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El tema es, acaso, el más relevante para la zona. Si bien en la última década el buen desempeño de las economías latinoamericanas contribuyó a aumentar el empleo y el flujo de remesas, seguimos lejos de una estrategia sólida que permita entrever una verdadera mejoría en materia de pobreza y desigualdad.
No obstante que los gobiernos han intentado perfeccionar los servicios sociales aumentando el gasto y mejorando los instrumentos de focalización, el talón de Aquiles sigue siendo la educación pública y los servicios de salud. Esto explica que a la fecha, pese al crecimiento sostenido de la última década, más de un tercio de la población latinoamericana continúe por debajo de la línea de pobreza.
No menos preocupantes han sido las consecuencias de esta situación en la implementación de la gobernabilidad democrática. Debido a la falta de desarrollo social, los mismos instrumentos que debían garantizar el funcionamiento del sistema, como el derecho al voto, el sistema de partidos y la propaganda, se han convertido en medios de manipulación y clientelismo. A su vez, el analfabetismo, la inseguridad ciudadana, la criminalidad, el terrorismo, la corrupción y el tráfico de drogas y armas han dificultado la consolidación de las democracias.
La problemática ambiental es también un asunto de particular relevancia. No sólo por la carga que se les está imponiendo a las generaciones futuras al impedir que el medio ambiente se autorregenere, sino también por la disminución de los niveles de salud en los cascos urbanos. La planificación del territorio, la disponibilidad y cobertura de infraestructura de agua y saneamiento, la recolección y disposición de residuos sólidos, la prevención de riesgos ante desastres, la gestión del trasporte y, con ella, la disminución de la contaminación del aire, además del desarrollo de una estructura institucional que exija y coordine la acción de los gobiernos locales, son retos que requieren esfuerzos inmediatos.
De acá que los ejes temáticos del FEML sean tan acertados. Las preocupaciones del subcontinente están claramente recogidas en las conferencias y seminarios agendados para los tres días que durará el evento: desigualdad, demografía, democracia y gobernabilidad, y economía verde guiarán la discusión. También lo harán las iniciativas de cooperación y crecimiento, políticas claves, no sólo para fortalecer redes de ayuda para desastres como el de Chile y Haití, sino también para restaurar las maltratadas relaciones comerciales de la región.
Estas últimas, además, tomarán lugar de manera inmediata. Se espera que de la mano de los 400 altos ejecutivos de multinacionales y empresarios que asistirán al foro prosperen varias alianzas y proyectos de inversión. Al respecto, cabe recordar que aunque la inversión extranjera directa es una carta esencial para el desarrollo —pues es la forma más efectiva de resolver la falta de ahorro interno y el atraso tecnológico—, existen condiciones sin las cuales ésta no le es provechosa a la región. Si el foro no logra concientizar acerca de la necesidad de un desarrollo integral en el que se consolide una agenda única entre el sector público y el privado en varios frentes, lamentablemente éste no será más que un instrumento de marketing para vender a la región —y a Colombia— al mundo, sin abordar con la seriedad que lo ameritan los demás retos.