Viajar como aprendizaje, nada más el acto de ir a un lugar desconocido ya es un aprendizaje de por sí. Y estar con los ojos despiertos y los oídos atentos por las calles del viejo San Juan vale mucho la pena para emprender una ruta llena de gastronomía, música, sol y playa por el corazón y el alma del Caribe.
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Puerto Rico es una isla de un tamaño pequeño, pero con una inmensidad de espíritu y significados. La rica historia cultural de la isla se puede apreciar en todo, desde los puertos, las calles y las fachadas hasta en la comida, los licores y el habla. Más allá del chiste fácil de que la r la pronuncian como una l, en buena parte eso define un poco el alma de la isla. Una isla con habitantes, perdón, con boricuas, porque el “puertorriqueño” poco se usa, son los boricuas los que están llenos de libertad, magia, empuje, carácter, y con un slang diferente al del resto del Caribe.
En el contexto histórico, hay que saber que esta isla desde sus inicios fue un pedazo de tierra que otros quisieron peleárselo y decir que era de ellos. Los ingleses, los portugueses, luego los españoles, y así, guerra, conquista, guerra por años, incluso esa disputa por la soberanía es un tema sobre el cual, por estos días, sin preguntar, los boricuas terminan expresando sus opiniones. Esta vez con la intención, de un buen puñado de gente, de que Puerto Rico tenga absoluta independencia y libertad de los Estados Unidos. “Yo sí quiero la independencia”, es lo que muchos terminan aceptando, pero bueno, cada isla con su encanto y el encanto de Puerto Rico en buena parte lo reserva para el paladar de sus turistas.
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La Isla del Encanto cuenta con todo un tour gastronómico en el viejo San Juan, pensado para enaltecer la cocina tradicional, que rinde un sentido homenaje a tantos años de migración, conquistas, esclavos, comercio —ilegal, por supuesto— y años y años en los que quienes llegaron a la isla de otras partes del mundo trajeron consigo su comida, nada más el mofongo, uno de los platos insignia de la comida de este país, fue en sus comienzos una comida de esclavos y hoy hasta en las altas cocinas hay variedades de mofongo y experiencias para hacerlo uno mismo, como la que se puede disfrutar en el restaurante Cocina Abierta, en San Juan.
Una opción para disfrutar de toda la gastronomía de Puerto Rico estando en el viejo San Juan es hacer un tour culinario, para esto lo mejor es hacerlo con Flavors Food Tours, quienes a la experiencia sensorial de probar diferentes platos le agregan todo un componente histórico que le termina de dar la importancia a cada plato.
Son cerca de tres horas de recorrido en el que cada viajero podrá degustar de las alcapurrias, una rayadura de guineo verde y yuca que muestra toda la influencia indígena de la isla, o los tostones, que son tajadas de plátano maduro, o el chocolate, en fin, comida por todos lados.
Puerto Rico llegó a ser la segunda isla con más oro en el Caribe. Un dato histórico que se puede apreciar en el antiguo puerto del viejo San Juan. En menos de una manzana, hay casi 10 bancos o edificios que algunas vez fueron bancos. Puerto Rico era el nombre inicial solamente de una parte de la isla y terminó siendo el nombre oficial. Como isla, comenzó a ser un punto medio entre los barcos mercantes del viejo mundo, aunque por la cantidad de huracanes que destruían barcos oficiales y piratas, desde siempre en la isla han creído que hay más oro en el fondo del mar que lo que terminó en mercados europeos, pero como todo relato de guía de turistas, está sujeto a verificación.
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Además de un colorido recorrido por las calles empinadas del viejo San Juan, la experiencia al llegar a la isla está en disfrutar del sol, del viento que en las tardes con sus fuerte ventiscas y un clima que no sobrepasa los 30 °C, resulta muy agradable. Como muchos centros coloniales, el viejo San Juan guarda pedazos y vestigios de arquitecturas árabes, españolas, inglesas y francesas, en fachadas, ventanales, vitrales y hasta en los adoquines. Realmente sus calles y casas entregan una linda experiencia para caminar y disfrutar, eso sí, siempre con el mar Caribe a las espaldas reflejando ese azul único y encantador de sus aguas.
Como la gastronomía también está en las bebidas, para visitar y disfrutar más la isla vale la pena moverse de San Juan hasta la Hacienda Santa Ana, en Bayamón, en donde está situada la destilería de Ron del Barrilito, el ron más antiguo del país, que existe desde 1880 y es exquisito. Y ese sabor robusto y fino en buena parte se explica porque está envasado en barricas de roble americano blanco, proveniente de Estados Unidos, y está hecho con agua de lluvia purificada, diluida y mezclada. Esta compañía exporta el 30 % de toda la producción, una producción capaz de hacer y envasar 7.000 botellas al día.
La visita puede tomar unas dos horas, para conocer la casa museo, recorrer las bodegas en las que se están destilando miles de botellas, para luego pasar al bar a disfrutar de cocteles de ron tan llamativos como el Cigar Fashioned, el Barrilito piña colada o el Bayamón Mule, una variedad del famoso Moscow Mule.
En el último tiempo, Puerto Rico y Colombia han estrechado lazos de carácter comercial y turístico. Ese respaldo e interés es algo que se puede ver en la cifras. El tráfico aéreo entre los dos destinos creció un 30 % en 2022, comparado con 2019. En buena medida las facilidades del idioma, el clima, el vuelo directo entre Bogotá y San Juan y lo corto de este hacen de este destino algo interesante para los viajeros, porque sí, como en tantos lugares del mundo, por acá también hay colombianos trabajando, paseando, pero los hay en una isla que recibió 5,9 millones de pasajeros, en 2022, y específicamente desde América del Sur el año pasado arribaron 37.600 viajeros, unas cifras que ya van en aumento este año, al sumar ya 17.000 visitantes del sur del continente entre enero y abril.
Además de los destinos de playa, un recomendado puede ser Fajardo y en especial el tour de esnórquel en Culebra Island, con cristalinas aguas que dejan ver toda la magia del mar Caribe, su oleaje, los cayos, los arrecifes de coral, en fin, un día completo por estas islas es un plan redondo.
Desde La Perla, que menciona Ismael Rivera, hasta La Placita de Bad Bunny, el caminar de Puerto Rico lo marca la música. Un recorrido marcado por el ritmo de los timbales de las innumerables agrupaciones salseras y, obvio, el reguetón, la salsa en buena medida es un culto a la raíz, al origen, mientras que el reguetón es el hoy. No hay día, calle, barrio ni lugar en el que por lo menos una vez al día no suene reguetón y obvio que sea de Bad Bunny.
Ya sea la música, la comida, el clima o el mismo mar, la Isla del Encanto busca posicionarse como un destino de múltiples aristas y gustos; ya va en cada quien y en cada viajero y en cómo cada uno de quienes pisan la isla dejan que sus almas encuentren un poco de esa brisa del Caribe.
*Esta nota fue posible gracias a una invitación de Discover Puerto Rico.
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