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“Este es un día histórico. Tras veinte años de investigación hemos concluido los estudios de fase III y podemos confirmar que la primera vacuna para prevenir el dengue (que demostró una efectividad del 60,8% en América Latina) está lista y será presentada a inicios de 2015 a los países endémicos para ser certificada”.
No se equivocaba Guillaume Leroy, director del grupo científico de la farmacéutica Sanofi Pasteur que desarrolló la vacuna contra el dengue, al definir el avance como un hito. Su laboratorio se les había adelantado a otros 25 con vacunas candidatas que también avanzan en encontrar la solución más efectiva para la más incómoda de las enfermedades tropicales. La vacuna demostró que es capaz de prevenir en un 60,8% el contagio de cualquier tipo de dengue, que reduce en 95% la posibilidad de contraer dengue grave y que es capaz de reducir en 80,3% el riesgo de hospitalizaciones.
Finalmente el anuncio abre la puerta para pensar que es posible desacelerar el incontrolable virus. En los últimos treinta años el dengue se expandió a escalas impensables hasta convertirse en una amenaza para la mitad de la población del planeta que vive por debajo de los 1.800 metros sobre el nivel del mar, hábitat de los mosquitos transmisores Aedes aegypti y Aedes albopictus.
La noticia fue recibida por el gobierno colombiano como un “mensaje esperanzador, teniendo en cuenta que la situación de Colombia es complicada. Al menos 26 millones de colombianos son susceptibles al dengue y este año vamos a registrar más de 80.000 casos que se reflejan en una gran congestión de los servicios de salud. Cuando conozcamos el precio de la vacuna iniciaremos estudios de costo-efectividad y a través de la Organización Panamericana para la Salud evaluaremos, junto con otros países, su introducción”, le dijo el viceministro de Salud, Fernando Ruiz, a El Espectador.
Históricamente, Colombia ha sido uno de los países más afectados por la epidemia y el que registra más muertes por dengue en la región (este año va un promedio de 2.090 casos semanales y 223 muertes). Además, su geografía se ha vuelto la casa de los cuatro serotipos del virus.
Al tiempo, los científicos colombianos Luis Ángel Villar y Gabriel Carrasquilla, quienes dirigieron junto con otro colombiano, Humberto Reynales, estos estudios de fase III en el país, coinciden en que este es un anuncio importante que hay que tomar con cautela.
“Ninguna vacuna va a acabar con el dengue. Esta solución aparece como una estrategia más dentro de las que ya vienen implementando los gobiernos para controlar el virus. Ahora, cuando comiencen los procesos de licenciamiento de la vacuna, los países endémicos como Colombia tendrán que reforzar las campañas para que la gente no deje de utilizar mosquiteros, ni deje de eliminar las fuentes de agua donde se reproducen los vectores”, dice Gabriel Carrasquilla, director del Centro de Estudios en Investigación en Salud (CEIS) de la Fundación Santa Fe de Bogotá.
Luis Villar, director del Centro de Investigaciones Epidemiológicas (CIE) de la Universidad Industrial de Santander, quien dirigió además el estudio de fase II que se adelantó hace cinco años en Bucaramanga, agrega que Colombia tendrá que producir más información para concluir qué tipo de población podría vacunarse.
Esto teniendo en cuenta que la vacuna de Sanofi Pasteur reveló variaciones en su eficacia de acuerdo con la exposición previa que hayan tenido los residentes de un país al dengue. “En Colombia se vio que la vacuna es mucho más eficaz en personas que ya han tenido exposición al virus y en Latinoamérica el estudio concluyó que la eficacia varía de región a región, de acuerdo a la especie de dengue que esté circulando”.
De acuerdo con Villar, aún se requieren estudios de prevalencia y efectividad (que son distintos a los de eficacia), para evaluar cómo funciona la vacuna en condiciones “normales” por fuera del seguimiento clínico de una investigación, es decir, cuando las poblaciones viven en zonas donde se está fumigando porque existen fuentes cercanas de reproducción de vectores, donde se está utilizando repelente y también mosquiteros.
Para científicos como Eva Harris, profesora de enfermedades infecciosas de la Universidad de California en Berkeley (Estados Unidos) y una de las investigadoras internacionales más reconocidas por sus estudios de enfermedades tropicales, los gobiernos que se interesen por implementar esta vacuna tendrán que tener en cuenta que “no es perfecta y no puede venderse como una única solución”.
“La forma en que Sanofi hizo sus ensayos ha sido de una calidad excelente y eso merece un reconocimiento, pero el mundo todavía no tiene una vacuna que se ajuste al alcance de esta enfermedad. Esta vacuna no está garantizando la protección de la gente naif (que nunca ha estado expuesta al dengue); sus estudios demostraron muy poca eficacia en estas personas y aún no entendemos por qué. Además, los informes revelan que la protección de esta vacuna para el dengue tipo 2 (el más grave) es mucho menor que para los otros”, dice la experta.
Según Harris, tampoco se puede tomar a la ligera que los estudios de fase III terminaron hace muy poco (en marzo de 2014). “Por eso recomendamos que las personas que recibieron el tratamiento sean observadas al menos durante dos años más, pues ya hemos visto cómo en países como Nicaragua la primera infección por dengue termina protegiendo al paciente de otros serotipos hasta por dos años, pero luego es posible enfermarse, y hay que comprobar que la vacuna sí funcionó en estos casos”.
Sobre estas dudas, Fernando Ruiz, viceministro de Salud, asegura que los estudios de efectividad que realizará el país y el concepto del Comité Nacional de Prácticas de Inmunización (CNPI), conformado por distintas sociedades científicas, el Instituto Nacional de Salud y el cuerpo colegiado, serán claves para tomar la decisión más acertada para Colombia.
Ante la eventualidad de que en los próximos años lleguen al mercado nuevas vacunas, Ruiz dice que las posibilidades de replantear las estrategias de inmunización están abiertas, así que Colombia comparará la eficacia de cada opción “para elegir la mejor alternativa de protección”.
acuevas@elespectador.com
@angelicamcuevas