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¿Cómo nació la feria de arte y cultura Barcú?
Por inercia propia. Contamos con la colaboración de la Cámara de Comercio que lleva una década de trabajo y esfuerzo por poner a Bogotá en el mapa de las artes plásticas, así que con Barcú queremos crear una plataforma para apoyar la cultura.
¿Por qué eligió el sector de La Candelaria para la feria?
Fue allí donde se tomaron decisiones importantes desde la Nueva Granada hasta la Gran Colombia, y ha sido un lugar que está olvidado y es maltratado por la superstición que le tenemos. Bogotá es una ciudad llena de riqueza, cultura e historia que permiten crear esta feria.
¿Y específicamente las calles 9ª y 10ª?
Por ser las más antiguas de La Candelaria. Allí están ubicadas las principales casas antiguas: tenemos la Casa Siam para los eventos de música; La Factoría será la casa del cine, charlas culturales y talleres, y La Cicuta será el destino de las artes plásticas, por su tamaño.
¿Qué lo inspiró a crear este recorrido?
Quise robarme un poco la idea de la Bienal de Venecia para culturizar a los colombianos. Allá hay un palazzo por tema y cada uno es más lindo que el otro.
¿Cuál ha sido el mayor reto de esta feria?
Montar en dos meses y medio un proyecto que por primera vez reúne cinco o seis culturas plásticas en un solo lugar.
¿Cómo ve a Colombia en el mundo de las artes plásticas?
Definitivamente, Colombia está de moda. Lo que está sucediendo con artistas como Óscar Murillo y Rafael Gómez nos tiene en un posicionamiento impresionante. Tenemos talentos en todo.
¿Cómo está el mercado de las artes plásticas en Latinoamérica?
Jodidísimo. Empezando porque nuestro problema es ser latinoamericanos: acá queremos controlar las cosas, los precios, las obras y no queremos que crezcan mucho, mientras que en el resto del mundo todo es más fresco y la gente quiere apoyar sin tanta pretensión.
¿Qué les diría a los nuevos artistas?
Para poder crecer de verdad tienen que salir de la piscina latinoamericana; hay que empezar a nadar en la piscina mainstream, que es la que de verdad los va a apoyar y quiere que sus obras valgan US$200.000. Ellos no estarían bravos porque está muy caro.
¿Qué exhibiciones de Barcú recomienda?
La de Federico Uribe, que es nuestro artista invitado, y la de Jazmín López, pintora argentina que trae una nueva onda con formatos grandes y con un minimalismo muy elegante. Y el performance de William Tocalino.
¿Qué es para usted el arte?
La representación de lo que es el ser humano. Nos muestra nuestra cultura, clase e historia.
Si estudió administración de empresas, ¿cómo llegó a ser galerista?
El destino. Crecí en París con los artistas de los 80 y de ellos aprendí cómo sacrificaban su vida por el arte.
¿Y cuál es la ventaja de serlo?
Saber sobre uno de los pocos temas de los que no todo el mundo conoce. Cuando hablo de arte las personas se quedan calladas porque no saben y es un tema tabú. Hay que romper con esto porque el arte es para todos.
¿Qué cambiaría de su vida?
Me habría dedicado desde el principio a lo mío, el arte.
¿Sus hijas siguen su pasión por el arte?
A ellas les enseño a apreciarlo y coleccionarlo.
Su obra favorita.
Tengo las tres bes: un Botero, un Bacon y un Basquiat, pero quiero el Basquiat.