El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Pasajero recupera celular robado gracias a GPS

Pasajero logró recuperar iPhone después de que un taxista se lo robara después de una carrera.

19 de diciembre de 2011 - 04:08 p. m.
PUBLICIDAD

Javier Santiago Lozano, creador de Taxipedia, el portal que invita a los ciudadanos a calificar y comentar los servicios de los taxistas, cuenta cómo un pasajero logró recuperar un IPhone después de que un taxista se lo hubiera robado después de hacerle una carrera.

En la madrugada de este domingo, hacia las 3:00 de la mañana, Felipe salió de un concurrido bar en el sector del Virrey, en Bogotá. Una amiga con la que estaba, le sugirió llamar un taxi desde su celular, sin embargo, a él le pareció más cómodo tomarlo en la calle. Minutos más tarde y luego de que varios taxistas rechazaran llevarlo a su casa -por las razones que ya son comunes en esta época navideña e, incluso, el resto del año-, finalmente tomó un taxi solo en dirección a su casa en el sector de Normandía. Durante el recorrido no sucedió nada particular, hasta que el taxi parqueó en frente de su destino y, luego de pagar la carrera, mientras Felipe abría la puerta para bajarse y sostenía en una mano su celular, un iPhone que recién estaba estrenando, el conductor del vehículo arremetió contra él, rapándole el celular y dándole un empujón que lo tiró afuera del taxi. Inmediatamente, Felipe, como pudo, agarró con fuerza la ventana del taxi, siendo arrastrado unos 20 metros, en un intento infructuoso por recuperar su celular, que le valió algunas heridas en sus rodillas, hombros y manos.

Pero la historia no acabó ahí. Contrario a lo que el taxista se imaginaba que podría suceder, es decir, que este robo quedara impune, Felipe tenía un elemento a su favor. Luego de ver al taxista escapar y no alcanzar a tomar las placas, se fue corriendo hasta su casa, prendió el computador e hizo uso de una aplicación de su iPhone que le reporta en todo momento dónde se encuentra, así ubicó al taxista a cinco cuadras de su casa, en una estación de gasolina del sector. En seguida, Felipe llamó a la Policía, denunciando el robo y la ubicación exacta del taxista involucrado, pero viendo que ésta tardaba tanto, con temor a que el taxista cambiara su ubicación, él salió corriendo a enfrentarlo. Al llegar al lugar donde el iPhone le indicaba que se encontraba el conductor, lo vió tomándose un tinto tranquilamente dentro del vehículo, con la ventana abierta. Felipe reaccionó de inmediato y se abalanzó contra el vehículo, sin embargo, éste aceleró y volvió a escapar.

Felipe volvió a su casa y a los pocos minutos llegó la Policía. Les explicó la situación y cómo estaba rastreando al taxista. Sin embargo, lo que le dijeron es que no podían perseguir al taxista, lo único que podían hacer era avisar a otros efectivos que estuvieran pendientes de la placa del vehículo.

Ya en la mañana del domingo, Felipe volvió a verificar la ubicación de su celular y notó que éste estuvo quieto durante al menos un par de horas, entre 8 y 10 de la mañana, y dedujo que ese lugar debía ser la casa del taxista. Supuso que trabajaba en horario nocturno y se encontraba descansando allí. Llamó de nuevo a la Policía y los uniformados estuvieron dispuesto a acompañarlo para tratar de localizar la casa exacta del conductor, cuya posición aproximada eras en el barrio El Restrepo (la precisión que otorgaba el aparato era de un radio de 10 metros, apuntando en medio de una calle). En ese momento el celular fue apagado y desde entonces se emprendió la búsqueda. Habiendo llegado al lugar y tras timbrar en dos casas, sin éxito, preguntaron en una panadería sobre la misma cuadra, si conocían a alguien que manejara un taxi y tuviera las características físicas que Felipe recordó del conductor y les describió en detalle. En la panadería, señalaron la casa de en frente como el posible lugar donde encontrar a este individuo. Allí fueron y, al timbrar, abrió la puerta un señor de avanzada edad, que dijo ser el dueño del taxi y confirmó que tenía otra persona que lo conducía en las noches, que además coincidió con la descripción física que Felipe y los agentes de la Policía le dieron. Allí, el dueño del taxi dió una primera versión en la que dijo que el otro conductor no estaba en la casa. Pero en ese instante, Felipe detectó que el celular estaba encendido nuevamente y emitiendo una señal en el mismo punto que antes, es decir, en la misma casa donde se encontraban, lo cual confirmó que efectivamente tenía que haber una persona dentro de la casa manipulando el aparato. Se le insistió a este señor en dar información sobre el otro conductor -quien habría perpetrado el robo-, pero siempre se negó a mostrar cualquier dato, sin embargo entró a su casa por unos minutos, supuestamente a llamar por teléfono al otro individuo, y regresó diciendo que el celular se le había quedado a Felipe dentro del taxi y que tenían que esperar a que regresara con él del turno a las 5:00 de la tarde, para recuperarlo.

Felipe regresó a su casa, pero los agentes se quedaron cerca a la vivienda pendientes de cualquier movimiento. Dieron las 5:00 de la tarde, Felipe volvió a la casa del taxista, y los policías confirmaron que nadie había entrado ni salido de allí. Timbraron, abrió la puerta el dueño del taxi, les devolvió el celular diciendo “aquí le dejó el muchacho (entregándole el celular), pero él tuvo que salir a comprar unas cosas y no está”. Ellos le replicaron diciéndole que sabían que nadie había entrado ni salido de la casa, y aún así el señor lo negó todo, encubriendo el robo de su empleado. Los agentes de la Policía tomaron todos sus datos y abandonaron el lugar. El taxi nunca estuvo dentro del lugar mientras la Policía investigó, así que la placa que se conoce es la que Felipe recuerda: VED573. El nombre del conductor que robó a Felipe, según el dueño del taxi, es Jaime Hernán Ibagón. Ahora resta que Felipe se dirija a Medicina Legal, para que un funcionario registre lo sucedido, le otorgue una incapacidad y así pueda proceder a poner la denuncia en la Fiscalía.

La lección que esta historia deja, al menos para Felipe, es que las herramientas tecnológicas sí pueden usarse en favor de la justicia, evitando que muchos crímenes que antes quedaban fácilmente en la impunidad, ahora no lo hagan. Y segundo, indica que, tristemente, hay que ser más precavido a la hora de tomar un taxi, cuando la mejor alternativa es pedirlo por teléfono, pues los hechos confirman que el nivel de inseguridad en esta ciudad y muchas otras del país, hace rato dejó de ser una cuestión de percepción, para pasar a hacer parte de un sinfín de historias similares y una casi absurda cotidianidad.
 

Temas recomendados:

Ver todas las noticias