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¿Qué tal la actuación de los colombianos en estos Olímpicos?
¡Excelente! Esto es una muestra de que se ha incrementado el apoyo económico a los deportistas. Catherine hizo una gran hazaña, Figueroa también. Y no sólo ellos, todos lo que se llevan una medalla o que han clasificado a los Olímpicos. Todos los que han competido han hecho un trabajo más que excelente.
¿Qué cree que hace falta para el oro?
Un ministerio del deporte donde se logre focalizar la ayuda para los deportistas y que haya más apoyo en los procesos de iniciación. Si nos ponemos a pensar, a los deportistas se les da un apoyo económico y una gran atención cuando son los mejores. Pero hay muchas promesas del deporte a las que sus posibilidades económicas no les dan para poder seguir entrenando, para unas vitaminas o una implementación. Ellos, así sean los mejores, sin ese apoyo nunca van a tener la oportunidad de llegar.
¿Ve un relevo generacional en las pesas?
Aunque las pesas siempre han sido un deporte élite, hace falta una base. Los que salieron no tienen un reemplazo, siempre están compitiendo los mismos. Hay que preparar muchísima gente para que haya relevo. La idea no es que exista una sola categoría, sino que haya categorías A, B y C. Hay que resaltar que están saliendo pesistas muy buenos de Urabá, Antioquia y el Valle, seguramente en esas partes hay más apoyo. Si nos ponemos a ver la parte socioeconómica de los deportistas olímpicos, nos damos cuenta de que la gran mayoría es gente que necesita del Gobierno.
¿Qué tanto le cambió la vida después de haber ganado el bronce?
Muchísimo. Yo no había tenido la oportunidad de estudiar y de hacer muchas cosas que ahora estoy haciendo. Hablando de lo económico, debo decir que fue lo que más cambió. Además, después de la medalla he tenido más tiempo para estar junto a mis hijos y se me han abierto muchas puertas.
Después de tener hijos, muchos deportistas finalizan su carrera deportiva. Usted ganó la medalla ya con dos niños…
Creo que un hijo no es impedimento. Al contrario, para mí como deportista fue un motor, una bendición para hacer las cosas mejor que nunca. De hecho, si no tuviera mis hijos no hubiese tenido la fuerza para llegar a donde llegué. Por pensar en mejores posibilidades para ellos saqué fuerzas de donde no tenía, literalmente, siempre pensando en conseguir para ellos y para mí una condición de vida mejor.
¿Y ahora en qué anda?
Estoy haciendo una especialización en administración deportiva y trabajando en el Instituto Departamental de Recreación y Deporte de Santander. Allí hago, como dicen por ahí, de todo un poco.
Cuando ganó la medalla, a usted le prometieron una casa. ¿Cumplieron?
La pregunta del millón (ríe). La verdad, no me dieron la casa, nunca llegó. Sin embargo, eso es algo que quedó atrás y además fue en otro gobierno. Ahora tengo que mirar hacia adelante y hacer mi vida.
¿Qué sueños quedan por cumplir?
Primero terminar la especialización ya después poder adquirir experiencia. Tengo un gran sueño y es ser directora de Coldeportes. En esas ando, buscando cumplirlo. Sé que no hay sueños imposibles y haber ganado una medalla lo demuestra.
Varios años después de haber ganado el bronce, ¿siente que el país fue ingrato?
No lo creo, ha habido varios reconocimientos y muchísimas cosas donde digo ‘valió la pena’. Pero de pronto uno como medallista espera un poco más después de tanto esfuerzo, tal vez algunos convenios para que los deportistas retirados tengamos apoyo. Por ejemplo, yo me retiré por una lesión, después me tocó todo con mis propios medios, faltó tal vez una asesoría para empezar de nuevo.
¿Cree que María Isabel Urrutia seguirá siendo el único oro por muchos años?
Vienen muchas medallas, después de estas olimpiadas quedó claro que se acerca la de oro. Hay algo que se ha venido mostrando y es que cada año aumenta el número de medallas, cada olimpiada vemos que los deportistas dan más, cada día la lucha es más grande. Dentro de cuatro años seremos más fuertes y no irán los 104, sino muchos más. Los veremos en la gloria.