ha matado a casi 35 millones de personas. De cierta manera el coronavirus es gran éxito darwiniano!

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¿Qué es lo que más lo ha sorprendido de esta pandemia?

Lo que más me ha sorprendido no es que este virus saliera de un murciélago, tampoco que sea un coronavirus, ni que se haya convertido en una pandemia mundial, sino que los líderes políticos no estaban preparados para ello. Cuando comenzó a extenderse fuera de China pensé: van a tener kits de diagnóstico y van a tener tecnología que les permitirá hacer pruebas muy rápidamente. ¡Desde hace 10 años los científicos me hablaban de las importancia de tener este tipo de kits! Kits que tuvieran la capacidad de obtener el genoma de un nuevo virus y ponerlo en un chip para que pudiese ubicarlo en máquinas portátiles en todos los aeropuertos para identificar qué personas eran negativas o positivas. Me sorprendió mucho que esa tecnología no existiera. No estábamos tan preparados y Estados Unidos no existía un plan nacional para el rastreo de contactos.

Vamos al origen de su libro. ¿Podría contarnos un poco sobre ese viaje que hizo a África Central con Michael Fay y visitó los lugares donde circulaba el ébola?

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Hace 20 años recibí una llamada de un editor de National Geographic diciendo: tenemos un compañero que va a hacer una travesía de 2.000 millas a través de los últimos grandes bosques de África Central. Era Mike Fay, un ecologista estadounidense, explorador y conservacionista. Tomaría más de un año y querían que escribiera esa historia. Dije que sí y terminé acompañándolo durante semanas en diferentes puntos de esta expedición. Usamos sandalias y pantalones cortos para poder vadear arroyos, pasar por el lodo. Hombres africanos lo apoyaron cargando su equipo y lo ayudaron a construir un campamento cada noche, cocinando y cargando sus computadoras. Caminó durante 456 días antes de llegar al océano Atlántico. Caminé durante unos 53 días en diferentes segmentos de tiempo. Y durante una de esas secciones caminamos por el hábitat del ébola en el noreste de Gabón. Era un denso bosque y sabíamos que era el hábitat del ébola porque había habido un brote en una aldea. Así que sabíamos que el ébola estaba allí y que como cualquier virus, este debe vivir dentro de algún tipo de organismo celular, criatura, planta u hongo. Es decir, un huésped reservorio. El huésped reservorio del ébola era un misterio. Todavía es un misterio. ¿Dónde vive cuando no está matando humanos?

Caminabamos y sabíamos que el ébola estaba en algún lugar del bosque, tal vez en un mono, tal vez en un murciélago, tal vez en un roedor, tal vez incluso en una garrapata o una araña, pero no lo sabíamos. Fue extraño y me dio mucha curiosidad conocer más acerca de la ecología y evolución del virus del Ébola. Escribí una historia para National Geographic sobre enfermedades zoonóticas y finalmente escribí este libro. Me tomó alrededor de cinco años de viajes de investigación y escritura para producir el libro “Contagio”.

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Siempre se piensa en África o en China como fuentes de zoonosis, pero pueden ocurrir en cualquier lugar…

Puede suceder en cualquier lugar donde los animales salvajes entren en contacto con los humanos. Incluso puede suceder a través de la intermediación de animales domésticos. Un virus puede extenderse desde un animal salvaje y entrar en un animal doméstico, como un cerdo, un pato o un pollo y luego se da el contacto del humano con los animales domésticos. La pandemia de influenza H1N1 en 2009 comenzó en América del Norte y podría haberse originado en una granja de cerdos en México. Es posible que los cerdos se hayan infectado con aves silvestres que portaban el virus, luego las personas se infectaron y se extendió por todo el mundo. Así que no tiene que estar en un bosque en África. No tiene por qué estar en un mercado húmedo en China. Esos son simplemente lugares donde quizás es más probable que suceda, pero aún puede suceder en cualquier lugar donde los humanos entren en contacto con virus transmitidos por animales salvajes.

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Los virus están mutando constantemente. ¿Hay alguna forma de saber si el coronavirus puede mutar y hacerse más peligroso?

