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Unas lluvias

Ya las lluvias están dejando su saldo.

17 de marzo de 2014 – 10:39 p. m.

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Mucho antes de lo que se esperaba, por cuenta de un frente frío que entró desde Brasil por el suroccidente del país, el cielo empezó a inundar algunas regiones de Colombia. Esto significa, dicho de forma simple, que la temporada de lluvias que se preveía para finales de abril y mayo se adelantó un mes entero. Diez muertos, cerca de seis heridos y más de 60 viviendas destruidas son los números que al cierre de esta edición teníamos. Ya es bastante.

Por supuesto que las autoridades prendieron las alarmas: el Gobierno Nacional dispuso $50 mil millones y más de 300.000 personas para la atención, aparte de una serie de recomendaciones clásicas como alejarse de las zonas que representan un riesgo de inundación, así como la adecuada disposición de residuos sólidos. Pero esto no suena a suficiente. Se nos antoja poco. Hace unos años, consecutivamente, este espacio ha sido utilizado para pedir que, más allá de las medidas de contingencia, construyamos un país con el suficiente cuidado e infraestructura para que un par de lluvias no hagan venir abajo poblaciones enteras que quedan damnificadas. Que aún hoy, algunas, siguen en programas de reubicación y de ayuda humanitaria.

Pasar la hoja bajo este panorama, entonces, se hace imposible. Y ya que tenemos que entrar a mirar las medidas de urgencia, nos preguntamos, también: ¿cuándo puede darse marcha a planes paralelos que ataquen realidades distintas, de más profundidad? ¿Es posible que, previendo que existirán lluvias todos los años, puedan hacerse verdaderas infraestructuras para no estar todas las veces pidiendo lo mismo?

Ahora, este tema de manejo del clima debe tener criterios más contundentes para poder dar rienda suelta a políticas públicas que perduren. La última noticia que supimos respecto a este tema (más allá de las lluvias) fue la disparidad de opiniones a la hora de evaluar el eventual fenómeno de ‘El Niño’ que podría azotar el clima de Colombia, luego de que la Organización Meteorológica Mundial (OMM) emitiera un comunicado diciendo que las condiciones de ‘El Niño’ eran neutras.

El Ideam dice que hay que ser cautelosos ante probabilidades que parecen como las de tirar una moneda al aire. Siente que es irresponsable dar una declaración más amplia que esa. Canal Clima, una empresa especializada en proveer pronósticos del estado del tiempo en español para Colombia y Latinoamérica, se arriesga más: las probabilidades, dicen, se inclinan más hacia que suceda, por lo menos más allá del 50%. Ser cauteloso a nivel global es fácil, muchas veces incluso conveniente. Pero no hay que dejar de recordar que, más allá de las predicciones posibles, lo que puede acabar finalmente afectado es el individuo: las cosechas de los agricultores, el desempeño del sector energético, un acueducto en buen estado, la salud de los hatos ganaderos, la bonanza de pesca sobre la Costa Pacífica, entre otros factores.

Si no hay criterios claros para evaluar el estado del tiempo, y si no los tenemos tampoco para generar políticas públicas duraderas, estos espacios de noticias se convertirán en el registro de tragedias humanas como todos los años. Algo hay por hacer. Mucho hay por hacer.

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