El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

La generación transparente

¿Todo tiempo pasado fue mejor? ¿Las últimas generaciones están perdidas? Los datos parecen demostrar lo contrario.

14 de noviembre de 2010 - 03:19 p. m.
PUBLICIDAD

Hoy se editan más libros que 30 años atrás, se producen más películas, hay más y mejores comunicaciones y un acceso ilimitado a la información.

Una casualidad: un niño camina de la mano de su padre hacia el colegio. En el trayecto le explica —como si de una declamación poética se tratara— la composición de su modelo en plastilina del Sistema Solar. Una tarea que, salvo algunas excepciones, todos realizamos alguna vez.

Un hecho: en el modelo del niño no aparecen los nueve planetas que antaño formaban una bonita canción en rima. En su modelo hay ocho planetas, y la declamación termina en Neptuno.

Y esto es porque a Plutón, es sabido, le fue retirado su estatus de planeta (ahora es parte de los llamados “planetas enanos”). Ocurrió el 24 de agosto de 2006, durante la XXVI reunión de la Unión Astronómica Internacional. Por decisión unánime, científicos de todo el mundo arruinaron los modelos tradicionales del Sistema Solar. Un punto a favor del niño.

Y sin embargo, pese a esta dinámica científica y, sea dicho de una vez: tecnológica, social, cultural, es común escuchar que la generación actual luce perdida en la indiferencia, condenada irremediablemente al olvido, mientras otras generaciones, de manera particular esa que removió al mundo durante los años 60 y 70, crearon la única historia que parece ser digna de recordar.

¿Es la generación actual, en verdad, una generación en ciernes? ¿Pertenecemos a una época en la que nada queda por hacer, o peor aún, en la que nada se hace? ¿Debemos resignarnos a esa máxima popular que reza: todo pasado fue mejor? ¿Es la última, en fin, una generación transparente?

Consideremos. A finales de los 60 sucedieron tres grandes acontecimientos sobre los que las generaciones siguientes no han dejado de hablar, y tal vez nunca lo hagan. Primero, el festival Woodstock 1969. Con el lema 3 days of peace and music, el festival más importante de rock que se haya realizado reunió a más de 400.000 personas durante tres días, en Sullivan County, Estado de New York. Sin duda alguna, el mayor precedente musical de la historia.

¿Hay un fenómeno similar en nuestros días, con las herramientas propias de esta época, que pueda equipararse al festival Woodstock?

No ad for you

Juzguen ustedes. El 25 de octubre de 2009, la banda irlandesa U2 ofreció un concierto en Pasadena (California), que fue transmitido en directo a través del sitio de videos en internet YouTube. Reunió en simultánea, vía internet, a 1’348.228 espectadores de los cinco continentes. Espectadores que pudieron interactuar en tiempo real con fans de la banda de todas partes del mundo. Además, durante la poco más de una hora que duró el concierto, se recibieron más de 21.000 donaciones en pro de la lucha contra el sida. Al día de hoy, el concierto ha sido visto por más de 22 millones de personas en YouTube.

Dejando de lado las militancias musicales (no se trata de comparar a U2 con la docena de bandas que asistieron a Woodstock, pioneras de la música contemporánea), salta a la vista que las facilidades propuestas por las nuevas tecnologías rompen, literalmente, cualquier tipo de fronteras. U2 convocó a un número de espectadores tres veces mayor a los que atrajo Woodstock. A los que pudieron asistir a Woodstock. Otro punto a favor del niño.

No ad for you

Otro de los grandes hechos que marcaron para siempre la historia, ocurrido a finales de los 60, fue la llegada del hombre a la Luna. Un avance científico que un puñado de personas aún refuta, y que la mayoría cree insuperable. Pero lo fue, dos años después, en 1971, cuando la misión Apolo XV consiguió realizar una exploración en suelo lunar más extensa que la de su antecesora, gracias a un vehículo explorador lunar.

En nuestros días, contrario a lo que la “falta” de difusión puede hacernos creer, el hombre se ha estado moviendo por el universo hasta límites insospechados. Gracias a la construcción de la Estación Espacial Internacional, un proyecto en el que trabajan cinco agencias espaciales, desde noviembre de 2000 hay presencia humana constante en el espacio. La sonda Phoenix, a mediados de 2008, confirmó de manera directa lo que durante años fue sólo una conjetura: la presencia de agua congelada en Marte. Y en 2006, a través del lanzamiento del “Proyecto Constelación”, la Nasa, en colaboración con centros de investigación de todo el mundo, se propuso el lanzamiento durante las próximas décadas de otra misión tripulada a la Luna, que pueda sustentar la presencia permanente del hombre en el satélite, y un proyecto aún más ambicioso: la llegada del hombre a Marte. Todo ello en un panorama mundial en el que los vuelos espaciales comerciales empiezan a tener cabida. Otro punto para el niño.

No ad for you

Y el tercero de los grandes acontecimientos a finales de los 60 fue la primera conexión remota entre dos computadoras, una en la Universidad de Stanford y otra en la Universidad de California, denominada Arpanet.

