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De hecho, es la única Policía en el mundo que patrulla en aviones y helicópteros artillados al tiempo que desarrolla funciones de control y prevención sin armamento. La Policía de Tránsito y Transporte, por ejemplo, tiene la doble tarea de atender el flujo habitual de vehículos y de enfrentar bélicamente, si se requiere, a grupos armados ilegales que bloqueen vías o destruyan obras de infraestructura en los corredores que patrullan. De ahí, entonces, que el reconocimiento como mejor policía del mundo que otorga la Asociación Internacional de Jefes Policiales y el título de agente honorífico de la DEA que recibió hace unos días el general Óscar Naranjo adquieran, en el caso colombiano, especial relevancia y notabilidad.
Aunque las distinciones que recibió el director de la Policía Nacional se motiven principalmente por las labores de inteligencia y los resultados de la lucha contra las drogas, también se destaca la unificación de propósitos en tal contraste de obligaciones y el respeto por las normatividades dentro de la Fuerza, a pesar de la aprobación social de la violencia. Sin desconocer logros como el aumento en la incautación de estupefacientes, el entrenamiento de unidades especiales de la Policía y los 585 extraditados por narcotráfico, es el reiterado énfasis en la institucionalidad que acompaña los resultados lo que ha hecho que el general Naranjo sea considerado como mucho más que un hábil ‘cazador’. De no haber venido respaldada su participación en la muerte o captura de los jefes guerrilleros como Raúl Reyes, de narcotraficantes como El Señor de la Camisa Roja y de paramilitares como Los Mellizos, por una actitud respetuosa de las leyes y de la vida, no hubiera tenido la misma significación ni tampoco la misma popularidad.
Con respecto a las menciones que recibió el general Naranjo, el presidente Santos afirmó que son reconocimientos merecidos por toda la Policía y añadió que “no en vano las recientes encuestas la sitúan como una de las instituciones del Estado de mayor favorabilidad en la opinión pública de los colombianos. Es un activo que legitima la acción del Estado”. Sin embargo, el verdadero activo no son solamente las condecoraciones ni los cientos de kilos de estupefacientes incautados, sino la forma de abordar los objetivos de la Fuerza Pública. A pesar de que algunos desairen la voluntad democrática del general Naranjo, ha sido precisamente su actitud cauta y equilibrada la que ha transmitido la confianza que acompaña los avances en seguridad.
Siempre es un riesgo que la autoridad abuse de su poder. Tranquiliza, por ello, que frente a la ola de penas que ha querido imponer el Gobierno a los menores, el general Naranjo, como jefe de la Policía, insista en que los jóvenes no pueden ser convertidos en sujetos procesales y que es preferible dejar que un par se salgan con la suya antes que estigmatizarlos. También tranquilizan su énfasis en la importancia del diálogo y en las ventajas de la discusión de ideas y su campaña humanística en la institución. Aunque estos propósitos son tachados por algunos como ingenuos o hasta mediáticos, es valioso que la lista de triunfos se enmarque dentro de la legalidad, incluso en las labores de inteligencia. Así bien, es de celebrar, junto a los premios, el esfuerzo por educar a la Policía en la institucionalidad y junto con ella a toda la sociedad.