Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Su próxima presentación será con el comediante venezolano Emilio Lovera. ¿La idea es acercar, a través de la comedia o del “stand up”, una visión colombiana y una venezolana de lo que está sucediendo en la frontera?
Terminó viéndose así por la coyuntura que estamos viviendo. Nosotros veníamos montando el evento desde hace un buen tiempo, pero cerca de la fecha empezó a ocurrir todo esto, entonces es imposible ignorar esta coyuntura. Por eso vamos a demostrar que la hermandad continúa entre los dos pueblos.
¿Cómo surgió esta rutina? ¿O son dos distintas reunidas en una?
Voy a fusionar un par de rutinas que he escrito para esta presentación. Pero hay una rutina que, precisamente a raíz de la coyuntura de la frontera, ha ido gestándose poco a poco: un exhaustivo análisis en la compleja mente de Nicolás Maduro. Se ha venido nutriendo todos estos días, le doy las gracias a ese señor, porque cada vez que habla es material para mí. Espero que después no pida comisión.
¿Y todo a partir de hechos y frases reales de él?
Sí, absolutamente todo. Tengo la teoría de que en el fondo, más que un presidente, es un comediante disfrazado y su plan es adquirir mucha popularidad ahora que tiene el poder, para luego entregarlo e irse de gira por el mundo con su espectáculo humorístico, porque tiene unas frases que son hilarantes, que uno como comediante no lograría hilvanar.
¿Hay algo de improvisación en lo que hace o todo lo lleva escrito?
Siempre tengo claro los puntos en los cuales empiezo y termino, y son inmodificables, pero en ocasiones, a lo largo de ese camino, me gusta salirme de la rutina. Disfruto mucho de la improvisación en mis espectáculos, porque es el momento en el que me salgo del libreto y hago algo distinto.
¿Cuándo sabe que una rutina está lista?
Creo que pocas veces está lista, porque madura. Hago la analogía de que un espectáculo cómico es como un bonsái: siempre está creciendo, siempre hay que estarlo podando.
¿Cómo se dio cuenta de que servía para la comedia?
Accidentalmente, porque a mí toda la vida me han gustado la escritura y la lectura. Escribía poemas y cuentos, en ocasiones para concursos. Dentro de los cuentos tenía a veces una disertación que me parecía profunda y, al momento de hacer lecturas en clubes literarios, la gente se reía, sin que esa fuera mi intención, y yo me sorprendía: por qué carajos se reían. Empecé a descubrir que había algo en mí que terminó acaparándolo todo. Se me olvidaron las pretensiones de literatura seria y fui encontrando mucho más amor por la escritura cómica.
¿Cómo era el deleite de salir al escenario cada ocho días en “Comediantes de la noche”? ¿Siempre lo disfrutó?
No, hubo muchas veces en las que no lo disfruté para nada, porque había una rigurosidad y una exigencia de escribir una rutina cada ocho días, y lograr que sea arrolladora en cada línea es algo supremamente difícil. Era un estrés muy grande, porque en muchas ocasiones nos tocaba pararnos a grabar sin estar seguros de la rutina.
A estas alturas de la vida, ¿qué le da pena?
Pocas cosas me dan pena, pero me da pena que, con la edad que tengo, no sé nadar. Tengo la meta de aprender antes de que termine este año, porque cuando voy con mis hijos a una piscina siempre me hago el loco para que no sea evidente que no sé nadar.
¿Cuándo se toma en serio la vida?
Creo que nunca, muy pocas veces. Me ha pasado que en ocasiones contesto insultos, porque me parecieron graciosos, pero no me ofendo. No me veo con la relevancia necesaria para atribuirme una postura ante ciertas cosas.
¿Qué viene después de esta presentación?
En noviembre voy a presentar un show en el Sofa 2015, para fanáticos del cómic, y también, estaré representando a Colombia en el Festival del Humor en República Dominicana.