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Constructor de paz

El exsecuestrado por las Farc se reconoce como una víctima y aunque dice que ya perdonó a sus verdugos, “eso no implica que haya olvidado lo que pasó”. Cree necesario reconstruir el Estado, “porque todo está diseñado para que no funcione”.

30 de noviembre de 2014 – 09:00 p. m.
Alan Jara Urzola fue liberado en 2009 por las Farc, tras siete años de cautiverio. / Archivo - El Espectador
Alan Jara Urzola fue liberado en 2009 por las Farc, tras siete años de cautiverio. / Archivo – El Espectador

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¿Qué significa para usted obtener la distinción Liderazgo por la Paz?

Es un gran honor y también una responsabilidad. No la recibo a título individual, sino como todo el grupo de personas que a lo largo de la vida me han acompañado en las tareas de construcción de paz.

¿Todavía se reconoce como una víctima?

Uno nunca puede olvidar lo que le ha sucedido, lo que perdió. Hay olores y sonidos que lo remontan a uno a la época del cautiverio, pero lo que no quiero es de alguna manera seguir pensando en condición de víctima, sino que más bien deseo trabajar para que no haya más.

¿Cómo fue el paso de ser una víctima a ser un gestor de paz?

Desde la anterior gobernación venía desarrollando iniciativas de paz y al salir del secuestro encontré una sociedad tan polarizada, que reflexioné sobre la conveniencia de actuar en un sentido diferente para lograr proponer y visibilizar una actitud positiva que intente generar respuestas para la sociedad.

Usted ha hablado de lo importante que es el perdón para lograr la paz, ¿ya perdonó a las Farc?

Yo he perdonado, pero eso no implica que haya olvidado, justificado o entendido lo que pasó. Lo hago por mí y por mi familia para poder tener una vida positiva y constructiva, estoy muy agradecido con Dios por haberme dado esta segunda oportunidad y desde luego no podría hacerlo bien si tuviera una actitud de rencor o de deseo de venganza.

¿Pero cómo se logra ese perdón?

No es sencillo hacerlo, requiere de mucha paciencia y de una actitud hacia la vida, de amarla, quererla, disfrutarla y poder hacerlo con su familia. Creo que la mayoría de las personas se equivocan en creer que perdonar es de alguna manera validar lo que ha sucedido u olvidar lo que ha sucedido, no es eso, el perdón es un ejercicio individual que busca que uno pueda adelantar su vida sin esos resentimientos.

¿Por qué cree que el país no ha podido superar la polarización frente al proceso de paz?

Porque hay mucho dolor a lo largo de 50 años de conflicto, son muchas las heridas que no han sanado y que difícilmente sanarán. Aquí han sucedido las cosas más terribles a millones de colombianos y pensar que necesitamos una sociedad sana es muy difícil, por eso creo que hay que construirla.

¿Está dispuesto a ver a sus victimarios en la política?

Ese es un tema en el que estamos hablando no de un país ideal, sino de un país real. En la vida real, si queremos la paz, tendrá que hacerse un esfuerzo y lo resumo en una frase: prefiero encontrarme a alguien aquí en la vida civil, así sea haciendo política, y no encontrármelo en el monte armado haciendo sufrir a todo un país por los dolores que causa el conflicto.

Desde su liberación, ¿qué cambios ha visto en las Farc?

Esta es una organización que para todos nosotros es muy difícil de entender, sus tiempos son diferentes y su visión no es la misma de la mayoría de nosotros. Aunque uno trata de analizarlos, esto no resulta, por lo que es un poco frustrante. Confío en que la mesa de diálogo sea para poder llegar a un acuerdo que permita ponerle fin al conflicto y por eso apoyo al Gobierno en esa iniciativa.

¿Cómo hizo el tránsito de salir de la selva y volver a la administración pública?

Lo difícil no era salir de la selva y llegar a la libertad, lo difícil es cuando uno está libre y de un momento a otro lo secuestran. La decisión de volver a lo público es una decisión que era como mi proyecto de vida. Le explicaba a mi hijo al regresar que si hubiera sido futbolista, muy seguramente habría salido a patear un balón. Como era una persona con una actividad pública, quería salir a lo mismo, no quería cambiar mi proyecto de vida para de alguna manera poder superar lo que pasó.

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¿Y qué lo motivó a volver a ser candidato a la Gobernación del Meta?

Salí a la libertad sin la intención de aspirar a la Gobernación, solo quería continuar en el ejercicio. Pero me encontré con un departamento con una coyuntura muy especial y me di cuenta de que había una posibilidad de que el Llano fuera el presente de Colombia, esa visión me hizo aspirar a la Gobernación.

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Si usted pudiera hacer una reforma política ahora mismo, ¿cuál sería?

Creo que hay que reconstruir el Estado, porque todo está diseñado para que no funcione, hay una cantidad de normas que hacen que la negociación de proyectos sea en extremo ineficiente y al ser así la vuelve también costosa. Creo que hay que pensar en una normatividad que a partir de la transparencia garantice que no hay corrupción y sea mucho más viable, eficiente y fácil de actuar, así como funciona en el sector privado.

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¿Cuál es la obra literaria que más lo ha impactado?

El hombre mediocre, de José Ingenieros.

¿Y qué está leyendo actualmente?

La idiotez de lo perfecto, de Jesús Silva-Herzog Márquez. Me lo regaló una persona del alto gobierno y tiene un significado especial para mí.

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