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Un negocio más allá de las estrellas

América Latina se ha convertido en el campo de una naciente carrera aeroespacial a partir de la construcción de pequeños satélites. Y Sequoia Technologies, una empresa colombiana, es su principal proveedor.

09 de enero de 2011 - 04:00 p. m.
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El 17 de abril de 2007 quedó inscrito en la historia de la ciencia colombiana. Ese día el cohete Dnepr-1, propulsado desde Kazajistán, puso en órbita un pequeño cubo de aluminio de menos de un kilogramo, valorado en $800 millones.

Era el Libertad I, el primer satélite artificial construido completamente en el país bajo el auspicio y la supervisión de la Universidad Sergio Arboleda para la transmisión de, entre otros detalles, información de temperatura y velocidades de órbita. Un proyecto que tardó tres años en su desarrollo y en el cual participaron Iván Luna, como director técnico, y Andrés Alfonso, autor de su sistema operativo.

Pero ese día también cogieron vuelo los sueños de estos dos ingenieros de innovar en el área de la tecnología. “Quebramos la primera compañía que tuvimos”, confiesa Alfonso entre risas al recordar a Eniac Net, su primer esfuerzo por lanzarse en las aguas de la libre empresa y la administración: “El mercado en tecnología de computadores, bases de datos y desarrollo de software está muy competido. Sólo vinimos a encontrar el Norte en esto”.

‘Esto’ es Sequoia Technologies, una compañía que nació tras el éxito del Libertad I, en octubre de 2007. En lugar de quedarse con los brazos cruzados tras el fracaso en su primera empresa, los dos ingenieros llamaron a la puerta de Elkin Cifuentes con una idea de otro mundo: incursionar en el desarrollo y la venta de partes de satélites.

 Un negocio que, sobre el papel, se consideraría de alto riesgo, si no fuera porque en el vecindario se vive un auténtico furor por el espacio: Venezuela lanzó Simón Bolívar, su satélite de comunicaciones, en 2008, mientras que estudiantes uruguayos buscan ser los primeros en su país en incursionar en esta área, en la cual tanto Argentina como Brasil llevan la delantera con desarrollos desde los años 90. Incluso, las naciones más pobres de la región, como Bolivia, han firmado alianzas con China persiguiendo el mismo objetivo.

“Antes, las misiones satelitales costaban mucho dinero. Estamos hablando de un desarrollo de 10 años y una inversión de US$10 millones; pero hoy, con el formato CubeSat, hablamos de un costo, incluido el lanzamiento, de US$350.000”, explica Luna, quien de las aulas en las universidades Sergio Arboleda y Pedagógica Nacional pasó a la gerencia de Mercadeo de su empresa.

 Cifuentes (director general) y Alfonso (director de tecnología) coinciden en que tanto los costos como la ‘fiebre aeroespacial’ de la región contribuyeron a que importantes actores del exterior confiaran en ellos, como Pumpkin Inc., fabricante estadounidense de plataformas para satélites, o Rowley Associates, desarrollador británico de hardware y software; también Azur Space, uno de los principales productores europeos de paneles solares, su principal fuente de energía.

Sequoia se ha convertido en el representante y distribuidor regional de sus productos, que además de la venta de cada componente también ofrece el soporte técnico del conjunto. “Son servicios que ellos no brindaban en español”, comenta Cifuentes.

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Gracias a esto, pudo concretar sus dos más grandes operaciones en la región: la venta de partes para un satélite, aún sin propósito anunciado, que será desarrollado por la Escuela Politécnica del Ejército, en Ecuador, y la misión completa (partes, asesoría técnica y transferencia tecnológica) para Uapsat, el satélite con fines científicos y educativos que lanzará la Universidad Alas Peruanas, de Lima.

También han recibido pedidos de cotizaciones de sus servicios desde Chile y México. Pero justo cuando pensaban que 2010 iba a cerrar sin más contratiempos, recibieron un pedido especial: proveer los paneles solares para el proyecto con el que la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, de Bogotá, transmitirá señales biomédicas desde el espacio.

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Estas operaciones les permitieron concluir el año pasado con unas ventas del orden de los $500 millones. Una cifra modesta comparada con su objetivo para 2010: US$1,2 millones. “Hay 1.122 universidades en América Latina, de las cuales la mitad tendría programas o investigaciones en ingeniería. Aspiramos a venderles tres proyectos de la misma naturaleza”, explica Alfonso.

Cada uno de ellos contará con un sello colombiano, la tarjeta GSB, un dispositivo inteligente autoría de Sequoia cuyo objetivo es facilitar la transmisión de datos a los centros de control (cuenta, entre otros mecanismos, con sensores de temperatura, acelerómetros, magnetómetros y sistemas de posicionamiento).

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Su objetivo también implica una inversión de US$30.000 en un laboratorio certificado que les permita desarrollar nuevos productos, ampliar su fuerza laboral (actualmente trabajan con tres desarrolladores) y entrar a las ligas mayores: los grandes satélites de observación y comunicaciones, que pueden llegar a costar hasta US$30 millones.

El buen camino lo siguen marcando con su trabajo: han sido invitados a dictar conferencias en el exterior y actualmente diseñan cotizaciones para la Fuerza Aérea Colombiana. Dos factores con los que buscan crecer como la secuoya, ese pino californiano que eleva sus hojas más allá de la vista.

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Una lucha por el reconocimiento oficial

La palabra se ha convertido en el activo más importante de Sequoia Technologies. Gracias a contratos verbales y a comunicaciones de correo, obtuvieron la representación regional para comercializar partes de los principales fabricantes de nanosatélites del mundo.

“Es contradictorio, porque para participar de estos procesos en Colombia tenemos que licitar y añadir pólizas de cumplimiento y estados financieros, elementos inalcanzables para una compañía recién creada”, comenta Elkin Cifuentes.

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La desventaja es mayor si se tiene en cuenta que en otras regiones, como en Norteamérica y Europa, los mismos gobiernos alientan con exenciones y financian a las empresas del sector de la innovación tecnológica.

Sin embargo, con su inscripción en la Comisión Colombiana del Espacio y participando en ferias tecnológica, como el Campus Party, buscan obtener el reconocimiento del Gobierno.

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