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Acero y bronce han sido los aliados más sólidos de Lucía Nebel. La escultura de esta artista bogotana tiene un sello particular, porque ella logra fundir materiales habitualmente pesados, como el hierro y el metal, que gracias a la utilización de curvas, propuestas elípticas y figuras con caracoles, se transforman en piezas móviles muy cercanas al público. “La gente siente ese impulso de acariciar mi obra, pero no se imagina todo el trabajo que existe detrás de lo que está viendo. Yo, por ejemplo, las piezas las hago modeladas en arcillas. Empiezo a abordar una temática en mi mente, pero ya no recurro al dibujo porque cuando lo hacía, el producto final era muy diferente a lo que había en mi cabeza”, afirma esta profesional en las artes y la decoración arquitectónica.
Ahora su mente y sus manos trabajan en un solo sentido y siempre están sincronizadas con el espíritu artístico que la ha acompañado durante toda la vida, aunque su ingreso en el complejo mundo de las exposiciones, las muestras y las exhibiciones se produjo hace unos 16 años. “Actualmente la escultura es mi vida. Me encanta trabajar en eso y siempre me ocupa la posibilidad de plantearme nuevas formas de expresar lo que siento. La ventaja es que ya tengo mis hijos grandes y le puedo dedicar más tiempo al arte y ese es tiempo invertido en uno mismo”, manifiesta la artista que un buen día abandonó la pintura al sentirse limitada y se dejó seducir por los grandes volúmenes y las tres dimensiones de la escultura.
La realidad social de Colombia siempre la ha inquietado y por eso temas como el desplazamiento forzoso y la maternidad en condiciones de vulnerabilidad han sido sus preferidos. “Ahora me he inclinado mucho por el arte precolombino y he encontrado en el poporo un elemento apasionante. Antes hacía parte de un ritual en el que se mezclaban la cal y la coca y era algo sagrado para nuestros indígenas. Pero, hoy por hoy, la coca es la perdición para el país. Mi trabajo es una mezcla que incluye una denuncia por todo lo que está pasando en Colombia”.
Y por comentar a través de su obra lo que está sucediendo, Lucía Nebel obtuvo el segundo premio en la categoría de escultura e instalación en la Bienal de Arte Contemporáneo realizado en la ciudad de Florencia, Italia. Con su propuesta “De lo sagrado a lo profano”, con dimensiones de 53 x 18.5 x 12.5 centímetros, se hizo al galardón ‘Lorenzo El Magnífico’, disputado por 800 artistas de más de 70 países.
“Las esculturas son los hijos del alma. Recuerdo que la primera obra me costó mucho trabajo venderla, no por falta de oferta sino por exceso de cariño hacia ellas y esta pieza galardonada sí que más”, comenta la escultora que con materiales pesados ha logrado volar alto.