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Pero las predicciones más ominosas, ya lo sabemos, no se cumplieron. La economía mundial sufrió una recesión común y silvestre. Más profunda que las anteriores, pero nunca de la magnitud prevista inicialmente. Todavía hay incertidumbre. Todavía quedan algunas secuelas. Ya se discuten los efectos secundarios del activismo monetario y fiscal. Pero lo peor ha quedado atrás. La economía mundial va en camino de una franca recuperación.
En Colombia, el balance es aceptable. La economía lleva cuatro trimestres continuos de crecimiento negativo. La producción industrial ha sufrido una contracción considerable. El desempleo sigue creciendo. Pero los resultados pudieron haber sido peores. Algunos sectores han tenido un comportamiento positivo, las finanzas de los hogares se han mantenido sanas y el sector financiero ha mostrado una gran solidez. Más allá de la discusión sobre si estamos o no en recesión, el hecho cierto es que la economía colombiana pasó el año, pudo resistir la crisis internacional sin caer en una recesión profunda como la vivida hace diez años.
Lo bueno de la economía fue el comportamiento positivo de los sectores de minería e hidrocarburos, el despegue leve pero sostenido de la construcción, la continuidad de los flujos de inversión extranjera, la dinámica creciente de la bolsa de valores, el descenso de la tasa de interés y el excelente comportamiento de la inflación. En el año 2008, el aumento en el precio de los alimentos elevó los niveles de pobreza extrema. Este año, la pobreza extrema seguramente disminuyó como resultado de la caída en los precios de muchos componentes de la canasta básica.
Lo malo de la economía fue el comportamiento negativo de la industria (la gran perdedora de la recesión mundial), la caída de la cosecha de café, el desplome de las exportaciones (en particular hacia Venezuela), el aumento del déficit fiscal, la creciente insostenibilidad financiera del sistema de salud y el comportamiento de la inversión privada, afectada no sólo por el contexto internacional, sino también por la incertidumbre política asociada, entre otras cosas, a la reelección presidencial.
Lo feo de la economía fue sin lugar a dudas el desempleo. Durante los años de expansión, en el período 2004-08, el desempleo nunca se redujo por debajo de diez por ciento. Y ahora, durante los meses de contracción, el desempleo ha crecido rápidamente. Este año la tasa de desempleo creció casi dos puntos porcentuales, con varios agravantes: la generación de empleo ha corrido por cuenta del rebusque, de la informalidad laboral; el desempleo de los jefes de hogar ha crecido sustancialmente; el desempleo de los jóvenes alcanzó dimensiones catastróficas, etc. Y para completar este panorama negativo, para complicar las difíciles condiciones del mercado de trabajo en Colombia, el desempleo podría seguir creciendo.
En suma, la economía colombiana tuvo un año aceptable. Pero el desempleo empañó muchas de las buenas noticias. No sufrimos la catástrofe prevista. Pero el desempleo es una tragedia de todos los días que podría, con el tiempo, confirmar muchas de las predicciones más ominosas.