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Visitas desde el infierno

La combustión espontánea, un fenómeno que se ha conservado inexplicable para la sociedad y que ha llevado a grandes escritores a tratar el tema.

05 de julio de 2010 - 09:10 a. m.
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Reims, Francia, 1725. Claude-Nicolas Le Cat, reconocido cirujano de la ciudad de París y servidor del arzobispo de Rouen, Louis de la Vergne, convencía a un jurado de que la muerte de Nicolle Millet, esposa del hotelero que le arrendaba una pieza, no había sido perpetrada por su cónyuge del que se creía, mantenía relaciones con su criada. La mujer, que había sido encontrada a cerca de 30 centímetros de la chimenea de su hogar, estaba quemada sobre una silla que permanecía completamente indemne. “Una visita de Dios”, gritaba Le Cat en el juicio, mientras convencía al jurado de que la muerte de Millet era una clara muestra de combustión espontánea, caso que sería recogido por el escritor francés Jonas Dupont en su libro De Incendiis Corporis Humani Spontaneis (Sobre el fuego espontáneo en el cuerpo humano).

Una atribución de la idea del castigo divino contenida en el libro de Job, la defensa de un fenómeno que se volvió popular en el siglo XVIII y que llegó a tales extremos que logró que un alcohólico llamado Krook, de la novela La casa desierta, del célebre escritor Charles Dickens, muriera envuelto en llamas sin razones aparentes. Hoy el misterio de la incineración de personas vivas sin una fuente externa de ignición permanece incomprensible. Sin embargo, personas como Heriberto Cardona Barbosa, médico de la Universidad del Bosque especializado en bioenergética, aún creen que “la combustión humana generalizada puede llegar a ser posible”.

Según Cardona, “aunque la causa para tal efecto permanece como un enigma para la ciencia”, es fácil deducir que podría suceder debido a “una combinación de efectos de radiaciones químicas, generación de calor y ciertas combustiones a nivel orgánico”, tesis que poco difiere del químico, botánico y filósofo alemán Carl Reichenbach —a quien se le atribuye el descubrimiento de la parafina—, en la cual se exponía que el cuerpo humano podía, en contadas circunstancias, generar gases que contribuyeran a que los organismos se volvieran inflamables, teoría que nombró “miasmas de putrefacción”.

“De las cosas a favor de la existencia de la combustión espontánea —comenta el médico bioenergético— está el hecho de que en los casos que se han registrado los cuerpos se vuelven cenizas, lo cual es muy difícil de explicar porque se necesitan, por lo menos, 1.700 grados centígrados para quemar por completo un cuerpo humano, una temperatura imposible de alcanzar para una fuente externa de calor, salvo que haya otro punto de partida no descubierto y que se encuentre dentro del organismo”.

A esta afirmación, el ingeniero de la empresa crematoria Proindul, Luis Giraldo, explicó que para volver cenizas un cuerpo humano se necesita por lo menos una temperatura de 900 grados centígrados en un horno de ignición. Sin embargo, comenta que después de hacer una extracción de cenizas del cuerpo, los huesos no se pulverizan y deben pasar por un molino que se encarga de triturarlos. “Hay veces que también pueden quedar grasas que tampoco se desintegran, por esto las sobras deben pasar por una cámara de poscombustión que arde a 1.200 grados centígrados”, un proceso que, explica, no puede consumarse por medios externos de calor.

Sin embargo, aunque no se sepa con certeza qué produce el fenómeno —si es que se produce—, existen comunes denominadores para los casos registrados. En 1731, la condesa de Verona, Cornelia Bandi, que para el momento contaba con 62 años de edad, se acuesta a dormir luego de cenar. Primero, la habitación se encuentra cubierta de hollín. A la mañana siguiente, cuando la criada la busca para despertarla, no la ve: un olor peculiar envolvía el ambiente y el suelo estaba cubierto de un líquido grasiento. Segundo, los objetos cercanos a la víctima quedan intactos. Cerca de la cama, la doncella encontró el cuerpo de Cornelia: parte de él eran sólo cenizas, sin embargo, las sábanas y los objetos que la rodeaban permanecían ilesos. Tercero, las muertes ocurren en espacios cerrados. Cuando se supo la noticia en el castillo, los servidores se exasperaron, temían que fuera un castigo de Dios.

Una visita al infierno dantesco, el sentimiento que parece rodear la historia de los que, sin motivos, han muerto en el fuego. La eterna representación del bajo mundo como un espacio ardiente donde los pecados se confrontan en sufrimiento empieza a cobrar sentido en el presente y lleva a los creyentes a crear analogías con castigos bíblicos. Sin embargo, la ciencia se manifiesta y confronta a la religión por medio de un artículo de la prestigiosa revista de medicina British Medical Journal, publicado en 1905, en donde se relata la historia de una anciana con vida extravagante que fue hallada muerta por causas desconocidas.

Al parecer, la vieja, de quien se decía en el vecindario mantenía pactos con espíritus diabólicos y frecuentaba prácticas esotéricas, había sido vista por última vez leyendo un libro a la luz de las velas junto a la ventana. A la mañana siguiente el humo que emergía de su residencia alertó a los policías del vecindario, quienes al irrumpir en su casa sólo encontraron una pirámide de huesos calcinados que moraban frente a una silla de madera que permanecía intacta. Un episodio más que se registró como un posible caso de combustión espontánea.

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Leyenda urbana o verdad perturbadora, el fenómeno ha sido tema recurrente de libros, películas, series y grupos musicales. Por ejemplo, el programa de televisión CSI, en un capítulo que titularon Face Lift (Levantamiento de cara), retrata un caso de combustión espontánea por medio de una teoría denominada el Efecto de la Mecha. Esta creencia, que se basa en la presunción de que la ignición de la ropa en cualquier ser humano puede provocar  una quemadura en la piel tan extrema que conlleve a que la grasa corporal se derrita, fue la base de un experimento que los investigadores de la serie llevaron a cabo para solucionar el caso que tenían entre manos.

En otra ocasión, la banda de rock Incubus hizo alusión al fenómeno por medio de la letra de una canción titulada Pardon Me (Perdóname): Hace una década nunca pensé que tendría / Veintitrés años y estaría al borde de la combustión espontánea / Explotar parece una posibilidad definida para mí / Perdóname mientras estallo en llamas / He tenido bastante del mundo y sus juegos estúpidos. Actualmente, hasta los personajes del famoso videojuego ‘The Sims’ pueden sufrir de una incineración inesperada. Y morir, tal como lo hizo el cacique de una tribu africana en la primera novela de aventuras del prodigioso escritor Julio Verne, Cinco semanas en globo —texto que lo llevó a conseguir un contrato con el editor del poeta Víctor Hugo, Pierre-Jules Hetzel— en las llamas de un infierno no merecido.

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De las creencias más recientes

De las últimas teorías sobre la combustión espontánea, el investigador privado estadounidense Larry Arnold, director de una organización llamada Paraciencia Internacional, especuló, en su libro Ablaze! (¡En llamas!), la existencia de una partícula llamada ‘pyrotón’, que sería la causante de dicho fenómeno. Según él, ésta es capaz de pasar por el cuerpo y causar, ocasionalmente, la colisión con un núcleo celular que podría desatar una reacción en cadena que terminaría en la destrucción del cuerpo por medio de la incineración. Hoy en día, el libro cuenta con tres volúmenes en video, pretende dar testimonios de primera mano de personas que crean en su teoría y que hayan sido testigos del fenómeno de la combustión espontánea.

dmsanchez@elespectador.com

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