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La película de producción colombo-estadounidense ‘Encerrada’ es su primera aparición en cine. ¿Cómo fue esta experiencia?
Lo estaba esperando desde hace mucho tiempo y no se había dado la oportunidad de hacerlo de una manera que cumpliera mis expectativas. Fue bastante sorpresivo. Me enteré de la película dos días antes de empezar a rodar, fue muy vertiginoso, pero en realidad disfruté mucho el proceso.
¿Qué diferencias pudo encontrar entre el cine y la televisión?
En el cine cada persona hace su rol con toda la entrega y pasión. Fue como me lo esperaba: el tiempo necesario para cada cosa, el cuidado y el profesionalismo. En televisión, aunque todos son muy profesionales, la gente lleva trabajando tanto tiempo haciendo novelas y tantas horas diarias que la mística se pierde.
Alguna anécdota del rodaje que recuerde.
En la secuencia final, donde la camioneta cae a un río, teníamos que forcejear con Peter y con Sophia, y en ese forcejeo creo que le rompí una costilla a Sophia porque se pegó contra la puerta, se lastimó y me sentí realmente mal. Luego le llevé un ramito de rosas.
La película está catalogada como terror. ¿Le gusta este género?
No es mi mecanismo de soltar adrenalina, después no duermo. Puede que me asuste y bote mis endorfinas, pero llego a la casa y estoy mal, aunque esta película no es aterradora, no traumatiza, da sustico pero entretiene, aguanta.
¿En qué libera adrenalina?
Soy más de gasolina, la boto en las motos, en los carros, en la bici o en patineta, cosas así.
¿De dónde viene la pasión por las motos?
Es algo que tengo en las venas. Mi papá y mi abuelo fueron motociclistas toda la vida. Siempre fue mi sueño tener una y la compramos con mi papá a mis 16 o 17 años. De ahí en adelante nadie me bajó; sólo yo mismo cuando nació mi hijo. Paré casi tres años y después la vida me la fue poniendo de nuevo, sin buscarla, y otra vez estoy montando pero de una manera distinta.
¿Cuál es su moto soñada?
La que tengo, una BMW GS 1200.
¿Qué siente cuando corre?
Una conexión conmigo mismo, con el entorno. Sentir el viento, los cambios de clima, los olores, todo lo que va pasando alrededor, es una delicia. Por momentos te sientes como volando, conectado con todo lo que pasa, y juegas, siempre estoy jugando.
Hablando de juegos: ¿tiene algún juguete favorito?
Me fascina armar Lego. Batman me gusta mucho, Hellboy, Supermán, Spiderman es una nota. Crecí con esa generación, con Gokú.
De sus 22 años de carrera artística, ¿cuál es el papel que más recuerda?
Todos han tenido su gallo, su complique y su disfrute. Me gocé a Alex en Allá te espero y a Elkin en La viuda de la mafia. El que acabo de hacer y el que estoy haciendo ahora también (risas).
Ha sido presentador y actor de teatro, cine y televisión. ¿Con cuál faceta se queda?
Con todas. La experiencia del cine ha sido maravillosa, quisiera hacer más, pero no puedo decir que no quiera hacer más televisión o teatro. En cada medio encuentro cosas distintas y las disfruto.
¿Cuál es su proyecto actual?
Una serie para Fox, se llama Tráfico, donde interpreto a un médico involucrado en tráfico de órganos.
¿Algún ‘hobby’?
Monto en bici, en karts, en moto y juego con los niños. Tengo uno nuevo que son los peces koi, estoy encarretado, son dos contrastes grandes: me bajo de la moto y les echo comida a las peces.
¿Qué es lo más importante en su vida?
La tranquilidad y mi familia. Estar siempre con ella en ese punto de armonía y de amor.
Sebastián como padre.
Muy juguetón con mis hijos. A veces también soy estricto, mamoncito, pero me gusta sobre todo divertirme con ellos.
Película favorita.
Repito con los niños. Me veo harto Tintín y Cómo entrenar a tu dragón.
Mejor actor colombiano.
Enrique Carriazo, mi maestro de actuación.