El e-learning, o aprendizaje electrónico, es la revolución que, por decir lo menos, puso a colegios y universidades en el mundo virtual, con plataformas para ofrecer cursos, foros o medios con el fin de que profesores y estudiantes interactúen, cumplan sus tareas a través de la web y las retroalimenten. Por un momento hubo quienes pensaron que la tecnología era la panacea para las carencias del modelo educativo, pero lo cierto es que tiene sus limitaciones y hoy la academia y la industria hablan del e-learning como un complemento para una educación presencial o en comunidad, que motive y enriquezca el aprendizaje. En Colombia prácticamente todas las universidades acreditadas cuentan con una plataforma en línea, y cerca del 19% de ellas son clientes de la líder mundial Blackboard, con sede en Washington D.C., fundada a finales de los años 90 y con presencia en más de 100 países en los cinco continentes. Entre esos usuarios están la Universidad Nacional, la Universidad de los Andes y el Servicio Nacional de Aprendizaje (Sena). Pero, a pesar de tener un alcance global, Blackboard sentía que le faltaba fortalecer su influencia en Latinoamérica. Por eso compró Nivel 7, una compañía colombiana presente en 10 países de la región que provee el servicio de Moodle, una de las plataformas más conocidas de e-learning, implementada por cerca del 80% de las universidades acreditadas. Para Phillip Miller, vicepresidente global de Moodlerooms, la filial de código abierto de Blackboard, lo más importante de esta compra es tener una base regional en Bogotá. Según él, ampliarán la planta de casi 20 personas de Nivel 7 a un ritmo cercano al 40% anual, para que el desarrollo de contenidos se haga localmente. Nivel 7 fue el resultado de una tesis de grado de la Universidad de los Andes porque los estudiantes Daniel Laverde y Laureano Díaz vieron el potencial que había en esas herramientas electrónicas para apoyar el aprendizaje. En 2004 se asociaron con Moodle, plataforma de código abierto, u open source, con cerca de 100 millones de clientes a nivel global y de la cual Colombia es el séptimo país en el mundo en número de usuarios. Por ser de código abierto, cualquiera puede usar Moodle. Pero cuando las universidades, e incluso empresas que lo implementan para entrenamiento de sus trabajadores, necesitan un servicio más especializado, llaman a Nivel 7. Con la adquisición que hizo Blackboard esta semana se duplicó el número de clientes de la estadounidense en América Latina, para un total de 400. Para David Palacios, cofundador y CEO de Inncubated, una incubadora de startups del sector de la educación, el anuncio de la compra es coherente con la “estrategia agresiva de adquisiciones de Blackboard”, que ha opacado a otros jugadores del negocio, como la canadiense Desire2Learn. En este caso hay una posición dominante, “pero también hay un equilibrio entre los dos productos porque Moodle es open source”, agregó Palacios. Para Phillip Miller, la premisa clave de su negocio es entender que “los estudiantes están cambiando”. Según él, las estrategias de e-learning deben responder a personas a las que se les dificulta la educación presencial porque tienen hijos o que simplemente necesitan horarios flexibles. También entienden que hay gente con diferentes intereses. “Hay muchos que se quedaron sin trabajo y vuelven a estudiar o que simplemente son estudiantes ocasionales”. José Javier Díaz, gerente comercial de Nivel 7, dice que, con la unión, la perspectiva es crear una red educativa en la que los profesionales puedan unirse más efectivamente al mundo laboral. La idea también es fortalecer herramientas de analítica que les permitan a las instituciones conocer el progreso de los estudiantes y entender las razones para caer en la desmotivación. Un estudio del Departamento de Educación de Estados Unidos dio cuenta de que la educación que combina sesiones presenciales e interacción en línea es más efectiva que cada una por aparte. “Cuando se usa solo, el aprendizaje online parece ser tan efectivo como una instrucción de salón convencional, pero nada más”, dice el documento de 2010. Pese a que como medio no es superior, según el Departamento, el e-learning es efectivo al permitir la ampliación del tiempo que se dedica al aprendizaje. Según David Palacios, la forma como la tecnología se ha conjugado con la educación no es nada más que una cereza que se le pone a un pastel para que se vea mejor. “Lo que pasa es que la cereza se le pone al mismo pastel, no se cambian las prácticas educativas, se hace cualquier implementación más bonita, pero el pastel no ha cambiado”. Dice que las herramientas electrónicas no sirven de nada si no se cambia el modelo de fondo. El avance será notorio cuando la tecnología se ponga al servicio de una educación diferenciada, que entienda que todos aprendemos a ritmos diferentes y necesitamos métodos de evaluación distintos.