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Al fin, ¿usted es un diplomático de carrera o un diplomático a la carrera?
Soy un diplomático que ha hecho una carrera.
En los pasillos de la Cancillería lo consideran a usted de la carrera…
Tienen razón. Ya he compartido muchos años con todos ellos.
Muchos se preguntan por qué abandonó la política.
No la he abandonado, lo que pasa es que hay muchas formas de hacerla.
¿Y ahora cómo la hace?
Presentando y defendiendo a Colombia en el mundo.
¿Eso es lo mismo?
No. Es mucho más apasionante y exigente, porque todos los días hay que dar una visión integral del país.
Pero, ¿no siente nostalgia?
¿Nostalgia de qué?
De no estar en las plazas, en medio de la política.
Todos los días estoy en el Parlamento Europeo, que es una de las grandes plazas democráticas del mundo.
A propósito del Parlamento Europeo, en ese lugar usted logró que Juanes cantara por las víctimas de las minas.
Ese es un gran recuerdo, y además ha sido la primera y única vez que han dejado que un cantante se presente en el Hemiciclo.
Después de ser alcalde, constituyente, alto comisionado para la Paz, ministro y embajador, ¿ahora qué?
Como siempre en mi vida, servir. Soy un servidor público.
¿Cuáles son sus satisfacciones en la OEA, por ejemplo?
La estrategia hemisférica de lucha contra las drogas y la convención interamericana contra la corrupción.
Sus logros en Viena.
Haber sido protagonista en la definición del plan contra el problema mundial de la droga y haber logrado la aprobación del sistema de monitoreo satelital de Naciones Unidas.
¿Protagonista por qué?
Porque actué no sólo como embajador de Colombia sino como presidente del Grupo Latinoamericano y del Caribe en ese momento clave.
Bueno, ¿y en la Unión Europea?
El acuerdo comercial con la Unión Europea.
¿Cuál es la importancia de ese acuerdo comercial?
Parte la historia de nuestra relación con la Unión Europea en dos. Una cosa será esa historia antes y otra después del acuerdo.
¿Qué ventajas tiene?
Muchas, tanto desde el punto de vista económico y comercial como desde el político. La Unión Europea es un mercado de 500 millones de consumidores, con un ingreso per cápita de US$33.000, el más alto del mundo.
¿Fue un proceso rápido y sencillo?
Para nada, fueron más de tres años de negociación, y hubo muchos altibajos.
¿Entonces fue muy accidentado?
Fue muy difícil. Hubo momentos en los que parecía hundirse, pero en todas esas coyunturas logramos salvarlo y seguir avanzando.
¿Qué es lo que más subraya de ese proceso?
Primero que todo, la dedicación y la voluntad política del presidente Uribe.
¿Se metió en todos los detalles, como a él le gusta?
En todos. No descuidó un segundo el desarrollo de las negociaciones.
¿Nos puede contar?
Claro. Alvaro Uribe estuvo hasta el último momento pidiéndoles mejores condiciones para Colombia al presidente de la Comisión Europea y al comisario de Comercio.
Hay gente que critica al jefe negociador y al equipo…
Colombia debe sentirse orgullosa por la capacidad y la dedicación de ese equipo de trabajo.