¿Hace falta mencionar el número de conexiones actuales, el desarrollo constante y vertiginoso de la red mundial (internet), para convencernos de que, en efecto, la nueva generación ha sabido construir sobre los cimientos recibidos?

No ad for you

Otro punto para el niño. (El punto más crítico, no obstante).

¿Y Colombia? Reservaba la mejor parte. En los años cincuenta Colombia da un gran paso hacia el progreso: se fundan las primeras bibliotecas públicas del país, entre ellas la Piloto, en Medellín, y la Luis Ángel Arango, en Bogotá (actualmente una de las 20 bibliotecas más visitadas del mundo). Una década después, a finales de los 60, se crea el Instituto Colombiano de Cultura. Otra década más hará falta hasta la formación de la Red Nacional de Bibliotecas, entidad que hoy continúa actuando en el panorama cultural.

No ad for you

Pero si hay una diferencia, y esta es esencial, radica en la accesibilidad del público a la oferta literaria. Colombia cuenta con 355 librerías y 583 puntos de venta, y con bibliotecas públicas en más de mil municipios.

La Red Nacional de Talleres de Escritura Creativa (Renata), hoy un plan con apoyo financiero del Estado, tiene presencia en 26 departamentos a través de 47 talleres. Una aclaración: Renata es una iniciativa de origen popular. Fueron los jóvenes de comienzos del nuevo siglo quienes buscaron el espacio, ahora —y con justa razón— reconocido institucionalmente. Un recorrido como aquel que inició el taller de poesía Los Impresentables, que después de una década de trabajo se instala como el primer taller de poesía en Bogotá, con el auspicio de Renata y el Ministerio de Cultura.

No ad for you

Es decir: la oferta cultural colombiana se ha incrementado exponencialmente. Un reflejo de ello son los programas académicos en artes que ofrecen las universidades. En 2008 Colombia ofrecía 223 programas en bellas artes acreditados por el Ministerio de Educación, 32 más que en 2001 (el Sistema Nacional de Información de la Educación Superior no reporta datos anteriores). Y, más importante, en 2008 más de 80 mil estudiantes se matricularon en estas áreas.

Un indicador más. En la década del 60, en Colombia se estrenaron 35 largometrajes. Esa misma cifra se superó en los últimos dos años.

No ad for you

Varios puntos más para el niño; el niño colombiano.

Continuemos haciendo justicia, dando a Julio Cortázar la calidad de profeta que merece al escribir el texto titulado Fin del mundo del fin, que termina así: “Los escribas trabajan lentamente, pero su número es tan inmenso que los (libros) impresos separan ya por completo las tierras de los lechos de los antiguos mares. En la tierra vive precariamente la raza de los escribas, condenada a extinguirse…”.

En su cuento, Cortázar imagina un mundo en el que los escritores existen en demasía, al punto que su producción debe ser arrojada al mar para desalojar espacio en el continente. Ya no importa leer, sino escribir.

No ad for you

Si bien quizá nos libramos de las altas paredes de libros —inútiles— de que hablaba Cortázar, no podemos negar que en la red está ocurriendo un fenómeno en todo lo demás similar.

En sólo dos años se estima nacerá el habitante 7 mil millones del planeta (al día de hoy, según el U.S. Census Bareau, somos 6.880’896.773); esto es, el doble de los habitantes del planeta para la década del 60. ¡Siete mil millones de personas con palabras por decir, y medios para hacerlo! Esto ha redundado en un incremento dramático en el flujo de información. Cada segundo aparecen en la red miles de nuevos artículos, noticias, comentarios, posts. Lo que significa que una noticia de gran impacto general, bien podría ser sepultada por un alud de noticias más frescas, si bien menos relevantes.

No ad for you

Volviendo de lleno al tema de la generación actual y su participación en la historia, advertimos que, quizá, no se trata de una generación transparente, sino de una generación inmersa en un océano en crecimiento de información.

En 2001 el mundo entero puso la vista sobre uno de los avances más significativos de esta época: la culminación del proyecto Genoma Humano. Apenas nueve años después, los avances genéticos permiten la creación, por encargo, de genes completamente nuevos. Un procedimiento ya tradicional en laboratorios de genética de algunas universidades. Y una noticia que pasará desapercibida hasta tanto no surja otra, de mayor impacto mediático, que la lleve a los principales titulares de todo el mundo.

No ad for you

No hay dudas: los jóvenes de hoy tienen a su disposición una oferta académica, tecnológica y cultural mayor a la de los jóvenes de los años 60 o 70. Jóvenes tan capaces como los de cualquier otra época, acaso más exigentes, y sin embargo, también rodeados por un tumulto ruidoso que dispersa, distrae y amenaza con opacar los grandes avances de una generación activa, en la cima del desarrollo.

Tomando las palabras del escritor colombiano Fernando Soto Aparicio: Si todos gritan, ¿quién escucha?

Un punto menos para el niño.

* Colaborador. Escritor.

juangomezlit@hotmail.com

Temas recomendados:

Ver todas las noticias