El virus puede evoluciona y hacerse más virulento. O evolucionar y resultar menos virulento. Depende de las circunstancias y de lo que se necesita para que el virus tenga éxito. Este virus parece permanecer bastante estable. ¿Por qué? Probablemente es que así como está ya tiene éxito. No es necesario cambiar para infectar a más y más humanos. Si obtenemos una vacuna y comenzamos a desafiar este virus, comenzaremos a detenerlo y entonces tendrá la necesidad de evolucionar en torno a la vacuna para seguir teniendo éxito.

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Se habla mucho de la alteración del ambiente como una causa de las pandemias. ¿Cómo explicar esa compleja relación entre poblaciones humanas y ecosistemas en las que se abre la puerta para las pandemias?

La alteración del mundo natural por parte de los humanos es la causa inmediata de nuevas enfermedades. Cambiar la distribución de los animales, y acercarlos a las poblaciones humanas puede cambiar el mapa geográfico de donde vivimos y donde vive el resto de la naturaleza, y el resultado puede ser una mayor posibilidad de contacto y contagio. Hay tres grandes problemas en el planeta: el cambio climático, la amenaza de una pandemia y la pérdida de diversidad biológica. Esos problemas van en paralelo y tienen las mismas causas en últimas: el tamaño de nuestra población y el consumo humano.

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Hemos visto lo mejor y lo peor en la comunidad científica durante esta pandemia. Por un lado, tenemos la ciencia abierta y colaborativa. Por otro, manipulación de datos y conclusiones por algunas personas. ¿Deberíamos repensar algunos aspectos de la forma en que producimos ciencia?

Lo primero que diría es que sí. Tenemos que seguir pensando en la forma en que se hace ciencia. La ciencia es un proceso de descubrimiento y corrección. Todos los descubrimientos científicos son provisionales, se pueden confirmar o contradecir a medida que se presenta nueva evidencia. La ciencia avanza dos pasos y luego retrocede uno. Se corrige a sí misma y luego avanza.

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En cuanto a los artículos que se publican en las revistas científicas, deben pasar por un proceso. Primero se envían a otros científicos para que revisen el trabajo, miran los datos, las teorías y la lógica. Dan su opinión crítica a los editores antes de que se publiquen. Así debería ser siempre. Pero, debido a la urgencia de esta situación, se están publicando cada vez más artículos científicos en lo que se llama formato preprint sin revisión por pares. Los están subiendo en internet tan pronto como se escribe el documento, y, aunque es valioso porque necesitamos información lo más rápido posible muchos de esos artículos pueden estar mal orientados. Ese es un peligro al que nos enfrentamos ahora.

Nos enfrentamos a otro gran problema y es la infodemia. ¿Cuál es la mejor manera de lidiar con esto?

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Los rumores que ahora están circulando por todo internet, con titulares como “El virus fue creado por la CIA”, son un problema, porque algunas personas son incapaces de distinguir su origen. Es una historia siniestra, que coincide con los sesgos políticos de esas personas que los aprovechan, los repiten y los amplifican. Pero, ¿cómo podemos hacer frente a eso? Creo que no hay una solución rápida, un hecho lamentable porque es un problema de rápido movimiento. Para mí, quizás, la solución está en la educación de los jóvenes. Necesitamos enseñarles a adquirir un pensamiento crítico para juzgar esos datos con su plausibilidad, sus fuentes, su coherencia con otro tipo de información.

Todas esas cosas son parte del pensamiento crítico para que cuando un joven vea un rumor, por ejemplo de que este virus vino de serpientes, pueda preguntarse ¿quién dice que este virus proviene de serpientes y cuál es el nivel de soporte científico? ¿Se ha publicado en un artículo en una revista respetada o es solo un rumor?

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Debemos mirar todos los ángulos de la fuente de una historia. Y necesitamos educar para que cada vez sea más difícil que este tipo de historias y rumores no se afiancen y difundan a la velocidad que sucede en la actualidad. Este tipo de infodemia se propaga como un virus, el entrenamiento crítico y el pensamiento crítico es la vacuna para combatirlo.

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